Exposición Individualjun 2007 - ago 2007· Por Caridad Blanco de la Cruz

Iván Capote

Galería Habana

Hace cuatro años, durante la VIII Bienal de La Habana en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, se podía disfrutar de una peculiar escultura cinética de Iván Capote. El título de aquella “maquinaria” —que hoy es parte de la colección del Museo de Arte de la Universidad de Arizona— era Dislexia. Detenidos ante ella, luego de un tiempo podía leerse no sin dificultad: “la vida es un texto que aprendemos a leer demasiado tarde”. El mecanismo creado en ella, permitía finalmente develar la sentencia oculta debajo de una oscura capa de aceite industrial.

Para un artista que construía ingeniosos artefactos, centrados en cuestiones relativas a los límites (físicos, psicológicos, geográficos...) jugando con la potencia plástica de materiales naturales (agua, tierra, sudor, aceite), a partir de dispositivos que acentuaban ciertas metáforas visuales, Dislexia significó un acentuamiento definitivo del sentido conceptual de su propuesta artística, en tanto alcanzó un valor peculiar la presencia de la palabra incorporada a la obra y la tensión creada para mostrárnosla.

Exposición Individual: Iván Capote — imagen 1
Iván Capote. Perdidos, 2006. Metal, madera y lupa. 49 x 72,5 x 12 cm. (19 1/5 x 28 1/2 x 4 3/4 pulgadas).

Aforismos, la exposición que Iván Capote presentó en Galería Habana desde el 6 de diciembre y hasta enero del 2007, dejaba ver un reforzamiento en este último sentido, en tanto las trece piezas exhibidas demostraban un protagonismo de lo escultórico, cuyo epicentro se sostenía a partir de palabras puntuales elegidas por el artista para una peculiar reflexión. Sus “objetos” eran en extremo parcos en su propia naturaleza pero, contrariamente a esa común vaciedad del minimalismo, los suyos estaban cargados de sentidos relacionados con el planteo de problemáticas globales que tienen un particular reflejo en nuestro contexto.

La frase de aquella pieza cinética del 2003, mencionada al inicio, fue recolocada sobre un lienzo al óleo, con las palabras divididas de modo que se dificultara la lectura, a la manera en que sucede cuando se nos realiza un test de optometría, encargado de evaluar la “salud” de nuestra visión. Desde antes de entrar al espacio interior de la galería, distinguíamos ese replanteo formal de Dislexia, cuestionamiento humanista que luego de penetrar en el espacio, se encaminaba hacia una reflexión sobre el protagonismo del dinero, primero, en una pintura denominada Punto de vista, en cuyo borde inferior a través de un espejo, podíamos realmente leer la abstracción del signo dispuesto en la tela, argumento que seguía de continuo, con igual título, una escultura en acero que podía ser observada desde muchos puntos de vista, revelándose con toda claridad tan solo en uno de ellos, gracias al recurso visual de la anamorfosis.

Una alabanza al poder de la palabra constituyó La llave de todas las cosas, al ser sobredimensionado el tamaño habitual de ese instrumento metálico que usamos para abrir puertas, en tanto sus dientes insinuaban a medias el vocablo words. Realizada en aluminio, estaba al centro del área inicial de la galería, seguida por Diagrama del pensamiento, maqueta en la cual aparecía una cerca de listones blancos de madera donde fue calada la palabra, mientras sus puntas angulosas sugerían un esquema posible a las fluctuaciones del raciocinio.

En La extensión de la palabra, fue alterada la función del Rolatape, instrumento usado para medir distancias. Los espectadores para leer: “con cada paso mueve tu mente”, debían poner en movimiento la escultura y desplazarla por la galería. Reflexionaba allí sobre la necesidad de sopesar actos, que al concretarse, resultan irreversibles. Éxtasis; una línea suspendida en el espacio, se refería a aspectos intangibles como la acción de nuestra mente, y comparada allí con la naturaleza del viento, a partir de palabras en inglés, incorporadas de modo muy sutil.

Resultó muy llamativo en la exposición de Iván Capote, la elección de la escala en que estaban planteadas las piezas. Las mismas eran en extremo asequibles, aspecto este que permitió establecer un diálogo más directo con un espectador que inevitablemente debía completar muchas de las obras, acción que se corroboraba en Verso blanco, en el intento por alcanzar con una plumilla -encadenada y sujeta a la pared- la blanca cuartilla de papel que debajo se tornaba quimérica dejando trunco el acto de escritura. Lost (Perdido), por su parte, exigía de una minuciosa búsqueda, para lo cual la misma escultura ofrecía una lupa, instrumento que permitiría escrutar con detenimiento el metal donde estaba grabada la palabra truth (verdad). La búsqueda de esa verdad sugerida por el artista, era una peculiar síntesis y traducción del sentido de nuestras vidas.

Aforismos, resultó ser una real composición poética en imágenes. Cada una de las metáforas conseguidas por el artista, en su visualidad y en su raíz conceptual llamaban a una profunda reflexión, y reclamaban por demás al público, muestras de inteligencia, sagacidad y lucidez para el cabal desciframiento de cada máxima concretada y del aprendizaje al que era llamada la especie humana.

CARIDAD BLANCO DE LA CRUZ

Iván Capote, por Caridad Blanco de la Cruz | artnexus