Las ferias de arte están en su apogeo y, por los valores
económicos que circulan y las personalidades que aglutinan, algunas de ellas
(Maastricht, Art Basel) aparecen teniendo mayor importancia que ciertas bienales.
Con un mercado internacional del arte que empuja hacia arriba, y en el que se
han visto cifras para cortar el aliento, como los US$140 millones de la pintura
de Jackson Pollock (Nº 5, 1948),
vendida en 2006, o los US$ 3,3 millones por la foto de Andreas Gursky, en 2007,
éste pareciera ser el tiempo del coleccionista que, si sigue esta tendencia,
terminará reemplazando al curador. Quizá por derrame o por el interés turístico
que despierta Argentina, en Buenos Aires también hay algo en el aire, desde adentro
y afuera del país.
Los organizadores de la 16 edición de ArteBA, la Feria de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, la consideran un rotundo éxito. Desarrollada en La Rural durante cuatro días, se concretaron numerosas ventas aplaudidas por los galeristas, quienes no ofrecen cifras, escudándose en la discreción debida a los nuevos dueños de las piezas que cambiaron de mano.

Más de 113.000 personas recorrieron los 18.000 m2 que albergaron a 76 galerías de arte contemporáneo, provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, España, Ecuador, Estados Unidos, México, Perú, Uruguay y Venezuela.
ArteBA organizó la exhibición de obras alrededor de cinco núcleos: el central y bien diseñado espacio que reunió a las galerías establecidas, el Barrio Joven Chandon, videoarte en Caja Blanca/Cubo Negro, Premio Petrobras y Open Space, espacio abierto en el que algunas galerías financiaron la instalación de obras especiales de sus artistas, como la cautivante y sutil instalación cuasi abstracta de Daniel Joglar (Dabbah-Torrejón, Buenos Aires) o el metafórico trabajo con la línea del venezolano Milton Becerra (Durban Segnini, Miami). Además, las instituciones y auspiciantes comerciales tuvieron presencia en áreas específicas, así como las 18 publicaciones especializadas en arte contemporáneo, incluida ArtNexus.

El programa del Auditorio sumó presentaciones de libros al simposio alrededor de los Circuitos latinoamericanos/Circuitos del coleccionismo, con la participación de coleccionistas, curadores, directores de museos nacionales e internacionales, como Estrellita Brodsky (coleccionista, N.Y.), Luis Pérez-Oramas (MoMA, N.Y.), Eduardo Costantini (Malba, Buenos Aires), Gabriel Pérez Barreiro (Blanton, Austin), Hans-Michel Herzog (Daros, Zurich), Juan Carlos Verme (MALI, Lima), Ariel Jiménez (F. Cisneros, Caracas), Abaseh Mirvali (Jumex, México D.F.), Justo Werlag (Bienal del Mercosur, Porto Alegre), entre otros.
Por lo menos dos grandes artistas sobresalieron en esta feria. Uno es León Ferrari, que, incansable a los 87 años, presentó obra novísima de la serie Músicos y otros trabajos en distintas galerías. El otro es Roberto Aizenberg, homenajeado en vida por ArteBA 1995, y cuyos trabajos y días son celebrados en un libro presentado aquí, con 250 fotografías de obra, 40 imágenes del archivo del artista y ensayo de quien escribe esta crónica. En su introducción, Dawn Ades concluye que “Roberto Aizenberg fue uno de los grandes artistas de la Argentina del siglo XX, formó parte de su historia; pero ése no debe ser su único reconocimiento. Su lugar está en la historia global del arte del siglo XX”. De hecho, una Pintura de 1974 fue una de las primeras piezas que se vendió en Ruth Benzacar.

Por supuesto que en los sitios de las galerías de Buenos Aires es siempre un placer volver a ver o descubrir, entre otras, las obras de Noemí Di Benedetto, Annemarie Heinrich, Juan José Cambre (Vasari); Horacio Coppola, José A. Fernández Muro, Sarah Grilo (Jorge Mara); Silvia Gurfein, Mauro Giaconi, Sergio Bazán (Zabaleta Lab); Leandro Comba, Beto De Volder, Esteban Lisa (Palatina); Eduardo Medici, Luis F. Noé, Alejandra Padilla (Rubbers); Fernanda Aquere, Mariano Molina, Augusto Zanela (Praxis); Manuel Ametzoy, Javier Barilaro, Sebastiano Mauri (Braga Menéndez); Martín Reyna, Cristina Rochaix, Matilde Marín (sus bellas fotografías como Under Water, en Del Infinito); Dino Bruzzone, Sergio Avello (su pieza lumínica Bandera), Adriana Salazar (cuyas estilizadas máquinas causaron impacto), Manuel Esnoz (con sugerentes pinturas de gran tamaño) en Dabbah-Torrejón. Los videos de Liliana Porter y la histórica obra modular de Alejandro Puente (la maravillosa y abstracta Todo vale, 1968), desplegadas en Ruth Benzacar, pasarán a integrar la colección del MoMA.
Mientras tanto, la estrategia de muchas galerías extranjeras fue incorporar a sus exposiciones decenas de obras de artistas argentinos, quizá porque, a causa de la distancia, el transporte es costoso, y los trámites aduaneros, arduos. Así, las fotos que discurren acerca de lo perverso de Nicola Costantino estuvieron exhibidas en Blanca Soto de Madrid (Arturo Prins, José Luis Serzo); las apasionantes pinturas de Daniel García en Galería Animal de Santiago de Chile (Patrick Hamilton, Arturo Duclos, Luis González Palma); las alucinantes fotografías de Marcos López en Fernando Pradilla de Madrid (Salvador Díaz, Carlos Salazar Arenas). Entre los galeristas más asiduos se encuentran David David Pérez-Mac Collum, al frente de DPM Gallery de Guayaquil y Miami (Eugenia Calvo, Pablo Cardoso), tanto como Jacobo Karpio de San José de Costa Rica (Lucía Madriz, Darío Escobar, Victor Florido) y Thomas Cohn de São Paulo (Gordon Cheung, Carlos Gorriarena, Thales Pereira), con sus establecidas galerías que vienen año tras año a Buenos Aires.

