Exposición Individualsept 2007 - nov 2007· Por Luz Sepúlveda

Diego Pérez

Galería Chicontepec

Una de las corrientes que mayor vigencia tienen en este aciago siglo XXI es el del retrato paisajístico. Algunas de las razones pueden ser por la nostalgia de representar un planeta que amenaza con desaparecer por lo menos de alguna forma en que nuestros ancestros llegaron a conocerlo, o simplemente el gusto del ser humano desde tiempos inmemoriales por representar el entorno que lo circunda. El fotógrafo mexicano Diego Pérez (1973) busca retratar el paisaje de ciertos lugares asediados por el implacable paso de la mano de obra humana: las construcciones. Frente a una apacible sierra que se extiende al fondo del recuadro, un terreno estéril soporta la edificación generalmente inconclusa de una variedad de formas en concreto que se idearon para albergar alguna función, aunque en la actualidad se hallen inservibles. Casas sin techos, puentes en medio de una carretera abandonada, escaleras que no conducen a sitio alguno, columnas que sostienen dinteles sin bóveda, entre otros fragmentos constructivos, se alzan en el paisaje que es el marco y el fondo de tales exabruptos de la humanidad.

Obra negra recuerda de alguna forma a la construcción surrealista igualmente no acabada que hiciera Sir Edward James en Xilitla en el estado de San Luis Potosí en México. Una caprichosa amalgama de columnas, escalinatas, techumbres y formas escultóricas aparentemente sin sentido puebla la selva entre pozas y barrancos con cabañas inhabitables, pasillos sin fin o recovecos laberínticos que hacen a uno sentir en el país de las maravillas. Diego Pérez retrata al hermano menor de Xilitla, disperso por toda la República Mexicana y cuyos acabados se refieren más bien a una ausencia de financiamiento, que a un proyecto de un arquitecto millonario y frustrado como el del inglés que habitó allí hasta su muerte, y quien fue amigo de Leonora Carrington, cuyo mural todavía puede verse en alguna de las pocas habitaciones techadas y con acceso restringido.

Exposición Individual: Diego Pérez — imagen 1
Diego Pérez. Carretera, 2006. Fotografía en color.100 x 80 cm. (39 1/4 x 31 1/2 pulgadas).

En las piezas de Obra negra no existe una intención surrealista, aunque su ineficacia para fungir como elemento funcional o simplemente estético en el panorama circundante de la cotidianidad llama la atención a una observación más detenida. Al mirar de cerca las intromisiones de una incisión que agrede algún punto de la naturaleza, nos cuestionamos si en realidad la fotografía no es producto de un truco en Photoshop o de algún otro artificio tecnológico. Sin embargo, basta con voltear a los alrededores del horizonte paisajístico mexicano para constatar una triste realidad: grandes trozos de chapopote entre dos montañas no significan una intervención de arte terrestre sino el fracasado proyecto sexenal de una carretera en construcción interrumpida. Un túnel a mitad de una avenida en donde han dejado de circular automóviles no es el acceso a un mundo mejor, sino el paso a desnivel que permitía a los habitantes de un poblado ahora fantasma trasladarse de un costado al otro de su ranchería sin ser atropellados. Una moderna escalinata que conduce a un zócalo de concreto que sostenía la desaparecida estatua de un héroe desconocido es eso: la frágil muestra de que antes había algo que ya no está. Otros edificios que debían de ser bodegas, almacenes o depósitos se plantan de frente al espectador, con el magnífico cielo azul de fondo, las incomparables montañas de cualquiera de las sierras mexicanas y el típico terreno plagado de magueyes, pastos amarillentos y agrestes ortigas.

Cuando en el tercer cuarto del siglo XIX se inventó en Escocia el cemento, que al aglutinarse con grava, arena y agua crea así el concreto como una mezcla uniforme, manejable y plástica capaz endurecerse, se pensó que se había alcanzado una panacea en la construcción. Y, de hecho, el concreto figura todavía como el mayor y más eficaz material en la ingeniería civil. Sin embargo, es justamente este aglutinante endurecido el que da forma a unas de las aberraciones más notables del paisaje. Diego Pérez hace un trayecto sin premeditación por las áreas suburbanas y rurales de México y capta en su lente algunas de las efigies que, por ser tan feas en el horizonte, resultan para un análisis estético. El contraste que hacen los escombros y los fragmentos de construcciones sin acabar parece ser el resultado de una hipotética residencia que más se vislumbra como utopía que como realidad. Muros o fachadas no son la puerta de entrada a una casa, pues más allá de su frontispicio continúa el implacable paisaje. Varillas y castillos sin rematarse no son más que una muestra de lo irrealizado y truncado. Aun así, en las fotografías de mediano formato, Pérez realza la incontingencia y aquella belleza convulsiva que en otras épocas se declamara como la única forma sublime de satisfacción.

La exposición Obra negra se presentó en la Galería del Laboratorio Mexicano de Imágenes (LMI), en la colonia Condesa de la ciudad de México, del 18 de abril al 30 de junio de 2007.

LUZ SEPÚLVEDA

Diego Pérez, por Luz Sepúlveda | artnexus