La galería de Alejandra Von Hartz podría perfectamente funcionar como un escenario teatral. La disposición de las paredes, el piso de madera, la luz, son elementos que de alguna manera inciden/complementan las piezas expuestas. Hay en el espectador un deseo instintivo de quedarse durante largas horas a explorar qué otras historias pueden ser contadas a través del tabloncillo o de escuchar el sonido —imaginario quizá— que se filtra por entre las láminas del tejado.

La instalación The Rite of Spring de Eugenio Espinoza establece un diálogo fluido con cada partícula (real, ilusoria) que brinda el espacio. Tres telas con motivos geométricos aparecen suspendidas en el aire. Uno no sabría afirmar a ciencia cierta el tipo de material contenido en las bolsas; podríamos pensar, por ejemplo, en objetos tridimensionales de variada naturaleza. La música del compositor ruso Igor Stravinsky inunda la sala y el sonido proviene de los tres morrales. ¿Es ésta una manera de representar la melodía sin notas musicales, otro intento de visualizar o configurar lo intangible? En lugar de utilizar un pentagrama que contenga redondas, blancas, negras, corcheas, fusas, ligaduras de expresión, claves y otras figuras melódicas, el artista plástico emplea el medio que conoce para representar la cadencia del lenguaje universal. Lecturas, explicaciones, indeterminaciones sobran, y decidimos adentrarnos para tratar de saltar la empalizada, encontrar un atajo entre las cuadrículas, adivinar lo indescifrable.
El arte de la música, a pesar de ser considerado como idioma que rompe barreras entre las personas, constituye en sí mismo un objeto difícil de atrapar, descifrar, concebir. La música es una forma de abstracción compuesta de figuras de diversa índole, muchas de las cuales pudieran remitirnos a la geometría. Uno como receptor común tiene la posibilidad de alcanzar o incluso develar algunos componentes musicales básicos como la melodía, la armonía o el ritmo. Otros con una cierta capacidad, y sensibilidad natural pueden descubrir fáciles acordes mientras tocan algún instrumento. Sin embargo, únicamente aquellos que son entendidos en la materia, músicos o estudiantes de la especialidad, pueden leer, entender, irrumpir, el cúmulo de signos, dibujos y esquemas que aparecen en una obra musical. Lo mismo pasa con las lenguas extranjeras, las ciencias y las artes en sentido general.
En cierta medida, la creación de una visualidad nueva de la representación musical se conecta con la búsqueda consecuente que Eugenio Espinoza ha venido desarrollando desde los años 70 en medio de la efervescencia de la abstracción geométrica. Su trabajo ha sido reconocido y venerado en su Venezuela natal, así como en el resto de los países latinoamericanos. Impenetrable (1972) creaba un tipo de barricada similar a la que establece cuando dos personas intentan comunicarse hablando idiomas diferentes. La instalación hecha de tela cuadriculada impedía el paso del público al salón de exposición. No sólo se satirizaba la imagen que el espectador tiene de una obra de arte (sagrada, consagrada) —a la que ya de por sí resulta “escabroso” acceder debido a la cuestión de la multiplicidad de sentidos y significados— sino que además se zahería la posibilidad utópica de dialogar con la abstracción. The Rite of Spring prosigue aquel proyecto, pero dándole un matiz en apariencia menos rígido y austero a la geometría. Los sacos guindados pueden referirnos a la vulnerabilidad de las formas, la facultad de transformar lo inflexible, la indisciplinada expresividad del tiempo, las dimensiones variables de la obra y su contexto. Y aun así existe una cierta dosis de dificultad para penetrar la esencia del suceso expuesto, develar lo que se esconde tras la tela cuadriculada. La conjunción del sujeto y el objeto es como la relación que hay entre la cáscara y la pulpa de la fruta. Es un juego de peligrosa seducción, un juego de (im)penetrabilidad.
A Eugenio Espinoza le ha sido otorgada la distinción del Programa de Comisiones de CIFO (2007) y su trabajo se exhibe también en el espacio de la prestigiosa institución. Hay un sólido nexo entre la instalación que se encuentra en Von Hartz y las obras que se exponen en CIFO, donde se incluyen telas cuadriculadas que conforman diversas estructuras y una amplia serie de fotos y dibujos. The Rite of Spring juega con nociones de tensión y equilibrio, así como estimula nuestra recepción sensorial del mismo modo en que lo hacen las instalaciones orgánicas abstractas del artista brasileño Ernesto Neto, quien dibuja espacios perceptivos que involucran la visión y el olfato. La melodía de Stravinsky celosamente guardada en las alforjas colgadas traspasa la tela y nos invita a formar parte de la historia. Disminuye y crece la tensión al compás de la dramaturgia musical. Las bolsas se convierten en parte de la escenografía de una pieza dramática imaginaria que puede ocurrir en primavera. Vemos los dibujos del proceso de ejecución de la obra en la pared y entonces todo comienza a tener sentido para el espectador: la abstracción lentamente puede también ir mutando en una forma específica.
DINORAH PÉREZ-REMENTERÍA
