Al entrar primero a la Galería Bernice Steinbaum, la fila de retratos atrae por su familiaridad. Un examen detallado revela que las imágenes son fascinantes, especialmente en su técnica, y que de repente el sujeto se vuelve menos importante que la forma como sus rostros son reproducidos, y a lo que pasa con ellos desde cerca y desde lejos. Fascinantes por su complejidad, los retratos de Tamayo son producidos a través de una combinación de computadores, routers, cortadores láser, impresión de vinilo, pintura, collage y dibujo, que son controlados numéricamente en computador. El proceso es muy complejo; a él le gusta documentarlos usando video, que edita en versiones cortas que da al espectador o comprador, de tal forma que pueden tener una estrecha conexión con (y comenzar a entender) la obra. La tecnología se convierte en un pincel, el instrumento con el cual crea. El video en la galería añade otra dimensión al éxito de la obra y lo ubica en un contexto como parte de un proceso que es tan importante como el producto terminado. El video no sólo esclarece el proceso sino que también funde las imágenes juntas para combinar las facciones y convertirlas en personalidades casi irreconocibles, que luego surgen como un sujeto real, únicamente para ser fusionado de nuevo. La imagen final es de alguien que no existe.

En esta exposición, que él describe como “retratos colectivos”, los diez sujetos son miembros reconocidos del arte escénico de Miami: el dueño de la galería Steinbaum, filántropos importantes, coleccionistas, curadores y el director del MAM, Terence Riley. Él selecciona cuidadosamente el grupo “the collective” (“el colectivo”), ya que ellos tienen una misma meta o interés común. Cada rostro mira fija e individualmente al espectador, como ellos lo hicieron para el artista; son una hilera de personalidades, en gran medida parte del arte contemporáneo mundial. Para Tamayo, quien quiere que su trabajo refleje el tiempo presente y los eventos actuales conceptual y técnicamente, su proceso, es de hecho, una continuación de la larga historia del retrato y la fotografía, y su intersección en el mundo actual de la tecnología. Él dice estar obsesionado con la idea de apropiarse de los valores del arte tradicional y presentarlos con un lenguaje contemporáneo nuevo y válido, y ha concebido un único proceso para hacerlo.
Tamayo comienza con una foto-retrato individual de pequeño formato, que luego recrea perforando un lienzo largo y blanco, usando una máquina cortadora láser y montando una especie de caja de sombras en una tabla blanca. La persona es revelada en un mosaico difuso, como una imagen que surge desde diferentes ángulos de vista, para impartir una variedad de perspectivas a su sentido visual. Parándose cerca del lienzo largo, con un rostro de mayor tamaño natural y dando una mirada a través de los huecos, es difícil entender dónde en realidad reside la imagen: en la superficie perforada, en la capa debajo de las perforaciones o en la combinación de ambas. Uno encuentra a los visitantes de la galería parados a diferentes distancias, examinando el trabajo minuciosamente, alejándose, moviéndose hacia los lados, etc. etc. tratando de entenderlo, y comentando con asombro la obsesión que el artista debe tener por completar el proceso para que el retrato se vuelva reconocible. Con el reconocimiento de los retratos viene el sentido del humor, producido por la realización de tal descubrimiento. Volviendo al video, el humor continúa a medida que las imágenes se fusionan en su ser colectivo, un comienzo y un final adecuados para la experiencia en la galería.
CAROL DAMIAN
