Las subastas de arte latinoamericano realizadas en la primavera de
este año alcanzaron los totales más altos logrados en la historia de este
evento. Christie’s logró un total de US$ 28.909.640, mientras que Sotheby’s la
siguió con US$ 21.392.800, con lo cual superó el estimado alto relativo al total
de la subasta, que se había calculado en US$ 19 millones.
Sotheby’s empezó la temporada el 30 de mayo con un nuevo récord mundial para el artista cubano Mario Carreño. La obra de la portada del catálogo, Danza afro-cubana, de 1943, se consideraba una pintura perdida. Había sido comprada originalmente en la década de 1940 a la famosa galería Perls, de Nueva York, y desde entonces no se había visto en público, pero en esta exposición se le asignó un espacio destacado. Era en verdad un excelente ejemplo de los movimientos vanguardistas latinoamericanos que absorbieron el modernismo europeo y lo adaptaron para sus propios fines. En este caso, un seductor desnudo danza con energía frenética acompañado de una figura enmascarada; la vegetación del fondo incluye caña de azúcar y un exuberante follaje que nos hace pensar en Jungle, de Lam. El disfraz es el tradicional de los Diablitos que desfilaban en las festividades del Día de Reyes en La Habana colonial, la única fecha del año en que se les permitía a los esclavos exhibir en público sus trajes africanos. Era entonces un tema muy tradicional, aunque pintado con la mezcla de cubismo y futurismo que los latinoamericanos vieron cuando viajaron a Europa en los treinta y los cuarenta. La pintura tenía un estimado prudencial de US$ 600.000/800.000 y se vendió por US$ 2.616.000, superando todos los récords anteriores logrados por artistas cubanos, incluido Wifredo Lam. La compró Cernuda Fine Arts, de Miami, pero otros tres postores habían luchado con vehemencia para quedarse con ella.

Poco después se presentó otra gran atracción de la subasta con Desnudo Victoria, de Zúñiga, una escultura en ónix que tenía un precio base de US$ 100.000/150.000 pero logró la increíble cifra de US$ 936.000. El mercado de Zúñiga ha tenido gran auge, debido al interés de los compradores orientales de India y China que alteró significativamente la gama de precios para este artista en las dos últimas temporadas; y en Christie’s su Desnudo de Victoria de pie, un enorme bronce de 1970, también superó en gran medida el precio fijado, US$ 100.000/150.000, al venderse por US$ 300.000.
En Christie’s, la noche siguiente, Alfredo Ramos Martínez fue el artista líder de las ventas cuando su Flowers of Mexico, que había sido avaluado en US$ 600.000/800.000, alcanzó un nuevo récord mundial para el artista, US$ 4.072.000. Cuatro ansiosos compradores llevaron la puja cada vez más alto hasta que, al final, cuando el martillo se tranzó, el público aplaudió emocionado y aliviado. Por supuesto, era una pintura de gran procedencia por cuanto pertenecía a la antigua colección de Mildred Strong De Mott, mecenas del artista, quien lo había conocido desde sus primeros días en Estados Unidos y le había encargado un fresco para una de sus haciendas. El otro Ramos Martínez de la subasta, una pintura de alta calidad de un campesino, titulada The lonesome Indian, de 1933, también se vendió por encima de su estimado de US$ 350.000/450.000 y alcanzó US$ 1.104.000.

En realidad, la subasta de Christie’s había
empezado con el pie derecho, pues el Lote No. 1, un Tomás Sánchez avaluado
entre US$ 40.000/60.000, se vendió en US$ 96.000, muy por encima del estimado
original. Esta casa también presentó una selección de obras de la colección de
Ruth Moskin Fineshriber, que incluía un excelente dibujo de Matta, que fue
vendido por US$ 228.000 (estimado: US$ 80.000/120.000), y otras dos obras del
artista, que también se vendieron muy bien. Esto puede haber entusiasmado a los
compradores, puesto que el lote de la portada del catálogo, Tige verte (Les possessions), de 1943,
una pintura de Matta que tiene todos los elementos de su alta calidad, no
sorprendió cuando se vendió por US$ 2.168.000 (el estimado era de US$
1.500.000/2.000.000), después de haber sido perseguido por varios
coleccionistas ansiosos tanto en la sala como por vía telefónica. El ambiente
positivo perduró, y puede decirse que fue una noche de conquistas para el arte
latinoamericano. Botero mantuvo un éxito consistente con la venta de sus
esculturas. Man on a horse se vendió
en US$ 504.000 (estimado: US$ 280.000/320.000) y Reclining woman también se vendió bien, en US$ 480.000 (el estimado
era US$ 450.000/650.000), y como prueba de que en este mercado las amazonas son
tan codiciadas como los caballeros, Woman
on a horse alcanzó un precio mayor que su contraparte masculino, pues logró
venderse por US$ 1.025.600 (la base era US$ 600.000/800.000).

