Exposición Individualsept 2007 - nov 2007· Por Rodrigo Moura

Jac Leirner

Galería Baró Cruz

Siempre que alguien se refiere al trabajo de Jac Leirner calificándolo de “escultura” o de object making, recuerdo cómo la artista se regodea en la estrategia conceptual de asociar sus trabajos a una idea, obviamente expandida, de pintura: sea por la cantidad de objetos de pared que produce, sea por la intensa relación cromática que rige gran parte de las componentes de sus obras. En su última exposición individual en São Paulo, la asociación era más difícil de ser olvidada o diluida dentro la propia praxis estética. Por ejemplo, cifrándonos en el caso de la obra A pièce-de-résistance, se trataba de una extensa superficie dispuesta sobre la pared, adoptando la forma de un cuadro-objeto in expanded field, al formar un enorme rectángulo monocromático, mucho más largo que alto, el cual, por otra parte, deja bien claro el vivo interés de la artista en la manipulación de ciertas formas heredadas de la abstracción geométrica, más específicamente, del minimalismo y del neominimalismo. Sin embargo, sus obras actuales se caracterizan por estar realizadas con materiales encontrados y “apropiados”, provenientes de los universos típicos de los excesos del consumo y del merchandising. Así pues, “firmar el mundo”, apropiándose de lo cotidiano y transformándolo en “obra de arte”, es uno de los dispositivos arquetípicos de los que se vale Jac Leirner, por otra parte, uno de las principales referentes internacionales del arte latinoamericano desde la década de los 80. La poética de Leirner es bien conocida por la seguidilla de trabajos basados en la creación de obsesivas y, aparentemente, infinitas colecciones de objetos banales y triviales.

Exposición Individual: Jac Leirner — imagen 1
Jac Leirner. Lucecitas, 2005. Dimensiones variables.

Para esta exposición en la Galería Baró-Cruz, su primera individual en São Paulo, después de un lustro, la artista expuso, como piezas inéditas en Brasil, dos obras correspondientes a la serie Little Lights —iniciada en 2005—, exhibidas con anterioridad en el Centre d’Art Contemporain de Saint Nazaire, en Francia. Un trabajo nuevo que, para la gran trayectoria de Jac Leirner, no es un dato menor.

Como registro de su riguroso y complejo metodología artística, vale la pena subrayar que la propia Leirner considera a Little Lights, en tanto, su segunda obra. Y a todas sus producciones relacionadas con el coleccionismo, desde aquellas series iniciales hechas con restos de embalajes de cigarrillos y billetes retirados de la circulación hasta las más recientes, confeccionadas con tarjetas personales de visita y adhesivos en vinilo, si se quiere, les concede el valor de apenas un corpus de estudio y experimentación, clasificado en diferentes sub-grupos de estudio o de trabajo, a lo largo de más de veinte años.

En Little Lights, Leirner retoma muchas de las “marcas” más singulares de su vocabulario artístico: la línea, la repetición, el acúmulo, las relaciones entre cualidades materiales y metafóricas, la tendencia a las formas geométricas.

Centrándonos en el análisis de la pieza objetual central de la exposición, vamos a describirla: la misma está construida con cuatro kilómetros de hilo de cobre, otorgando “cuerpo visible” y, más que nada, “sensorial” a la energía utilizada para encender una lámpara de 60 vatios, atada a la extremidad del hilo de cobre.

La estructura desproporcionada adrede, de hilos que conectan la fuente de energía a la lámpara, estaba constituida por un zigzag estacado por clavos en la pared, los cuales, a su vez, componían una inmensa superficie monocromática.

Aquí, lo que le interesa al artista es el encuentro o “desencuentro” conceptual entre la creación efectiva de energía, típica de las poéticas englobadas en el process art, y el material despedido en este “gesto”, un interjuego descompasado entre materia y efecto. Como de costumbre, la obra de Leirner está abierta a sutiles implicaciones metafóricas y subjetivas, que encuentran su valor agregado de énfasis por medio del título Little Lights. ¿Cuál es el tamaño del gesto necesario para encender las pequeñas luces? Exhibidas, simultáneamente, con una vasta muestra retrospectiva de Mira Schendel en otra galería de la ciudad de São Paulo, las nuevas obras de Leirner poseen una gran filiación de linaje con la brecha estética iniciada por Schendel. Al mismo tiempo, que Little Lights era expuesta, la antológica de Mira Schendel incluía la instalación Ondas paradas de probabilidade (1969), un environment penetrable, compuesto de millares de hilos de nylon, que pendían del techo.

En ambas muestras, las obras, a la manera de grandes gestos plásticos, basados en la idea de repetición, dieron forma a grandes cuestionamientos e interrogantes metafóricos y de corte espiritual.

En la individual de Leirner, otra obra, menos espectacular, también era la resultante del empleo de los hilos de cobre, en grandes extensiones, dispuestos como rollos interminables, envolviendo bobinas de madera, colocados sobre un pallet industrial, que confería un carácter, al mismo tiempo, más artificial y más “bruto” a las propiedades físicas del nuevo material, presente en esta flamante serie de trabajos.

Al incluir el hilo de cobre usado como conductor de energía eléctrica a su selecto y más fiel grupo de materiales “asistidos”, Leirner aproxima esta obra al ciclo de piezas que integran Os Cem (1986-1998). Así, como el largo conjunto compacto de hilos de cobre da materia a la energía eléctrica de la pequeña lámpara, con un gesto similar millares de viejos billetes de cruzeiros proporcionaban “espesor” a la idea de desvalorización de la moneda, en el momento de la hiperinflación brasileña de los ochenta. Ambas obras se utilizan como material de circulación: de valores y de energía. Aun todavía menos pop y más próximo a una estética minimalista o de los materiales industriales, en Little Lights el potencial plástico y espacial continúa siendo una aventura para descubrir mensajes, códigos y cruces de sentidos ocultos, encarnados en cosas aparentemente triviales. En este sentido, y a todas luces, una vez más, el “mundo” gana estatus de “obra de arte”.

RODRIGO MOURA

Jac Leirner, por Rodrigo Moura | artnexus