Precisamente, Jorge y Martín Castillo de la galería Sur de Uruguay son otras presencias de la primera hora. Además de las exquisitas piezas de los maestros Joaquín Torres-García, José Gurvich, en esta ocasión exhibieron notables pinturas de los argentinos Antonio Berni y Alfredo Hlito, con sus musicales e inspiradas metáforas de lo visible.
La buscada y lograda presencia de ocho galerías brasileñas (las paulistas Baró Cruz, Casa Triángulo, Leme, Virgilio, Nara Roesler, Bergamín, la pionera Thomas Cohn y Murilo Castro de Belo Horizonte), con la consistente colaboración de la Embajada de Brasil, consolida la necesaria alianza cultural y productiva entre los dos países cercanos.

Asimismo, cabe destacar la participación de 34 artistas chilenos (Jorge Aceituno, Patricia Israel, Cristian Salineros, Paz Errázuriz, Pepe Guzmán, Nortón Maza, Karen Pazán, Rodrigo Opazo, Roberto Matta, Samy Benmayor, Tomás Rivas, Iván Navarro, entre otros) y de seis galerías, como Matucana 100 y Galería Traschi (en el Barrio Joven) y Animal, Artespacio, Espacio 1305 y Galería AFA, dedicada exclusivamente a la fotografía y que presentó la obra de Philippe Gruenberg, una notable serie dedicada a instalaciones deportivas sin personas a la vista, subrayando sus presencias. Las galerías contaron con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores chileno, a través de ProChile, y de la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería de ese país, para venir a Argentina; este paso es muy positivo porque, aunque vecinos, con los Andes de por medio, el intercambio entre las escenas artísticas de ambos países es escaso.

El Barrio Joven, con 16 galerías experimentales, suscita un fervor inusitado. Es una enriquecedora y divertida experiencia (“casi como tener un localcito en un shopping”) para los novatos galeristas (mayormente artistas) y una aventura para los coleccionistas experimentados, que son los primeros en acercarse para “pescar” a jóvenes talentos. Todos los espacios vendieron muchas de sus obras, como las locales Appetite, Germina Campos, Jardín Oculto, La Guarda, entre otras, y Terreno Baldío (México), Kiosco (Bolivia), que comercializó a cinco artistas: Douglas Rodrigo Rada, Roberto Unterlaedstatter Alejandra Alarcón Alfredo Román y Raquel Schwartz (objetos de peluche y abrigo, accesorios realizados con cinta de casetes). En el espacio Rosa Chancho, la popular actriz venezolana Catherine Fulop entregó el Premio Rosa Chancho para las Artes Visuales (parodia de otros grandes premios, realizada con total seriedad para 400 concursantes) a la obra de Kuki Benski que cita a la Ramona de Berni, añadiendo otro atractivo a los estímulos artísticos.

Destinado a los creadores más jóvenes, el Premio ArteBA-Petrobras exhibió ocho proyectos financiados, entre las 301 propuestas recibidas. Obtenido por Catalina León y Diego Bianchi, el Premio permitió descubrir a otros ascendentes artistas, como Adrián Villar Rojas, que exploró “el territorio íntimo y de lo excesivo” y creó la inmensa y conmovedora instalación Pedazos de las personas que amamos; son instantes y objetos de una vida vistos por una persona que está a punto de terminarla por mano propia.
Marina de Caro “vistió” la sala de prensa,
con esculturas blandas y obras textiles, por encargo de la Fundación Proa y
Margarita Paksa presentó Ultra real en el espacio del Faena Group. La
sorprendente instalación multimedia ganó el Premio F 2006 con un proyecto
original de 1967, concretado ahora con Leandro Cairola. La obra se desarrolla
en dos niveles; dos mujeres (vestidas en blanco y negro) juegan a las damas en
tiempo real y una tercera con su accionar da lugar a la metáfora del paso del
tiempo. La actividad lúdica es transpuesta a lo digital a través de la sucesión
de películas que se ven en una pantalla, que cambian por el movimiento de las
damas, enfatizando la dualidad entre el placer y la desolación, la alegría y la
violencia. La nueva convocatoria al Premio F 2007 es para proyectos artísticos
de artistas de toda Latinoamérica, con jurado internacional y jugoso
financiamiento. Bases: www.lea-fgroup.com
VICTORIA VERLICHAK
Crítica de arte y periodista.

