Del 29 de noviembre al 13 de enero, la artista peruana Sandra Gamarra Heshiki expuso una individual temática, denominada Adquisiciones brasileñas en la Galería Leme.
Las pinturas hiperrealistas, de fino talante apropiacionista y citacionista, de Gamarra tienen algo de disciplina anacrónica, porque siempre ante sus imágenes nos ubicamos ante un espacio-tiempo, sin causa ni consecuencia. Sus trabajos son perfectos simulacros que hacen detener la mirada en la espera, en desearlos para incorporarlos a nuestro pequeño museo imaginario, desde una perspectiva estética muy semejante al anacronismo, también llamado pintura culta o pintura de la memoria, donde la rememoración del pasado inmediato es “compendiada”, a partir del concepto del museo como ilusión.

En esta nueva exposición la artista —radicada en Madrid—, presentó un grupo de “homenajes” a obras de artistas brasileños de prestigiosa trayectoria internacional, como Ernesto Neto, Adriana Varejão, Sandra Cinto, Vik Muniz, y otros, teniendo muy presente, como divisa formal e iconográfica, la recuperación consciente del oficio del pintor que se sitúa frente al cuadro para dar cuerpo a un grueso conjunto de “vedutas”.
La estrategia de Gamarra Heshiki coloca el énfasis en una vuelta a la pintura —“pintura museable”—, con incorporación de diversas fuentes estilísticas, así como estético-literarias. Ya al pintar de manera “museable”, manipulando diferentes discursos y poéticas, a través del culto a los médiums técnicos, privilegiados también por el resto de los anacrónicos, la muestra Adquisiciones brasileñas constituye de por sí un “caso” aparte, una paradoja un derrotero a contrapelo del arte contemporáneo. El trabajo de Gamarra Heshiki es un ejemplo singular dentro de la estética anacronista, porque su obra sigue basculando entre lo verdadero y lo ficcional, con fuertes préstamos de intertextualidad pictórica. Tampoco se le escapa la imitatio de texturas tersas y aterciopeladas, mórbidas y sutiles del escultor y objetista Ernesto Neto, o la contundencia visceral de las instalaciones de la también carioca Adriana Varejão.
Un arte que reverbera en espejos dobles, que exalta las quimeras del presente en la búsqueda de ese espacio de sosiego y deleite estéticos depurados, plagado de conceptos eruditos y un innegable savoir-faire dilettantistica. Se trata de una forma de reinvención del arte del pasado inmediato o de la actualidad más candente, en el cual, el “modelo” histórico y/o posthistórico implica un retorno al orden de la forma.
Desde hace ya algunos años, la poética de Sandra Gamarra Heshiki reconoce en la pintura y la escultura occidental de los grandes siglos transcurridos, en especial, el clasicismo, en todas sus variantes y escuelas nacionales, la forma más elevada de manifestación del imaginario mítico. En efecto, dicha artista se vale de un repertorio de citaciones culturales que promueven un intenso diálogo entre memoria y presente. La tradición y la academia que Gamarra rechaza, en todo caso, son precisamente aquellas provenientes del discurso y la ortodoxia del radicalismo vanguardista.
Las obras expuestas conforman un cuerpo compacto de “pruebas para el ojo inocente”, en un irónico e ingenioso giro del lenguaje. Es interesante, en este punto, señalar el carácter ambiguo de las piezas, como si no estuvieran transfiguradas por la pátina del tiempo. De modo que el tiempo de la ejecución de la serie y el tiempo dispuesto “en” cada trabajo someten la mirada del espectador a un examen constante, en el que maliciosamente crea “imágenes de la nada”, en aquello que se representa. En realidad, son hipersimulacros, con un grado de realismo tan perfeccionista que provoca en el público una reacción de acogida, mucho más apropiada para una fotografía que para una pintura, al primer contacto visual que se tiene con tal instalación pictórica. Este “realismo de impostura”, o mejor dicho, hiperrealismo de ilustración, pertenece a esta época, si bien es una concesión, una especie de tributo. Quizás, es de esto de lo que trata la propuesta de Gamarra Heshiki: de que el realismo tiene infinitos estilos y manieras para que podamos interrogarnos acerca de cuál de ellos es el verdadero. En todo caso, el conjunto operístico detenta la estructura y la densidad de un solo texto visual leído al plural, como el rótulo de la exposición, que de tal suerte lo propone. Las obras “consagradas” que reproduce la artista peruana son ilustraciones sobre cuyo criterio de verdad o falsedad podemos preguntarnos hasta el cansancio. En realidad, lo importante aquí, a estas alturas, es que no hay más ojos inocentes en pintura y que el criterio de identificación retiniana ya no es suficiente para definir una obra de arte contemporánea como tal. Los cuadros exhibidos son, ante todo, una meditación sobre la pintura actual, el parecido, la verosimilitud, el poder de los sistemas del arte, el significado revisitado de los íconos del arte contemporáneo, la naturaleza compleja de las reglas de representación visual, las diferencias difusas entre la intemporalidad y la historicidad. Todo esto forma parte de las búsquedas que actualmente se encarnan en las obras de Gamarra Heshiki.
Con tal fin, la muestra Adquisiciones brasileñas propuso el discurso pictórico en sus procesos más lentos y estratificados, morosos y casi interminables, allí mismo donde la vanguardia había abreviado el tiempo de la pintura en la inmediatez del gesto.
CLAUDIA LAUDANNO
