“Mi padre —dice Franco Contreras en el catálogo de la exposición— tenía la maravillosa habilidad de verle a todo una segunda y una tercera posibilidad, de buscarle a cada piedra y a cada palo el preciso acomodo, el más útil y el más placentero. Por ahí me fui metiendo y poco a poco encontrando la presencia de miles de relaciones de espacios, líneas, vacíos y situaciones que casi mudas e imperceptibles se guardaban en poderosa existencia;… Y el Arte, lo que he podido entender, se trata de eso, de la manera particular de ver y representar ese mundo que afuera y adentro nos conmueve…”. Esta sencilla y, si se quiere, llana confesión nos condiciona a entender la propuesta del artista, propicia el acercamiento a su percepción estética del entorno y revela, de alguna manera, las inquietudes que guiaron sus investigaciones plásticas. La madera de café es uno de los elementos fundamentales de su obra, su relación con este tipo de leño data desde los primeros años de vida, la cual transcurre en un ambiente bucólico de montañas, bosques y quebradas. Su sensibilidad como creador estuvo marcada por esos momentos en los que arte y vida se tornan una encrucijada decisiva. Inspirado en estas experiencias, combina diversas técnicas como la escultura, el ensamblaje y la instalación, de ahí que la exposición Obra Primera VIII nos acerca a esa visión interna y externa a la que se refiere el autor en sus comentarios. Presentada en la Sala de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, CELARG, entre el 28 de agosto y el 8 de octubre de 2006, la muestra reunió un conjunto de treinta y cuatro obras realizadas entre 1999 y 2006, en pequeño, mediano y gran formato, que testimonian la trayectoria de este creador venezolano, galardonado con el Premio de la II Bienal de Artes Plásticas de Mérida e Internacional del Pacto Andino en 1993.

El trabajo de Contreras se sustenta sobre una noción constructiva en la que el ensamble de leños y maderas, con intervención de otros materiales como cabuyas, vidrios, telas y papel, entre otros, constituye el eje de su planteamiento artístico. Al destacar las formas simples de esos maderos y leños, despojados de toda materialidad añadida, el artista pone en evidencia su esencia vegetal y devela esa quieta vitalidad que sobrevive después de la tala y corte de árboles y arbustos. Cada obra evoca características que nos remiten a otras vertientes de la creación, como la humilde y rudimentaria utilización de los elementos provenientes del arte povera, tanto como la economía y pureza de formas que proclama el arte minimalista. Por otra parte, la organicidad y monumentalidad de las instalaciones se contraponen a la ingravidez y estructuralismo de las composiciones; ello propicia situaciones de confrontación en las que entran en juego factores opuestos como el orden versus el caos, lo natural versus lo racional y lo frágil versus lo resistente. La unidad temática de la exposición transforma la puesta en escena en una gran instalación que apunta hacia una idea central que guía el pensamiento del artista; ésta se resume en la relación hombre-naturaleza, una dualidad que comienza a ser severamente cuestionada desde mediados del siglo pasado. Desde esta perspectiva, la propuesta de Contreras adquiere una connotación simbólica, pues no pierde de vista el vínculo afectivo que lo ata a la naturaleza como morada inicial del hombre; su trabajo conforma una suerte de arquitectura primigenia que busca dominar el entorno, añadir y recrear nuevas formas respetando los principios que reclama el planeta Tierra. Obras como Lluvia, 1999, Cascada, 2005, y El viento, 2006, transmiten una sensación de movilidad en la que una determinada acción —la caída de una corriente, el soplar del viento o la precipitación de las aguas— pareciera quedar suspendida en el tiempo y el espacio. En cambio, otras composiciones como Espinazo, 2000, Retratos, 2004, y La búsqueda, 2006, ofrecen una interpretación más arcaica en cuanto a los modos de representar la figura.
Sus estudios en el campo de la Filosofía y de las Letras lo han llevado a ahondar en esas búsquedas en las que el rescate de la memoria individual trasciende sus límites para enraizarse en el ámbito de lo universal. La temática que ha desarrollado a lo largo de los años se conecta precisamente con esas preocupaciones en torno a lo ecológico, orientadas a la recuperación del ambiente, a la conservación de la naturaleza, a su verdadera valoración como entorno y refugio final de una humanidad atrapada en el enjambre científico y tecnológico, en el que la utopía de un ilimitado progreso ha cercenado las bases de nuestra propia existencia.
GLADYS YUNES YUNES
