Exposición Individualsept 2007 - nov 2007· Por Graciela Kartofel

Federico Uribe

Chelsea Art Museum

Entrando a la exposición se percibe una selva muy clara y abierta. Al acercarse a las piezas, hay elementos que van sorprendiendo: agujetas, partes de tenis y muy rara vez hasta aparece la palabra "PUMA", entera o fraccionada. El espectador experto advierte el nuevo giro en la obra del acumulacionista colombiano radicado en Miami. Por el contrario, el sector del público que recién se encuentra con los objetos de Federico Uribe verá la inusual conjunción de lo industrial, lo cotidiano y lo deportivo en estas logradas articulaciones artísticas. Sabemos cuán amenazantes pueden ser un cocodrilo, un leopardo o un puma pero, por el destino de la estética de Uribe, uno puede acercarse a ellos, empezar a relajarse y hasta sonreír. No son reales sino referentes de esas fieras. Hasta las fauces abiertas, una garra extendida o el animal con la mirada clavada en el visitante, sorprenden amablemente. No es sólo porque advertimos que no son reales —y que tampoco son animales embalsamados— sino que son objetos de goma, plástico, algodón y algún otro tipo de material sintético.

La propuesta de esta exposición es un reto creativo, lúdico, ecológico y de integración. Federico Uribe siempre ha trabajado con el recurso de la “trampa para el ojo” (trompe- l’oeil).

Exposición Individual: Federico Uribe — imagen 1
Federico Uribe. Naturaleza humana, 2007. Caucho y materiales sintéticos. Dimensiones variables.

Tanto en sus pinturas tempranas como en los objetos que lo identificaran luego internacionalmente, el artista desarrolla su pasión por la acumulación de elementos cotidianos utilitarios. La visión de Uribe hacia las corcholatas, los tapones de biberón, los guantes de limpieza y los cubiertos descartables entre otras cosas, produce una inversión de sentido, tornando lo funcional en estético, otorgando otro sentido a cada parte que fuera producida industrial y masivamente, convirtiéndola en un componente de inusuales objetos e instalaciones. Uribe crea referencias a lo humano y a la naturaleza por medio de esas representaciones contrastantes. Asimismo, se pueden leer entre líneas otras reflexiones, entre ellas, la liberación de los rígidos cánones de la educación religiosa y expresiones de la represión sexual que formaban parte de la educación en diversos lugares de América Latina.

En el Chelsea Art Museum, Naturaleza humana consigue que la contradicción se haga cuerpo en el espectador: se está frente a una jungla no amenazante sino amena, no opresiva y, por sobre todo, cuando se descubre el núcleo de esta “trampa para el ojo”, comienza uno a diferenciar las palmeras o el “agua de los lagos” de las agujetas con que están realizadas. El pato, la tortuga y el tucán de las suelas de los zapatos de tenis con que se construyeron, y así sucesivamente con cada cuadro-relieve, con cada objeto individual llevan a miradas-tiempo. Por supuesto, con la instalación completa que absorbe 1.700 pares de zapatos de tenis y 35.000 agujetas, en un muy inteligente uso de dichas secciones, se ve un muy buen ejemplo de colaboración entre una empresa y un artista.

Uribe busca expresar la depredación de la jungla así como la impotencia de quienes lo comprenden y sufren. La exposición es una gran instalación compuesta de conjuntos de grandes cuadros con relieves y de otras pequeñas escenas puente. A lo ancho, a lo alto y a lo largo de las salas, el colorido es variado e intenso. Los tableaux tienen “lianas/agujetas” que penden a los lados y en cuanto lugar amerite colgaduras. La sala plena de luz natural, deja a la vista los contornos de los tableaux frente a otros sectores más entrelazados. Esto motiva en el espectador flash-backs sucesivos: de la jungla al museo, del museo al taller en intensa elaboración —sin pinceles, sin óleos—, del taller al museo, del museo a la toma de consciencia de la naturaleza/jungla y de ahí, otro flash mental que retorna al museo. Hay un cierto ejercicio del pop, un pop-art más cinematográfico que de artes visuales.

Conjugan en la exposición la selva de su tierra natal, el impacto que le produjeron los siete años de vivir en México, sus constantes exposiciones en Nueva York, el vivir y trabajar en Florida, y la empresa que apoya a algunos artistas con sus productos: Puma USA. Estos componentes que trabaja un artista son alterados, constituyen una cantidad de productos que ya no serán para caminar, correr y saltar físicamente sino que en su flexibilidad son utilizados para extender la imaginación social. Los aspectos ecológicos son claramente comprensibles en las referencias a los reinos animal, vegetal y humano con un lenguaje y una imagen general que se orienta al núcleo placentero. Federico Uribe dice: “Cuando comencé a trabajar con las tennis, no podía dejar de pensar de dónde es que provenían y acerca de todos los materiales de la naturaleza que usamos para el confort en nuestra vida. Así, como un tributo a lo que la naturaleza nos brinda a todos, surgió mi idea de reconstruir la naturaleza a partir de sus propios materiales. No puedo dar vida a mis creaciones pero puedo darles el eco de la vida, que es tanto como el arte puede hacer”. Si en su obra crea fósiles para la posteridad, con esta jungla activa la mancomunión de los opuestos, aun en una acelerada preocupación ecológica que inmediatamente deviene reflexión y sonrisa.

GRACIELA KARTOFEL

Federico Uribe, por Graciela Kartofel | artnexus