Exposición Individualjun 2007 - ago 2007· Por Federica Palomero

Julio Valdez

Latin American Masters

Bajo este sugerente título, el artista dominicano Julio Valdez (nacido en 1969) reunió un conjunto de obras realizadas entre 2005 y 2007, y expuestas en la Galería Latin American Masters de Beverly Hills (California) desde el 3 de febrero hasta el 10 de marzo de 2007.

La unidad de color entre las obras permite leerlas, más que como trabajos aislados, como una sola instalación pictórica, lo que refuerza su coherencia. Son pinturas de gran formato, en tonos predominantemente azules y verdes; sin embargo, a pesar de un evidente mimetismo con el mar, no se trata en absoluto de un tratamiento realista del tema. El artista, al reivindicar la cultura de la insularidad al mismo tiempo que la experiencia del exilio (vive en Nueva York desde 1993), ha hecho del mar una presencia discursiva en toda su obra, como representación metáforica de aquello que a la vez que une separa, que a la vez que protege amenaza. Ahora, en esta reciente etapa, su planteamiento plástico demuestra la capacidad del artista, no sólo para renovar su lenguaje, sino para extraer de su obra anterior los elementos de su cambio y profundización actuales. Así es como la continuidad y el desarrollo del discurso conceptual se apoya en radicales cambios de expresión plástica.

Exposición Individual: Julio Valdez — imagen 1
Julio Valdez. Mar abierto, 2006. Técnica mixta sobre lienzo y tablero. 9 x 14 pies. Colección: Museo del Barrio.

Las grandes superficies abiertas, su aspecto sedoso, su fluidez y la impresión de monocromía que producen a primera vista los verdes y azules, sugieren una ambigüedad entre representación y abstracción, entre el deseo de evocar la superficie y la masa de agua con sus luces, reflejos y movimientos, y una voluntad de eliminar las referencias figurativas a favor del puro efecto abstracto del color-field envolvente. Asimismo, se confunden los espacios: uno que podría enseñarnos el mar simplemente a la manera de un paisaje visto desde la perspectiva de un nadador, con otro sin referente externo, creado en la pintura misma, es decir “abstracto” (dentro de los postulados de la tradición abstracta), pero que no deja de evocar un corte, como una masa de agua vista desde la ventana de un acuario.

En una visión más cercana, las superficies casi monocromáticas, pero de hecho ricas en matices tonales similares a las manchas de luz sobre el agua, desvelan la presencia de otros elementos que las habitan misteriosamente: peces, cangrejos, mariposas, algas, flores submarinas y siluetas humanas. Ahora, parece imponerse la figuración, hasta con precisiones dibujísticas, pero los peces forman grandes ondas y curvas ornamentales (Peces curiosos) o las alas de las mariposas se transforman en el contorno de islas (Butterfly Islands), y la vegetación acuática, plana a la manera de las planchas científicas, se lee como a contraluz en zonas de oscuridad que contrastan con la luz marina. No hay formas definitivas, todo es ambiguo, inasible como el eterno fluir de las aguas. La silueta humana adopta diversas formas y significados: el autorretrato (tema recurrente en Julio Valdez) en Aquaeous Self-Portrait: una celebración del mar como el medio natural del artista y como signo de identidad; o el orante —representación arquetípica— que conecta al mar con las fuerzas religiosas, en Oficiante del mar, y en otras ocasiones, los cuerpos acostados, como ahogados flotando, que evocan la página más dramática de la historia del Caribe: la esclavitud (tema tratado anteriormente por el artista).

Los logros de Valdez en esta nueva serie se deben en parte a su maestría técnica, que le permite manejar de tal forma los tonos, las veladuras y transparencias, las indefiniciones espaciales, que nos envuelve en una atmósfera a veces acogedora a veces inquietante. Pero se deben sobre todo a su solidez y claridad conceptual, a su compromiso con un lenguaje caribeño y universal, y al equilibrio entre aquello que trae de sus trabajos anteriores y nuevos derroteros que se anuncian fecundos.

FEDERICA PALOMERO

Julio Valdez, por Federica Palomero | artnexus