Exposición Individualsept 2007 - nov 2007· Por Raúl Zamudio

Pedro Reyes

Americas Society Art Gallery

La reciente exposición de Pedro Reyes titulada ad usum: To Be Used, fue una hábil convergencia de diseño, arquitectura y arte. La combinación de estas disciplinas es rara, aunque ha habido algunos artistas que han trabajado en estos registros con refinamiento y aplomo. Entre éstos están Liubov Popova y El Lissitzky, y otros más recientes como Hélio Oiticica, Vito Acconci, Dan Graham y Jorge Pardo. Aunque estos artistas, incluido Reyes, sacaron de la forma la dimensión social donde ética y estética no se diferencian, su exposición individual amplía esto dentro de lo que puede categorizarse como un experimento social al vivir de manera similar a la obra de Buckminster Fuller. Reyes se asemeja a la aproximación particular de éste al ambiente construido en el que arquitectura y diseño deberían, de manera ideal, engendrar una sensación de bienestar; los dos comparten lo que podría percibirse como una estética terapéutica que promueve el equilibrio emocional y mental del individuo, quien, a su vez, contribuiría al bien general del cuerpo social y el cuerpo político.

Exposición Individual: Pedro Reyes — imagen 1
Pedro Reyes. Balanceo, 2007. Instalación. Foto: Arturo Sanchez.

Las obras, que consistían en una amplia gama de medios, incluidos dibujos, escultura, y lo que parecían ser modelos de estudios tridimensionales, estaban, paradójicamente, llenas de un espíritu en apariencia utópico, una sublime criticidad, un juego de forma que era visualmente poético, y, una que otra vez, una ironía que hizo que la exposición fuera seria y alegre a la vez. En Image Advice for Revolutionaries (2005), por ejemplo, Reyes asumió en su propuesta tripartita el papel de publicista y fashionista, así como diseñador, arquitecto y escultor. Dirigido hacia los mundialmente famosos revolucionarios mexicanos, estilo celebridades, su consejo era directo y simple: para distinguirse de otros grupos revolucionarios deben alterar la monotonía de sus pasamontañas negros infundiéndoles una paleta más amplia. Aunque uno podría fácilmente desechar esto como un gesto iconoclasta o una parodia del buen gusto de la Revolución, así como el mundo del jet-set patrocinado por los consorcios, políticamente correcto, también satirizaba la adulación, al parecer ciega, de los íconos izquierdistas. Sin embargo, al mismo tiempo, era evidente que una propuesta como ésta debía tomarse con la mayor seriedad. Otras propuestas forzaban los límites de esta estrategia irónica en formas igualmente esclarecedoras, como fue el caso de Liability Fungus (2005). En ella, Reyes propuso una serie de sillas, mesas y sombrillas, cuyo título colectivo se seleccionó a partir de ordenanzas que regulan la altura mínima y máxima de las estructuras arquitectónicas, pero sus hipotéticas construcciones estaban configuradas en forma de hongos. En sentido estricto, el artista intentó desintegrar lo orgánico en lo sintético, la funcionalidad en ornamentación y la naturaleza en cultura.

Los apuntalamientos teóricos de este proyecto tienen un interesante e idiosincrásico historial a la manera de Frank Lloyd Wright y Gilles Deleuze, porque Wright hizo énfasis en la fusión del ambiente construido con el paisaje natural, hasta el punto que no sólo interactuaba con éste sino que en ocasiones estaba físicamente integrado a él. En Robie House (1910), por ejemplo, su extrema horizontalidad estaba estructurada de tal forma que el edificio no sólo interactuaba con su paisaje (sub)urbano sino que era una concretización de la teoría de Wright de la planicie radical que pone de presente lo que él denominó forma abierta. O pensemos en Fallingwater (1935), donde Wright engranó de manera dialéctica la geografía de grandes rocas, árboles y una corriente de agua con el sintético edificio doméstico. La cualidad camaleónica de Liability Fungus, que vacilaba entre arquitectura y diseño y decoración y pragmatismo era un hilo que se tejía a lo largo de la exposición, pero todavía más maleable era su Studies for Vertebrae (2001), en la que una silla estaba diseñada en diversas formas que permitían que uno se sentara en siete posiciones diferentes. Inspirada en las vértebras, la silla tenía también otras vidas funcionales: podía ser una mesa, un estante y una fuente. La flexibilidad, la capacidad de ceder y la adaptación son cualidades innatas de esta obra que uno podría interpretar como el diseño equivalente al rizoma deleuziano. La obra de Reyes, como lo dejó en claro esta exposición, está abriéndose paso como una ameba, en direcciones concomitantes hacia el frente donde confluyen arquitectura, diseño y arte. En el proceso, el artista socava la retórica modernista de la especificidad del medio por la vía de un divertido proceso posmodernista mediante el cual la forma, el contenido y el contexto se desdibujan; e intenta hacer palpables las magistrales narrativas de progreso social de la Ilustración por la vía de la micropolítica estilo Foucault, en la que lo cotidiano encarnado en una estructura, una silla, una mesa y una taza puede ser funcional, económico y hermoso, aunque emancipador y crítico al mismo tiempo.

RAÚL ZAMUDIO

Pedro Reyes, por Raúl Zamudio | artnexus