Exposición Individualsept 2007 - nov 2007· Por Richard Leslie

Anthony Goicolea

Postmasters

No tengo que registrar un cambio de dirección para vivir en un lugar hipotético en el que las condiciones y la calidad de vida son espantosas (dystopia). En realidad, ya no hay tensión entre éste y …¡oh, Dios! Se me olvidó… ¿qué más había? ¿No detesta que las polaridades se derrumben? Facilitaron tanto las cosas, como los papeles del arte y el gobierno, por ejemplo.

Se supone que el arte delimite un lugar que proteja la experiencia única y subjetiva que nosotros no podemos tener en un mundo demasiado racionalizado, antes del 9/11 y, en especial, después de esta fecha. La otra cara del caos del terror es, según se dice, la protectora y tranquilizante experiencia de vigilar. Es por esto que la vanguardia y el Estado policía tienen un trabajo y son importantes, ¿de acuerdo? Pero, en una época, ¿no se opusieron una a la otra? ¿Puede que ya no sea así?

Exposición Individual: Anthony Goicolea — imagen 1
Anthony Goicolea. Deconstrucción, 2007. Fotografía blanco y negro sobre aluminio y lámina de plexiglás opaco.183 x 283,2 cm. (72 X 117 1/2 pulgadas). Edición de 9.

Es muy poquita la gente que parece darse cuenta de que no hay un mundo exterior o, incluso, que es consciente de nuestra propia complicidad. Anthony Goicolea, el creador de Almost Safe, parece comprenderlo; o quizás no, pero no cabe duda de que más gente necesita hacerlo. Dystopia es donde vivimos; no son tarjetas postales de otros lugares. Y nosotros ayudamos a construirlo. Muchos estadounidenses todavía compran enormes vehículos consumidores de grandes cantidades de gasolina, con lo cual apoyan a sus propios terroristas petroleros norteamericanos: para sentirse seguros mientras crean el mismísimo mundo que parece devorarlos. Conservadores y liberales apoyan precisamente los mercados de capitales de causalidad que destrozan familias, valores y paisajes.

Las presentaciones a gran escala de Goicolea —sus seis fotografías compuestas creadas de manera digital, y una pintura— están llenas de desolación, que rodea al espectador y crea un ambiente indiscutiblemente frío y monótono dentro del espacio de la galería. En ellas la naturaleza es inmensa y emocional, bajo espesas nubes, a menudo cubierta de nieve y por lo general llena de inserciones de restos de desperdicios industriales, cables de alta tensión y silencios y desiertos edificios industriales modernistas. Casi no hay gente, y cuando la hay es pequeña e insignificante. Es el viejo rollo apocalíptico postindustrial que conocemos muy bien. Pero mis descripciones verbales no igualan el sentimiento que el artista crea, que es efectivo, ni capta los pequeños comentarios dentro de sus escenas más grandes, como los ancianos acurrucados en hamacas colgadas entre los ruinosos edificios hechos pedazos, que quizás alguna vez fueron una hermosa ciudad modernista de concreto, hecha para jubilados (Deconstruction, 2007). Las imágenes digitales compuestas tienen éxito porque incorporan los artefactos de lo real, y la realidad funciona mejor cuando es convincente. Los detalles y la inmensidad se entretejen de una manera hermosa.

Cuando él transfiere los mismos elementos básicos a su pintura (Search Party, 2007), empleando un estilo figurativo abreviado, con cascadas de gotas y capas delgadas de acrílico, no logra convencernos de otra cosa más que de una parodia autorreflexiva. Se vuelve demasiado caricaturesco y nos desvía de su vehículo más eficaz: la hipotética credibilidad en el mundo que él crea. Por supuesto, ésa puede ser la razón por la que estaba en la exposición, para romper el hechizo.

No obstante, esto no significa que Goicolea sea incapaz de utilizar lo implícito, así como lo literal. Su película repetitiva de 16 mm y 75 segundos de duración (Code, 2007), exhibida en un pequeño y estrecho corredor pintado de negro, al fondo de la galería, mostraba un uso muy agradable de la insinuación y la intriga. Su cámara enmarca una escena nocturna perfectamente tranquila, en un bosque, en la que muchas linternas, cuyo número y movimientos se van multiplicando, se prenden y se apagan (ayudados por luces de estudio cuidadosamente colocadas en los árboles); recordemos ‘’X-Files’’) que ayudaba al espectador a sentir el frío de una amenaza indefinida —el pánico de una persecución, la preocupación por una pérdida— o a reírse de los espeluznantes signos extraordinariamente emocionales, a medida que se formaba el caos y luego disminuía. Pensemos en Blair Witch Project. Suena cursi, ¿verdad? Funciona, ¡en especial si se le mira varias veces!

En medio de estas dos instalaciones estaba su serie de pequeños dípticos de retratos, diez de los cuales eran negativos dibujados a mano de cabezas de ancianos hechas en Mylar y acrílico, con nueve impresiones fotográficas hechas a partir de ellas. Cada una tenía su propio título, y su apariencia de radiografías monocromáticas las hacía semejarse más a registros de especímenes desaparecidos que a esperanzas vivientes. Este mundo se puede catalogar como DOA (Muerto al nacer, por su sigla en inglés), y la seguridad parece reducida a la aceptación, una actitud y una práctica que, a la larga, podrían ser más fructíferas para nosotros.

RICHARD LESLIE

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