Exposición Individualsept 2007 - nov 2007· Por Ruth Estévez

Iñaki Bonillas

OMR

En 1967, el escritor francés Michel Tournier dio la vuelta al clásico de D. Defoe, Robinson Crusoe, convirtiendo al inocente salvaje adoctrinado por el náufrago, en el héroe que abandona su isla natal para adentrarse en el espacio incógnito. En Viernes o los limbos del Pacífico, es Robinson quien decide voluntariamente quedarse en la isla de su desdicha anterior, como si ésta fuera la única oportunidad de reinsertarse a un estilo de vida purificado y en contacto directo con la naturaleza; mientras tanto, el joven Viernes se ajusta el uniforme de hombre moderno para vivir la experiencia del progreso y la civilización. Como nuevo ser ilustrado, el exsalvaje se confrontará, a través de la deriva de los acontecimientos, con todo aquello que Crusoe quiere dejar atrás en los márgenes de su isla, ahora convertida en la “tierra firme” de sus deseos y aspiraciones.

Naufragio con espectador, es el título de la última exposición del artista Iñaki Bonillas en la Galería OMR de la ciudad de México. Inspirado en el libro del mismo nombre de Hans Blumenberg, este metafórico título no puede menos que remitirnos al naufragio como experiencia emocional y paradigma de la existencia humana. La exposición consiste en una instalación para sitio específico, una serie fotográfica y varios dibujos que giran en torno a la idea de equilibrio y nivelación. Tras la erosión del tiempo y los movimientos tectónicos constantes, la OMR, como otras antiguas casas que se encuentran en la colonia Roma de la ciudad de México, ha ido perdiendo la solidez de sus cimientos, dibujando una peligrosa diagonal con su contorno. La pendiente que se genera alcanza los 53 centímetros, suscitando en todos aquellos que la visitan, no sólo la evidente pérdida de equilibrio, sino una inquietante sensación de desasosiego. Para paliar/acentuar esta singularidad del edificio, Iñaki Bonillas decidió construir cuatro plataformas niveladas en cada una de las salas principales de la galería. Las cuatro estructuras pasan de ser pequeños escalones, hasta definirse como verdaderos pedestales vacíos. En la oscuridad absoluta, la luz que desprenden desde abajo dibuja en las paredes de la galería la línea diagonal que recorre todo el espacio y que evidencia la inclinación del edificio.

Exposición Individual: Iñaki Bonillas — imagen 1
Iñaki Bonillas. Espectador del naufragio, s/s. Caja de luz con dos placas, una en positivo y otra en negativo. 41,5 x 23 x 10,5 cm. cada una. (16 1/4 X 9 X 4 pulgadas).

Es casi inmediato imaginar las plataformas creadas por Bonillas en un archipiélago de islas, donde el espectador parece alcanzar por fin el equilibrio en tierra firme; una metáfora directa entre la inclinación real de la casa, y la necesidad de volver al estado inicial de las cosas, antes que los inconvenientes del tiempo y las acciones de la naturaleza produjeran el desastre. Las islas/plataformas que construye el artista van progresivamente perdiendo la previa connotación negativa de aislamiento y separación del suelo, para convertirse en dominio personal del náufrago, receptáculos coronados por el ingenio de la supervivencia. Sin embargo, otra de las posibilidades del naufragio es alejarse de la tierra y navegar a la deriva. En general, ésta resulta especialmente apta para ser leída como viaje a través de lo irracional o del instinto, la “navegación arriesgada” de la que hace uso Blumenberg, como base primordial de la existencia. El espectador que navega en la plataforma ahora convertida en barco, se emancipa de la tierra firme dominado por la indeterminación, metáfora de perdición de la razón o del orden.

La serie de fotografías, Espectador del naufragio, muestra 36 edificios de la colonia Roma que han sufrido en sus cimientos la misma suerte que la OMR. Con este archivo de fotografías y sus negativos, el artista persiste en su obsesión por rescatar el medio, los aspectos más efímeros que lo caracterizan como técnica. Sin embargo, y a diferencia de trabajos pasados, las imágenes captadas para este archivo no son sólo posibilidades fotográficas, sino que se convierten en la historia de la Colonia, contada a través de una unidad que el artista hace perceptible.

Naufragio en silencio es el título que llevan los 80 dibujos que el artista realizó con un tiralíneas. Nuevamente aparece la necesidad de definir un horizonte manual, la intención de crear equilibrio ante la incertidumbre establecida por el espacio en blanco. A pesar de utilizar el instrumento adecuado, la deriva del pulso consigue que las líneas oscilen levemente sin encontrar una posición precisa. Como en muchos de los trabajos de Bonillas, la repetición y el inevitable margen de error que ésta conlleva hacen que la bitácora planeada se quede sin rumbo y dé lugar al objeto artístico.

Bajo estas tres formas de representación, Naufragio con espectador coloca al sujeto como observador de la debacle y también como propio náufrago, dándole la posibilidad, como el Crusoe de Defoe o el Viernes de Tournier, de establecer su punto de vista ante estructuras cotidianas, arquitecturas, imágenes compartidas o de la memoria; objetos y situaciones que, a pesar de su familiaridad, tienen el potencial de acercarnos lo desconocido.

RUTH ESTÉVEZ

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