Art Basel es sin duda alguna uno de los acontecimientos más notorios, sino el más, que distingue el panorama artístico del sur de Florida, tanto en el nivel local en su inserción y percepción internacional. Está obligada y vigorosa cita de tres días de efervescencia cultural e intercambio artístico, que se autodefine a sí misma como fuente vital para el descubrimiento de nuevas tendencias dentro del arte contemporáneo, contó en su pasada edición con una propuesta curatorial estimulante y desenfadada a un tiempo. Formas de clasificación: conocimiento alternativo y arte contemporáneo fue una de las dos propuestas que la Fundación Cisneros-Fontanals (CIFO) puso a disposición del público presente en la cita. La exposición parte de los mismos fondos de la Fundación, cuyo interesante y necesario perfil en tanto que coleccionista le ubica dentro de tendencias contemporáneas y nuevos medios, así como el enfoque hacia artistas emergentes.
La atractiva proposición curatorial de Cecilia Fajardo-Hill, afronta el arte como herramienta cognitiva no ortodoxa. El arte tradicional, lo mismo que el conocimiento por vías ortodoxas, está indisolublemente asociado a las ideas inamovibles de genialidad, contemplación, presente eterno, academia. Estos axis duros –arquetipos-– inhiben cualquier iniciativa de cuestionamiento o indagación, dejando ante sí como única y absoluta posibilidad la aceptación contemplativa. Por contraposición, el arte contemporáneo, fuera de ismos y sentencias, procura insertarse dentro de ese “mapa del conocimiento” que es siempre la propuesta artística en tanto intento no enfático y múltiple que escudriña desde lo transitorio, desde el flujo del devenir y como experiencia vivencial el mundo que cohabitamos.

Formas de clasificación… abre sus puertas como una reflexión desde el arte contemporáneo, posibilidad y alternativa otra al conocimiento que ahora emplaza su centro en problemáticas cotidianas del mundo de hoy, más allá de las normas convencionales de análisis y aceptación de la información. Clasificación, indexación, normativa, control, preconcepción, pasividad, atemporalidad, son sólo moderados índices del letargo intelectual de una sociedad contemporánea que ya he definido con anterioridad como amnésica y donde sólo a veces –por inesperados destellos que dislocan nuestros cimientos cognitivos– logra de nuevo reinstaurar, aun cuando sólo sea momentáneamente, un ser pensante interesante e inquieto.
La exposición, loable por la diversidad de propuestas, enfoques y medios, comprende el trabajo de 16 artistas aunados bajo tres ramificaciones esenciales que estructuran la sólida tesis curatorial. La ironía y el humor como elementos subversivos aúnan el trabajo de Francis Alÿs, Jimmie Durham, Ellem Gallagher, Allam McCollum, Julian Rosefeldt y Nedko Solakov. En las propuestas de este primer grupo, la desarticulación del espacio arte se convierte en símbolo y emblema, actuando el arte como célula y parábola de la sociedad. La propuesta de Durham destaca por su hilaridad. En su video Smashing, el artista encarna el típico funcionario impertérrito que, vestido de traje y corbata y seguro tras su escritorio, arremete contra todos y todo valiéndose de la certera impunidad que le ofrece el estatus de representación de la oficina. Durham destroza frenéticamente objetos disímiles que le ofrecen las personas que se acercan a su escritorio. La destrucción devela la imposibilidad de indexación o, si no la imposibilidad, su no sentido.

La construcción y deconstrucción de la historia, enfatizando sus supresiones y omisiones, aúnan las propuestas del segundo grupo de artistas, donde encontramos los trabajos de Mark Dion, Mathilde ter Heijne, Susan Hiller y Mónica Weiss. Los temas o zonas de indagación son disímiles, yendo desde la arqueología, o el autosacrificio femenino hasta el nazismo, pero siempre centrados en la deconstrucción del discurso estereotipado devenido versión inamovible. En The J. Street Project, Susan Hiller somete a nuestro juicio el resultado de tres años de búsqueda durante los cuales la artista se afanó recuperando todas las Judenstrassen (calles judías) que encontró durante su trabajo de campo en Alemania (303 en total), poniendo de relieve el olvido y omisión común de la sociedad contemporánea.
El tercer grupo concentra el trabajo de seis artistas donde la subversión de una estructura harto probada, aceptada y establecida devela inquietantes desenlaces. En Bernd y Hilla Becquer, así como Damian Ortega será la indexación como herramienta la estructura escogida como blanco ideal que trastoca las nociones establecidas de jerarquía y belleza; Jac Leirner y Chen Shaoxiong basan su desconstrucción en elementos comunes de nuestra cotidianidad; mientras, que por último, Grigely y Rafael Lozano-Hemmer escudriñan la estructura y límites de la comunicación.

Recorriendo la muestra con los ojos atentos, una constante asoma como común denominador: la reiteración. En la obra de estos creadores, la repetición deviene una herramienta contundente. Es la acumulación de evidencias que, desde el modesto emplazamiento del indagador de campo descalabra las nociones enfáticas, rígidas y sempiternas de una cultura monolítica e inamovible. El creador –hacedor– como agente de campo colecta y pone a nuestra disposición evidencias que como simple dato aislado podrían ser calificadas de irrelevantes pero que en su serialidad, en su constante retorno, destruyen todo axioma.
Formas de clasificación: conocimiento alternativo y arte contemporáneo es una propuesta sólida desde el punto de vista curatorial que la sustenta y prodiga por la diversidad de medios que la conforma: video, instalación, fotografía, dibujos, circuitos computarizados. Enclavada la tesis de la muestra en una de las problemáticas más acuciantes de la sociedad contemporánea, Formas de clasificación… es una alerta, pero a su vez una luz, una vía, una alternativa a los trillados y muchas veces errados caminos de siglos de ortodoxia, academia y sometimiento. Formas de clasificación: conocimiento alternativo y arte contemporáneo es una propuesta redentora.
JANET BATET