En realidad, fue una temporada de mucho éxito para la escultura latinoamericana. A las esculturas de Botero les fue muy bien, en virtud de que los compradores asiáticos demostraron gran interés en ellas. Woman with mirror, un pequeño bronce, tenía un avalúo de US$ 150.000/200.000 y llegó a US$ 240.000. Más tarde, uno más grande, Poupée (La muñeca) también se vendió por encima de su estimado de US$ 350.000/450.000, en US$ 552.000. Mathias Goeritz tenía una hermosa abstracción en dorado, Cubos incrustados, que también sobrepasó el estimado (US$ 45.000/65.000) y se vendió en US$108.000. A Homage to Brancusi, de Sergio Camargo, se le habían calculado US$ 80.000/US$ 100.000 y también superó el precio más alto al venderse en US$ 78.000; poco después, otro Camargo también sobrepasó el tope fijado y se vendió por US$ 288.000 (estimado: US$150.000/200.000). De la misma estética minimalista, Líneas separadas, de Gego, alcanzó US$ 384.000 (el cálculo era de 200.000/300.000). Una obra de Rogelio Polesello, Untitled, fue vendida por US$ 42.000, superando el estimado de US$ 20.000/30.000. La artista brasileña contemporánea Adriana Varejao tenía una pieza de instalación que podría considerarse una mezcla de escultura y pintura, Meat á la Taunay, un comentario muy irónico y sofisticado sobre la culturización colonialista, por la que varios coleccionistas no tuvieron objeción en ir más allá del estimado, US$ 70.000/80.000, hasta llegar a US$ 108.000.
En Sotheby’s, Las tres modelos, de Armando Reverón, superó de lejos los cálculos
de US$ 150.000/200.000 al venderse en US$ 312.000. La pintura había sido exhibida
hacía poco en la retrospectiva del artista en el MoMa, lo que fue un factor
clave para hacerla tan deseable. Más tarde, Paisaje,
del mismo artista, también se elevó por encima del precio fijado,
US$ 300.000/400.000, y se vendió en US$ 456.000. Sin embargo, fue claro que la
venta de estas dos interesantes obras no significó un gran interés en el
artista, puesto que, en Christie’s, una hermosa obra suya, Tres figuras, no encontró comprador, a pesar de que tenía un
estimado dentro del mismo rango de las otras dos obras mencionadas. También fue
sorprendente la falta de interés en Lingam,
de Claudio Bravo, una obra de 1974, con exquisitos detalles, que no se vendió
en Sotheby’s, donde una pintura suya mucho más reciente, Ave verum, parte de una reciente exploración con textiles y
colgaduras, se vendió en US$ 456.000 (estimado: US$ 400.000/600.000).

Otro gran momento de la temporada para la
pintura mexicana fue la venta en Christie’s de Paricutín, de Gerzso, avaluado
en US$ 120.000/180.000, precio que tres persistentes coleccionistas hicieron
subir a US$ 288.000. Por otra parte, poco después, durante la misma venta, un
Toledo, Cangrejo, también registró un
triunfo cuando su estimado de US$ 300.000/400.000 se elevó a un precio final de
US$ 622.400. La humorística representación de Tamayo titulada The frog también superó su estimado de
US$ 350.000/450.000, hasta llegar a US$ 611.200, e incluso a la enrarecida franja
de paisajes del siglo XIX de pintores europeos viajeros le fue bien, como lo
ejemplifica el precioso Acueducto de
Chapultepec, de Eduardo Pingret, que sobrepasó el precio base de
US$ 150.000/200.000, al venderse por US$ 240.000.
La pintura cubana también logró una serie de
ventas exitosas en las dos casas. En Christie’s, Mujer con jarra, de Mariano, se vendió en US$ 264.000 (estimado:
US$ 200.000/300.000), y Waiting for the
coffee, de Antonio Gattorno, una colorida representación de vida campestre
idealizada, llegó a un precio final de US$ 120.000 (el estimado era
US$ 100.000/150.000). El rapto, de
Carlos Enríquez, se unió al club de pinturas vendidas por encima de sus
estimados, en este caso, US$70.000/90.000, puesto que logró US$ 114.000,
mientras que Femme-Cheval, 1948, de
Wifredo Lam, también registró un éxito al venderse en US$ 992.000 (estimado:
US$ 600.000/800.000)
Estas ventas demostraron que la participación de nuevos coleccionistas, en este caso en particular, del Oriente puede tener un efecto muy positivo en los resultados finales, una tendencia que todos esperamos que se extienda a la próxima temporada, en el otoño.
Total en la subasta de Christie’s: US$ 28.909.640 Promedio de ventas por lote: 78%. Por dentro del estimado: 91%, Lotes ofrecidos: 314.
Total en la subasta de Sotheby’s: US$ 21.392.800 Promedio de ventas por lote: 74,8% Por dentro del estimado: 89,4% Lotes ofrecidos: 234.

