Exposición Individualsept 2007 - nov 2007· Por Federica Palomero

Doménica Aglialoro, Harry Shuster y Gustavo Zajac

Galería Spazio Zero

Se presentó en la Galería Spazio Zero (Altamira, Caracas) la exposición titulada De mirar se trata, un conjunto de sesenta y cuatro piezas creadas especialmente por Doménica Aglialoro, Harry Schuster y Gustavo Zajac. Los tres artistas venezolanos estuvieron compartiendo a lo largo de varios meses para llevar a cabo este singular proyecto que podríamos definir como “una muestra individual a seis manos”.

Desde hace varios años, Schuster y Zajac vienen trabajando juntos, bajo dos modalidades: o cada uno realiza un fragmento de la pieza, o uno interviene un trabajo ya realizado por el otro. Ahora —y sólo para este proyecto específico— se ha sumado Aglialoro. Ellos con la pintura y ella con la cerámica y el ensamblaje, han unido sus reflexiones anteriores sobre el género —arte gay, feminismo—, jugando con la ambigüedad del concepto y de su representación, y han reelaborado sus discursos sobre los procesos de creación y el poder demiúrgico del artista. En este sentido, la obra que recibe al visitante, una cita pictórica de la Creación de Adán de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, más que emblemática, es tutelar, pues recoge el significado general de la muestra. Schuster representó el brazo de Adán-Zajac, y Zajac, el de Dios-Schuster, y en el punto de encuentro, Aglialoro colocó un sexo femenino hecho de pequeñas tiras de cerámica en forma de pétalos y penes, que crean como un nido protector pero también son punzantes.

Exposición Individual: Doménica Aglialoro, Harry Shuster y Gustavo Zajac — imagen 1
Aglialoro, Shuster y Zajac. El coño azul, 2006. Técnica mixta. Dimensiones variables. Foto: Manolo Zapico.

Luego se transita por una sala donde las obras pueden ser leídas como piezas independientes o como una instalación. El eje es una Inmaculada-Crucifixión —híbrido entre lo masculino y lo femenino— desde la visión femenina, en la que dolor y placer cohabitan. En torno a ellas se ubican las Nubes, cajas en las que las muselinas rosadas de Aglialoro dibujan unos sexos femeninos de los cuales emergen unos ojos pintados por Schuster y Zajac. Para los tres artistas, se trata de recontextualizar obras anteriores, pues Doménica Aglialoro ha usado gasas y muselinas en sus instalaciones para evocar el mundo de la mujer, mientras que Schuster y Zajac han llevado a cabo la serie de Miradas, retomadas de cuadros famosos de la historia del arte, así como de fotografías. Ahí se suceden miradas de la Virgen, de Cristo, de diablos, de críticos de arte, y en la última caja, la mirada ha sido sustituida por espejos —es decir, por los ojos del espectador—, y la muselina por unos pequeños penes de cerámica. Tanto desde el punto de vista plástico como conceptual, queda patente cómo cada artista confronta y enriquece el trabajo de los demás.

En el siguiente espacio, unas botas de goma reciben al visitante, una decorada con una corona de espinas y la otra con una corona de flores, como una metáfora —siempre con referencias religiosas— de nuestras andanzas por la vida. Seguidamente, un san Sebastián —el santo patrón de los homosexuales— pintado por Harry Schuster y Gustavo Zajac en el estilo barroco de los grandes cuadros de iglesia, espera por una flecha colocada por Doménica Aglialoro, fuera del cuadro, inmovilizada como la flecha de Zenón, de modo de involucrar de nuevo al espectador, que “completa” virtualmente la escena al disparar o no la flecha. Lo mismo ocurre con una compleja Crucifixión pintada por fragmentos por Schuster y Zajac, que es al mismo tiempo un retrato de ambos. Una nube roja colocada encima evoca el sufrimiento, mientras un guante de plumas fabricado por Aglialoro permite limpiar y acariciar al Cristo. Con otra obra que forma una especie de díptico con esta Crucifixión, Aglialoro retoma su trabajo de costillas en cerámica, para dar su versión de una Crucifixión-Dolorosa. Dentro del mismo espíritu, hay un pequeño cuadro, tal vez uno de los mejor logrados por su poder de síntesis y resolución plástica, en el cual Zajac pinta las manos de la Dolorosa de la Catedral de Valencia —uno de los temas recurrentes de Schuster— sosteniendo una corona de espinas hecha en cerámica por Aglialoro, en la que las espinas son pequeños penes: dolor y placer, muerte y vida se tornan inseparables.

Otra obra relevante consiste en tres columnas vertebrales de cerámica terminadas en una sola cabeza, obra de Doménica Aglialoro, y tres corazones con los números de las cédulas de identidad de los artistas, a manera de retrato-autorretrato. Los corazones se juntan para formar una boca y/o un sexo femenino, que se vuelven símbolos de la expresión y la creación inherentes a los artistas.

Si bien hay en esta exposición cierta dosis de irreverencia y un tratamiento irónico de temas tradicionales en la historia del arte, éstos se acompañan de una seriedad encomiable en el acercamiento a asuntos nucleares del ser humano como la religión y la sexualidad, y hay, sobre todo, una reflexión y un ejercicio —que nunca están de más— sobre los modos de hacer arte.

FEDERICA PALOMERO

Doménica Aglialoro, Harry Shuster y Gustavo Zajac | artnexus