Exposición Individualsept 2007 - nov 2007· Por John Angeline

Tunga

PS1

Los espectadores que no están familiarizados con la obra del artista brasileño Tunga tuvieron la oportunidad de encontrarse con su creatividad el verano pasado en PS1. Dos de las galerías más grandes del museo estaban llenas de instalaciones recientes del artista.

A pesar de que dos obras de arte no pueden ser consideradas como una retrospectiva adecuada, las piezas exhibidas —Laminated Souls y A La Lumière des Deux Mondes— ya habían sido expuestas anteriormente y dieron, en conjunto, una visión de la variedad de la estética y los temas de Tunga. A La Lumière des Deux Mondes, que ocupaba el cavernoso espacio de la galería dúplex, presentaba una enorme armazón de bronce, malla, cuerdas y alambres que parecía ser una construcción ósea que nos recordaba Premonition of the Spanish Civil War, de Dalí, y también una especie de organismo bulboso o que estuviese convirtiéndose en crisálida. Dentro de los oscuros marcos/huesos metálicos oscuros había formas semejantes a vainas que albergaban esqueletos humanos, formas de biomasa orgánica y, a lo largo de la parte baja de la obra, una serie de cabezas clásicas en bronce fundido, cuyos originales procedían del Louvre. Lo industrial y lo orgánico, orígenes y finales, la austeridad y la sensualidad se oponían mutuamente en las fastuosidades barrocas de la pieza, que podía verse desde arriba con sólo dar un paso, o desde abajo y muy de cerca cuando dejaba de ser un objeto, para convertirse en un ambiente que amenazaba con subsumir al espectador. Los dispares elementos fluctuaban en referencia, del memento mori y vanitas de la pintura de los antiguos maestros a piedras de toque más contemporáneas como la película The Matrix. Ese era Tunga en su extremo romántico más espléndido, presentándonos una versión posindustrial de lo sublime para que la experimentemos.

Exposición Individual: Tunga — imagen 1
Tunga. En la luz de ambos mundos, 2005. Técnica mixta. Dimensiones variables.

En contraste, Laminated Souls ofrecía un tipo diferente de experiencia. De inmediato, en una forma más clara y clínica, Laminated Souls fabricaba una situación tipo laboratorio, con enormes portaobjetos y viviarios de malla metálica que contenían moscas vivas. Jugando con las proporciones, la enormidad de estas construcciones situaba al espectador como observador y como material: más grande que las moscas pero más pequeño que los portaobjetos y los alfileres, que sugerían que nosotros también podríamos ser especímenes de estudio. Este viraje experimental es una idea interesante, aunque no se ejecutó por completo ni se logró del todo; el uso de objetos domésticos (tubos de plástico, lámparas de mesa) que se transformaban visiblemente cuando se les observaba dentro del contexto de la obra como un todo también aumentaba la artificialidad de la ilusión.

Sin duda, las dos obras invitaban a meditar sobre el ciclo génesis/desaparición/regeneración. El juego de las proporciones, la implicación del espectador y el sentido de lo teatral también eran evidentes. Tunga todavía exhibe su talento, compartido con su generación de compañeros brasileños, de evocar lo mágico y lo metafísico en lo mundano. Sin embargo, mientras que A La Lumière des Deux Mondes conservaba una sensación de lo intuitivamente inescrutable y sumergía al espectador en la experiencia a la vez que participaba de una sensación de lo profundo, Laminated Souls daba la impresión de ser más un escenario teatral, con todo el sentido de artificio que esto implica.

Hace algunos años, cuando Tunga presentó la que fue su instalación de debut en la galería Chelsea, de Luhring Augustine, se consideró un evento importante. Sin embargo, muchos de sus seguidores salieron de la exposición con la profunda preocupación de que el artista había sacrificado el contenido por la forma, por deslumbrante que ésta fuera. Estas dos obras en PS1 demostraron que, a pesar de que a veces sea un artista en peligro de caer víctima de sus propios excesos, al menos todavía puede dominar a su público en más de un nivel.

JOHN ANGELINE

Tunga, por John Angeline | artnexus