María Felix
A finales del verano, Christie's realizó una subasta del legado de María Félix, que incluyó objetos que tenía en sus casas de Ciudad de México y Cuernavaca. María Félix, la gran diva de la época dorada del cine mexicano, era una leyenda viviente en su patria, donde su amantísimo público siempre la trató con el respeto que generalmente se les depara a jefes de Estado o miembros de la realeza que visitan el país.
Pocas veces se tiene una oportunidad como ésta de ver una colección latinoamericana en subasta en pleno, reflejando el gusto de una época de antaño. Christie's hizo un esfuerzo muy especial por recrear en sus salones de Nueva York el ambiente de las habitaciones de la diva, hasta lograr incluso la tonalidad de los colores que empleaba en cada espacio, y ofreció para la ocasión una de las más minuciosas y fastuosas recepciones inaugurales de que se tenga memoria en la ciudad: un cortejo de enjoyados encargados del servicio al cliente de Christie’s, encabezados por su glamurosa representante en Ciudad de México, Gabriela Lobo, saludaba y daba la bienvenida a los invitados VIP que descendían de lo que parecía ser una interminable fila de limusinas.

Adentro se podían saborear deliciosas bebidas, algunas de las cuales habían sido creadas para la estrella mexicana, ofrecidas por un equipo de esculturales meseros semidesnudos, con pantalones orientales adornados con diminutos cascabeles dorados, y exóticos turbantes del mismo color. A María le habría encantado ver cómo hacían juego con su colección de negros y exóticas figuras de porcelana hechas por Jacob Petit que estaban diseminadas sobre clásicas piezas francesas firmadas que databan del siglo XVIII.
María Félix admiraba la obra de Diego Rivera;
hay historias que hablan de su supuesto romance. Cuando todavía estaba casado
con Frida Kahlo pintó a la actriz varias veces; quizás el retrato que más
llamaba la atención era uno que ella conservó hasta el final, en el que aparece
como una representación de la Madonna mexicana, llevando un niño en brazos y
envuelta en el tradicional rebozo, un atributo de la imagen materna en la
pintura mexicana. El hermoso dibujo al carboncillo sobre lienzo tenía un
estimado de US$ 150.000/200.000 pero se vendió en US$ 352.000, una suma muy alta
si se tiene en cuenta que la pintura no puede ser sacada del país, debido a
leyes patrimoniales. María también había sido amiga de la excéntrica artista
surrealista Leonora Carrington, quien pasó gran parte de su vida en México,
después de la Segunda Guerra Mundial. En la colección había varias obras de la
artista: un mágico tríptico de María en forma de sirena, Sueño de sirenas, acompañado también del marco original diseñado
por Carrington (y que María Félix mandó a hojillar en oro), cuyo precio se
disparó de US$ 350.000/450.000 a US$ 609.600 y constituye ahora un nuevo récord
mundial para la artista. Otro retrato hecho por Carrington para María Félix
como reina del tarot y de la noche, La
maja del tarot, la mostraba en un doble retrato que nos recordaba las
cartas de la baraja, puesto que la parte superior era un retrato de pie y
debajo de éste había otro cabeza abajo, unidos los dos por un espléndido
vestido lleno de símbolos mágicos. Se vendió en US$ 430.400.

Carrington también pintó al hijo de María, quien, al igual que su madre, tuvo una notable carrera como actor en México. Este retrato, Quería ser pájaro, que tenía un precio base de US$200. 000/250.000, subió a US$ 284.800. Dos excelentes dibujos también se vendieron muy bien; uno, de la diva de pie, tenía un estimado de US$ 10.000/15.000 y se vendió en US$ 21.600; el otro, una malévola araña, elevó su precio base de US$ 30.000/40.000 a US$ 96.000.
La subasta también ofreció una gran selección del guardarropa de la actriz, sus guiones y numerosos galardones, todos los cuales elevaron varias veces sus estimados, debido al interés de los ávidos compradores.
Total de la subasta: US$ 7.300.000.
Lotes ofrecidos: 606. Por dentro del estimado: 100%.
ALBERTO BARRAL
Dealer de arte, Nueva York.

