Unos años después de pintar La Primera Comunión (entre 1895-1896, una excelente pintura clásica que Picasso terminó cuando tenía 15 años), el prodigio español sorprendió al mundo del arte con sus asombrosos periodos Rosado y Azul. Luego, en 1907, producto de una profunda introspección sobre el arte y los cambios del nuevo siglo, Picasso creó/construyó su en ese entonces controversial obra maestra Les Demoiselles d’Avignon, hoy considerada un hito. Es una revolucionaria obra de arte en la que el espacio, el tiempo y la figura humana están fracturados, y el arte, en especial la figuración, empieza una nueva y revolucionaria era. Ese momento, hace exactamente cien años (y lo que ocurrió después en el arte tridimensional), todavía define lo que está sucediendo en la actualidad en el campo de la figuración. Las prostitutas barcelonesas de Picasso, con máscaras africanas, pueden haber sido reemplazadas ahora por personajes existencialistas profundamente angustiados o por tontas, aburridas y repetitivas figuras caricaturescas, pero la puerta fue abierta en 1907 por este genio terriblemente egocéntrico al que le encantaba maltratar a las mujeres que amaba. Y luego vinieron Dubuffet, Bacon, Basquiat, etc., y ahora los cientos de cronistas de nuestros más de cien años de soledad en este mundo de tecnologías mágicas y comunicaciones instantáneas.

Puerto Rico tiene los cronistas que en justicia le corresponden; cronistas como Gamaliel Rodríguez, que están obligados a enfrentarse con la locura de la última colonia del mundo en medio de una corrupción rampante, un capitalismo grotesco y una globalización de segunda clase.
Hoy haré una reseña de la última exposición del artista que acabo de mencionar, un joven pintor puertorriqueño de primera clase que, junto con otros excelentes artistas locales del campo del neofigurativismo (como Aby Ruiz, Michael Linares, Cacheila Soto, Radamés Figueroa, Ómar Obdulio Pena Forty, Fabián Detres, Sebastián Vallejo, Diego de la Cruz, El DePeTe y Alejandro Fernández), está produciendo obras muy originales e importantes en este campo, cuidando la antorcha que artistas como Francesco Clemente, David Hockney, Eric Fischl o Gerhard Richter les pasaron a las generaciones más jóvenes.
En sus pinturas (y hace muy poco en sus piezas tridimensionales), Gamaliel Rodríguez (Bayamón, Puerto Rico, 1977) aborda en especial temas sociopolíticos. Sus imágenes, que a menudo proceden de fotografías que aparecen en internet, revistas, periódicos, etc., se transforman en pinturas de manera hábil y elocuente al combinar su finura y madurez, que son intensas, dramáticas y realistas, con sus extraordinarios recursos poéticos.
En esta última exposición en Galería La Casa del Arte, de San Juan, titulada Copy/Paste, Gamaliel Rodríguez (licenciado en Arte de la Universidad del Sagrado Corazón de San Juan de Puerto Rico, con una maestría en Bellas Artes del Kent Institute of Art and Design de Inglaterra, 2005, que ha exhibido su obra en Photo Miami-06, Art Los Ángeles-07, SCOPE-Nueva York-07, SCOPE-Basilea-07, que presentará su obra en la 14th Tallinn Print Triennial, en Tallinn, Estonia, y que podría muy bien convertirse en uno de los pintores jóvenes más exitosos de Puerto Rico desde Arnaldo Roche Rabell en la década de 1980 y Enoc Pérez en los noventa) tomó imágenes públicas muy diferentes, aunque social y políticamente relevantes, como armas (desde el AK-47 hasta otras armas menos sofisticadas), soldados estadounidenses en Irak, un pollo asado en microondas, barcos y aviones de guerra, imágenes abstractas (casi hermosas) de virus mortales escogidas de manera consciente, y las pintó dentro de los terrenos de su tipo muy personal de foto-realismo, transformándolas en sus impactantes y enigmáticos Plastic Gun, US Destroyer, Anthrax, Chicken Flu, Escalade. Es interesante el hecho de que, antes de esta exposición, en Parque Muñoz Rivera, en San Juan, un proyecto satélite poco serio aunque provocante que se realizó durante Circa-07, Rodríguez pintara en el piso un avión de guerra que también era un batiburrillo, lo cual reveló sus hondas preocupaciones por la situación del mundo hoy en día.
En su discurso actual (influenciado por las teorías de Roland Barth sobre imágenes y fotografía y semiótica en general, que aprendió en Kent), este joven artista está logrando que los espectadores enfrenten problemas sociales como la violencia en todas sus manifestaciones, el militarismo y los elementos comunes de los diferentes tipos de guerras que se están librando hoy en el planeta, problemas mundiales de salud, consumismo y problemas ambientales. Uno de los objetivos de Rodríguez es que, por medio de sus pinturas (en las que las imágenes fotográficas/cibernéticas seleccionadas son ligeramente transformadas —“adornadas” es la palabra que él utiliza; para este crítico de arte, es la adición de enigmáticos elementos ficticios y/o un ingenioso romanticismo posmodernista–, para darles esa naturaleza peculiar que marca su discurso), él seguirá descubriendo y compartiendo con el público nuevas formas de ver y entender algunas de las espantosas realidades que definen nuestra vida.
Sus pinturas actuales están marcadas por francas honduras existencialistas que son claramente el producto de alguien que trata de descifrar y de crecer ética e intelectualmente a partir de su existencia cotidiana real y cibernética, que lo fuerza a producir composiciones en las que vemos a la raza humana enfrentar las grandes plagas de los siglos XX y XXI: violencia, soledad, alienación, plagas creadas por el hombre, la destrucción de nuestro pequeño planeta azul, la institucionalización de las injusticias y la dolorosa necesidad de reconocimiento y amor.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
