En su segunda exposición individual en la galería I-20 en Nueva York, Gonzalo Lebrija logra que el hecho poco frecuente de hacer política se vea asombrosamente estupendo. El placer estético que experimentamos al mirar su obra distrae y domina, lo que hace que dejemos de preocuparnos por su significado literal. La pieza de la exposición que ejemplifica esto mejor es el video de Lebrija de cuatro minutos, con un hombre de negocios montado en un toro corcoveando. Sus colores ricos y formas suntuosas ponen a Lebrija confabulado con una generación de artistas un poco más vieja que ha usado la filmación y el video para seducirnos con bellas imágenes que abordan temas de desplazamiento y globalización: Doug Aitken, Pierre Huyghe y Gabriel Orozco, son algunos ejemplos.
Hombres en uniforme llenan la exposición. Además del video, la exhibición presenta un video y cuatro fotografías. Una serie de tres fotografías de tamaño modesto bajo el título de Playing High (Jugando a lo Alto) muestra a un grupo de hombres con vestidos de negocios. Estos caballeros obviamente ponen atención a su apariencia y nosotros somos informados en las notas de prensa que ellos son abogados en Guadalajara. Sus poses de acción suspendida y la paleta marrón salpicada de mancornas de blanco puro y los cuellos que imitan las convenciones del retratismo holandés del siglo diecisiete. El rango y la estatura importan. Dos abogados grisáceos son rodeados por sus jóvenes colegas. Toda esta formalidad es graciosamente reducida por dos hombres que contemplan la aerodinámica de la parte trasera de un avión de papel, y por un hombre sentado mostrando su deseo de un cigarrillo. En la primera fotografía él aparece tocándolo, en la segundo oliéndolo y finalmente, en la última foto, se lo fuma con la cabeza inclinada hacia atrás y los ojos cerrados. Lebrija tiene ojo para lo absurdo.

Pompa y fanfarronería también aparecen expuestas en Chivastar, una fotografía grande de un equipo de fútbol rodeado de la armada mexicana. Todo el equipo de más de 100 personas está parado en una formación de estrella en una pista. Esta forma de fotografiar a un equipo evoca nostalgia, pero también nos recuerda cómo nuestros cuerpos son controlados por instituciones.
En el video, Lebrija aumenta los intereses. La experiencia de observarlos evoca sensaciones de recogimiento. La narrativa de este video de cuatro minutos titulado Asterion es realmente muy simple y un tanto absurda: Un hombre bien delineado en un traje se aproxima a un potrero donde un toro espera pateando la suciedad con sus cascos. El hombre carga un maletín, y en tanto monta en el toro sigue aferrándose a su portafolio, agarrando el toro con una mano y la maleta con la otra. Después de montar al caballo por uno o dos minutos, el maletín se abre y salen papeles blancos que vuelan hacia el cielo. Un par de segundos después el hombre se cae y la cámara sigue el toro mientras éste continúa corcoveando por un par de segundos y luego se desvanece.
El video logra lo sublime sintiéndo en parte como una pintura barroca y un toque de horror contemporáneo. Lebriga disminuye la velocidad del video y el audio de tal forma que los movimientos del toro se vuelven elegantes y sus gruñidos y corcoveos comienzan a sonar como un trueno y como gemidos jurásicos. Es de noche y la paleta del video es como Playing High (Jugando alto), todos los cafés y beiges del siglo XVII son interrumpidos por un tono blanco ocasional. En el video los tonos bermellón y la infinita gama de beiges y cafés presionan la carga de arte de la paleta al extremo. Todo esto tiene sentido, cuando nos damos cuenta que el punto culminante del video es estético por naturaleza. El clímax no ocurre cuando el hombre se cae del toro, pero si cuando los papeles que han caído de su maletín flotan en el cielo y la cámara los sigue, así como estos pasan alrededor y se doblan bajo el cielo oscuro de la noche.
Un hombre de negocios montando un toro sugiere la alegoría de un hombre versus la bestia, o de modo más general, la cultura versus la naturaleza. Pero el razonamiento de la unión que hace Lebrija del hombre de negocios y el rodeo de toreo no es realmente aparente. Ese es el atrevimiento de su obra. Su franqueza evocativa, la hace fascinante e intelectualmente desafiante.
Lebrija es parte de una generación de artistas jóvenes que trabajan en México, quienes se han apartado de la violencia y el exceso que caracteriza gran parte de la obra de los mexicanos exhibida hasta ahora en Estados Unidos. Como parte de un grupo de artistas de ideas conceptuales trabajando en Guadalajara, Lebrija ha usado la colaboración y aproximaciones específicas de sitio para hacer un arte que plantea amplias preguntas filosóficas acerca de cómo instituciones e individuos negocian entre ellos. En esta exposición, Lebrija ha traído estas preguntas dentro de una galería blanca cúbica en Nueva York, para buen efecto.
HARPER MONTGOMERY
