En la Galería Enrique Guerrero se presenta el trabajo de Pablo Helguera Las brujas de Tepoztlán (y otras óperas inéditas). Como es usual en este autor, la ficción y la realidad siempre se rozan y la veracidad de su trabajo en relación con los documentos que se supone avalan lo que presenta hace que sus propuestas tengan siempre un tinte de ácido humor que a la postre atrapa. Se trata de que quien se enfrenta a su obra permanece en apariencia indefenso frente a textos y actores entrevistados que hablan con impostada seriedad y sapiencia, aunque de vez en cuando, como en el caso de Samuel Sod, descubramos que están a punto de soltar la carcajada vencidos por el “humor serio”.
Las brujas de Tepoztlán (y otras óperas inéditas) es un proyecto que incluye una exposición con dioramas o escenografías polivalentes, collages de corte netamente modernista y la publicación de un libro escrito por Helguera que describe y estudia las biografías y las obras de cuatro compositores de ópera que, según él, “han sido tan profundamente olvidados que su misma identidad podría ser cuestionada: Enrico Camorelli (1868-1904), autor de la ópera Il Processo di Giordano Bruno; Mona Kassem (1955- ?), autora de la obra política minimalista Jahannam; Anselmo Jiménez de la Rueda (1593-1674), autor de Las brujas de Tepoztlán, y Richard Pryce (1915-1978), autor de The Connecticut Story, una ópera compuesta en la década de los cincuenta”.

Respecto de la supuesta pieza de Jiménez de la Rueda, por ejemplo, Helguera asegura en voz de uno de los “entrevistados” que la obra estuvo escondida desde 1654 en un armario (claro, ¿dónde más podrían esconderse las cosas?), lo que la perfila como la que quizá sea la obra más antigua de las Américas.
Otra entrevistada, Mona Kassem, da cuenta clara de la posición de Helguera frente al arte contemporáneo. De la conversación impostada se extraen frases y posicionamientos que ya habían aparecido en la obra de Helguera con el mismo tono irónico, por ejemplo, en el Manual de estilo de arte contempoáneo, presentado por primera vez en Espejos/Mirrors en Washington, D.C.
Quizá uno de los momentos claves de este video hecho voluntariamente artesanal, es cuando a partir de la descripción de una obra de teatro se narra cómo ésta tiene un inesperado final que critica en el cuarto acto, a los tres primeros. Surgen así personajes extemporáneos (a la obra de teatro), criticando la puesta en escena y curiosamente debaten al autor de la misma. En resumen, hay, según Helguera, una autorreferencialidad tan ensimismada que eso es lo que da a la ópera un carácter de total contemporaneidad.
El mismo Helguera asegura que “este proyecto es el resultado absolutamente fallido de lograr que una obra hable por sí sola sin necesidad de la crítica, la historiografía o la interpretación. Quizá por ello se produzca en el espectador y/o lector una extraña sensación de que tanto en la exposición como en el libro los autores, intérpretes, críticos y personajes se fusionan o van intercambiando en diferentes momentos sus papeles como si se tratase de un juego de sillas musicales sin sillas, y con un solo jugador que fuese todos a la vez”.
La muestra está acompañada de maquetas que representan escenografías con cuatro costados hechas a manera de conos en los que la perspectiva de lejanía se encuentra en la parte más baja y distante del ojo. Como las cajas de sorpresas, podemos ver en ellas siluetas de personajes que habitan esos espacios así como sillones, pianos y bambalinas que se relacionan armónicamente entre sí, aunque de manera simultánea contradigan la vocación de cada uno de los escenarios propuestos.
Un grupo de collages de corte netamente modernista forma parte de la muestra. En ellos se respira una añoranza clara a los trabajos fundamentalmente de los europeos que hicieron en esta disciplina algunos de sus aportes más remarcados. Las brujas de Tepoztlán es un proyecto bien pulido y complementado con las investigaciones/invenciones de Helguera, y debe leerse como un eslabón más en la nutrida trayectoria de este artista. De manera simultánea, no pueden perderse de vista sus comentarios a la obra de su autoría: “Hoy, que vivimos en un ámbito académico en el arte donde predomina la estética comparada, la autorreferencialidad, y donde aún cunde la fiebre de la estética relacional, es difícil no producir una obra que no reflexione sobre estos temas, como es el caso de este proyecto, que humildemente intenta hacer un comentario en este territorio”.
Pero ni tan humildemente como él asegura, pues una vez más, desde la contemporaneidad más recalcitrante, Helguera vuelve a poner el acento en el onanismo que priva en muchos de los ámbitos de las artes visuales contemporáneas. Siempre habrá que agradecerle el humor, pero sobre todo la ironía. Ésa es su mejor insignia.
SANTIAGO ESPINOSA DE LOS MONTEROS
