Exposición Individualjun 2007 - ago 2007· Por María Belén Sáez de Ibarra

Germán Arrubla

Museo Art Deco

La muerte es el acontecimiento más radical que le sucede al ser humano. Nunca se está preparado para enfrentarla. Es un acontecimiento que se experimenta por primera vez, de modo único. Ella es irrepetible, impostergable, irreparable.

Aparece de la nada, de la oscuridad del no-ser, sin pasado ni futuro, dejando al desnudo lo superfluo de las vidas y sus tramas en el tiempo consumido y la vanidad de cualquier transcurso de la vida por venir.

Ser en el tiempo la muestra de Germán Arrubla, coloca al espectador desprevenido en situación de esa vivencia, siempre artificiosa, de la muerte como acontecimiento infranqueable. Alude a esta imposibilidad de aprender este acontecimiento en el tiempo histórico del hombre. Es una alusión a “el ser sin tiempo” que somos cuándo enfrentamos ese acontecimiento. No sabemos nada de ella que efectivamente nos oriente en este paso que de ningún modo sabemos cuándo ha de sobrevenir. A pesar de esta imposibilidad de relacionarnos de modo previo y aprendido con esta experiencia, el hombre se ocupa insistentemente en buscar el modo de corresponderse con ese lado inaccesible de esa otra realidad ajena que nos acompaña en las vicisitudes de la existencia. Esta muestra de Arrubla nos coloca un espejo de ese inframundo inaccesible.

Exposición Individual: Germán Arrubla — imagen 1
Germán Arrubla. De la serie Ser sin tiempo, 2006. Fotografía.

Lo logra disponiendo en un tejido espeso, como en una instalación museal de la memoria, una serie de fotografías, litografías y artefactos culturales encontrados e intervenidos de personas de otro tiempo (del siglo XIX y del período deco del siglo XX; así como de objetos de imaginería religiosa cristiana del siglo XIX). Estos objetos están encapsulados en cajas que superponen gasas transparentes, lentes de aumento, resinas, que las confinan en una alusión mortuoria y espectral.

Los retratos de estas gentes de otro tiempo han sido convertidos en fantasmas. Lo que otrora fueran lazos de familia, vínculos filiales y retratos de otras vidas, hoy son seres sin tiempo. La muerte misma.

Objetos genuinos del santoral de la cultura religiosa cristiana, que en otro tiempo hicieron parte de ritos de culto envueltos en incienso, son montados en especies de mausoleos que atrapan la sensibilidad que sudan estos artefactos solemnes en su intento de traer a nuestra vida la trascendencia espiritual del otro lado de lo que existe; dispuestos como artefactos santos en cajas fabricadas en capas de resinas que producen un efecto onírico de distorsiones ópticas que nos obligan a buscar la manera de focalizar nuestra mirada y encontrar las fracciones metafóricas del cuerpo de Cristo, de la Virgen, del osario santo.

Ningún otro destino nos espera. Somos seres para la muerte, y la vida toda de ese ser humano se convierte en un debate incesante por llegar a aprenderla. Nos tomará desprevenidos, en medio de nuestras preocupaciones mundanas. Vendrá, como siempre, de la nada. Sólo nos queda vivir la experiencia de la muerte a través de los otros. De la muerte de los otros. A través de los artificios de nuestra cultura y sus fetiches.

MARÍA BELÉN SÁEZ DE IBARRA

Germán Arrubla, por María Belén Sáez de Ibarra | artnexus