Exposición Individualjun 2007 - ago 2007· Por Susana Benko

Luis Lares

Sala Trasnocho Arte Contacto

En 1993, Luis Lares impresionó al público visitante al exhibir en el Museo de Bellas Artes de Caracas la serie Hombres de carbón. Las imágenes expuestas fueron no sólo de fuerte impacto por mostrar la realidad que se vive en el mundo del subsuelo y del sopor donde trabajan forzadamente los mineros en Guayana, sino también por la connotación altamente poética y plena de belleza de las mismas, en oposición a un tema tan denso como es la cruda realidad de las minas. Estas fotografías todavía hoy fascinan por la humanidad que se descubre en cada uno de los rostros de los retratados en medio de un contexto no sólo hostil y miserable, sino extenuante y febril, por decirlo de una manera metafórica. Recientemente hemos vuelto a ver una selección de esta serie, así como un resumen de lo que ha sido la producción fotográfica de Luis Lares entre 1975 y 1998 en la exposición, de carácter antológica, realizada en la Sala TAC (Trasnocho Arte Contacto). En ella pudimos apreciar, además de la referida serie, una selección de imágenes de ensayos fotográficos anteriores como A orilla del camino (1975), Lejos es un lugar que no existe (1979-1983), El hombre y la arquitectura contemporánea (1984), Permeables (1984), Matanzas, zona industrial (1984-1989), importante serie que deriva a su vez de las fotografías agrupadas en las series La industria de Guayana y La sensualidad de la industria. Por último, Hombre-máquina, realizada en 1998.

Exposición Individual: Luis Lares — imagen 1
Luis Lares. Sin hogar, de la serie Lejos es un lugar que no existe, 1983. 56,7 x 87 cm. (22 1/4 x 34 1/4 pulgadas).

Podría decirse que la obra de Lares se circunscribe a tres importantes ejes temáticos: la ciudad (la arquitectura), en el que el fotógrafo se permite experimentar y otorgar a la imagen el atractivo de la atmósfera y, en algunos casos, ciertos toques de color al intervenirla con pintura; el hombre en su contexto y circunstancia, tema que desarrolla tanto en Londres como en Guayana, cada uno con su humanidad específica, y el retrato. Sin embargo, existe un eje común que une a estos tres grandes temas: la mirada crítica del fotógrafo. Es esta mirada la que devela la situación real que viven los hombres que él retrata: sea en su contexto urbano contemporáneo y “fuera de escala” como bien señala Tomás Rodríguez, curador de la muestra; sea inmerso entre tubos, en la “ciudad metálica” de la industria, o bien al hombre, de vida prematuramente extinguida por las terribles condiciones de trabajo en el subsuelo, inhalando “las impurezas del acero líquido”, desgastando su piel por el excesivo calor.

Cada uno de estos ejes temáticos funciona de manera autónoma: hay fotos de arquitectura, de ambientes industriales con sus máquinas, y los retratos de personas de humilde condición en actitudes cotidianas. Pero de alguna manera estos ejes se cruzan en imágenes donde aparece el hombre en estos contextos. En cada uno de estos ensayos fotográficos, Lares elabora un discurso sin duda crítico y cuestionador, no exento a su vez de fascinación hacia estos ambientes: la arquitectura contemporánea y sus fríos materiales metálicos, los tubos metalizados de las industrias, los vapores que emanan, todo se convierte en un mundo muy plástico y formalmente fascinante. Pero asimismo es revelador, porque desmonta la situación inhumana del hombre en medio de las urbes desmesuradas, o bien la de aquellos mineros que son explotados y sacrificados mientras los dueños de las minas infelizmente ni siquiera llegan a conocerlos.

Lares ha declarado a Teresa Casique, en la entrevista publicada en el catálogo que acompaña la muestra, que lo casual y la improvisación forman parte de su manera de trabajar. Sin trípode, sin flash, con luz natural, sus imágenes se destacan por poseer una luminosidad particular, efecto que logra en el trabajo de laboratorio. Busca que el grano sea de gran tamaño, con el que crea sus delicadas atmósferas apoyándose a su vez en imágenes fuertemente contrastadas. No obstante, ello no impide que cada imagen mantenga una riqueza de matices, aspecto que es de gran importancia en la obra de Lares, puesto que de alguna forma ello define su personal estilo. Los matices son un aspecto central en su fotografía. Sus diversas series lo evidencian.

La fotografía realizada en Europa, por otra parte, se caracteriza por una factura de índole más experimental, cuando las interviene con sutiles matices de color o bien cuando explora en otros medios como la instalación y la proyección audiovisual, en su primera muestra individual en 1984, Permeables realizada en la Sala de Arte Sidor, en Guayana, muestra que exaltaba el color, el dinamismo y la sensorialidad. Posteriormente, en los ensayos fotográficos de Guayana, Lares opta por la imagen directa y natural, aquella inclusive trabajada con poca luz, la poca existente dentro de las minas, circunstancia que maneja de manera magistral cuando logra de allí extraer los matices que le proveen la noche o la oscuridad. Esta visión directa y frontal impresiona especialmente en sus retratos. Confiesa Lares: “Me interesaron los ojos [...] siempre creí que el rostro iba a mostrar más ese desgaste, ese sufrimiento. Yo siento en esos retratos que ellos me están contando su verdad [...] creo que los ojos de esas imágenes hablan de esa verdad”.

La fotografía de Luis Lares es, sin duda, humana, profundamente humana.

SUSANA BENKO

Luis Lares, por Susana Benko | artnexus