Pese a problemas derivados de su relocación, la Feria México Arte Contemporáneo (MACO), demostró que el mercado local sigue un pujante ascenso y que más temprano que tarde el arte mexicano se asimila a la tendencia global de un arte de vanguardia instituido y legitimado desde el mercado.
MACO se presentó este año en una locación lamentable. Un edificio en construcción en la zona residencial poniente de la ciudad de México, una de las zonas más ostentosas. Pese a la falta de ventilación, el calor sofocante, el polvo y la ausencia de parqueo para los automóviles, la noche de la inauguración más de cinco mil personas abarrotaron los dos pisos subterráneos para enterarse de lo que pasa en México y, en menor grado, en el mundo internacional del arte.

La feria se dividió en dos secciones; la
primera estaba dirigida a las galerías emergentes en la planta alta. Ahí
participaron por vez primera galerías mexicanas como Charro Negro y La
Refaccionaria. La Galería de la Estación, del norteño estado de Chihuahua, vio
consolidar su propuesta en esta su tercera participación en la feria. Rocío
Infestas, artista y codirectora de la galería ha hecho una gran labor
seleccionando artistas recién egresados de la escuela de arte La Esmeralda.
Pinturas de Aníbal Catalán que recuerdan perspectivas arquitectónicas llamaron
la atención por la conjunción de estilos y el uso de la pintura en combinación
con programas digitales de dibujo.

Proyectos Monclova, una galería nueva de la
ciudad de México, presentó dibujos del Grupo Fierro, un colectivo de artistas
jóvenes que resume la estética de lo que se produce actualmente. Alejandro
García presentó esculturas en cerámica y dibujos inspirados en la saga de la
serie de películas La guerra de las
galaxias, que reflejan ese interés por incorporar la iconografía
cinematográfica al arte.
Otra galería nueva que comienza a destacar es
la de Elizabeth Díaz, que en esta ocasión presentó obras de dos jóvenes
artistas: Renato Garza y Joaquín Segura. Ambos han saltado al ámbito
profesional con propuestas muy eclécticas e irónicas, como la efigie del
crítico Cuauhtémoc Medina, transformado en un Buda de escayola, de la cual se
vendían múltiples y llaveros. Garza también presentó un conjunto de fotografías
que representan a los habitantes sin casa de las calles, con los cuales el
público podía interactuar colocando su rostro en los huecos de las figuras.

Dos sorpresas: Gerardo Contreras, uno de los
promotores más versátiles del arte mexicano de los 90, vuelve a la carga con
una galería móvil instalada en Londres, Pyner-Contreras, que de manera nómada,
sin casarse con la idea de un espacio fijo, realiza propuestas de artistas
reconocidos, como las simulaciones fotográficas de la británica Sarah Pickering
y los objetos e imágenes reciclados del argentino Máximo González, residente en
México. Y Benjamín Díaz, conocido en los años 80 por presentar a la vanguardia
del arte mexicano en su galería, reaparece hoy en Toronto como Díaz
Contemporary, con propuestas igualmente arriesgadas, como los objetos
procesales de Ricardo Rendón y las instalaciones de video de Georgina Bringas,
que acusan una línea de trabajo muy diferente de la de las generaciones
recientes de artistas mexicanos, más posconceptual y menos iconográfica.

En el segundo piso, donde los espacios de
exposición eran mayores, destacó la Galería Myto, y específicamente, la
propuesta de Ariel Orozco, que ofreció una selección de obras recientes, que
documentan fotográficamente sus performances llevados a cabo en Cuba y en
Francia. Ariel Orozco es un artista que en poco tiempo se ha ganado un lugar
respetable en el ambiente artístico latinoamericano, pues su obra muestra una
gran maduración de su propuesta de carácter provocativo y biográfico. La
documentación de sus piezas muestra acciones llevadas a cabo en las calles de
México y La Habana en las que intercambia su ropa con los transeúntes, para
convertirse en un hombre sin atributos, característico de nuestra era.

Erik Beltrán estuvo presente en el stand de la Galería OMR, en el que
presentó una enorme instalación de carácter constructivista en su forma, en la
que combinó fotografías y textos aparecidos en la prensa, para revelar la
construcción de interpretaciones de la realidad. Los textos aparecen montados sobre
una estructura de paneles pequeños armados siguiendo la lógica de un juego de Lego o Scrabble, en el que se contraponen el mundo de la imagen y
mecanismos de semántica.

Una de las propuestas más eclécticas fue la de la Galería Luis Adelantado, de Valencia y Miami, que presentó la obra de Marcos Castro, uno de los nuevos valores del arte mexicano que en poco tiempo ha cobrado notoriedad por su habilidad para el dibujo, implicando temas de la naturaleza, los desastres y la vida animal. El otro artista destacable de esta galería es Emilio Valdés, quien también recurre al dibujo de carácter expresionista para revelar aspectos de la pornografía y el deseo con un toque de humor.

Los números de asistencia, presencia de galerías y ventas de MACO reflejaron un sorprendente crecimiento en la oferta y demanda, a pesar de que la economía local vive un período de receso. A pesar de los problemas logísticos y del nomadismo de su sede, la feria demostró que México sigue siendo uno de los polos de atracción del arte contemporáneo de la región y que las propuestas de las galerías locales y regionales encuentran un eco entre una nueva generación de coleccionistas guiados por las modas y aquellos que buscan nuevos talentos para invertir capitales.
JOSÉ MANUEL SPRINGER
Artista y escritor, residente en México.

