Justamente al día siguiente de regresar de la ciudad de Cartagena, estuve viendo un video sobre Alexander Calder, en el que se comentaba que fue uno de los primeros artistas en “intervenir el espacio”, lo que me hizo pensar en el carácter de las intervenciones contemporáneas que acababa de ver en el evento Cart(ajena).
Calder, para la concepción de sus esculturas estudiaba cuidadosamente el espacio que iba a “intervenir”. Son famosas las conversaciones que sostuvo con Pei para la instalación de su gran móvil en el edificio moderno de la Galería Nacional de Washington; en ellas se hace evidente que el diálogo entre la obra artística y el espacio arquitectónico era un asunto de vital importancia tanto para el arquitecto como para el artista, y las cuestiones que se tenían en cuenta eran en gran parte asuntos relativos a la forma. El minimalismo expande este diálogo radicalizando la relación forma y espacio de una manera que el interés se desplaza hacia la percepción del espectador; la austeridad de los objetos minimalistas nos interroga, devuelve nuestra mirada hacia nuestro propio cuerpo y a la relación que éste establece con el objeto y el espacio, de manera que lo fenomenológico cumple un rol relevante que luego dará lugar a las instalaciones. Las intervenciones de Cart(ajena) poseen una lógica heredada de éstas últimas prácticas, pero distinta.

Los curadores del evento, el comisario español Jorge Díez y el curador colombiano José Roca, concibieron el proyecto Cart(ajena) como una actividad paralela al Congreso de la Lengua Española que tuvo lugar en la ciudad de Cartagena de Indias en el mes de marzo. Los curadores eligieron 18 artistas, entre latinoamericanos y españoles, cuya obra tuviera alguna afinidad con el lenguaje y tomaron en consideración que la “inclusión del individuo en lo social se da en el momento en el que accede al lenguaje, lo que le permite nombrar, aprehender la realidad y comunicarse con los otros. En consecuencia, la lengua se constituye en el ámbito de encuentro entre individuos, espacio público, lugar de negociación. Y en la misma medida, el lenguaje puede ser una herramienta para la exclusión, la manipulación de la realidad y la imposición”1.
En estas intervenciones, como en las de Calder, es fundamental la vinculación de la obra con el lugar. De esta manera, el grupo estuvo durante una semana en Cartagena en el mes de octubre; además de recorrer la ciudad, recibieron una serie de charlas con historiadores y sociólogos, lo que les permitió a los artistas conocer y comprender el espacio que iban a intervenir: “El centro histórico de Cartagena, que reúne todas las bondades y contradicciones tanto en lo social y lo económico como en lo cultural”. Y en este punto es importante comprender uno de los tantos desplazamientos que han ocurrido entre las prácticas modernas y las contemporáneas. La ciudad, por su bellísima arquitectura y su valor histórico se ha convertido en “patrimonio de la humanidad” y en un sitio turístico de primer orden, pero más allá de su forma, es asumida por los artistas como un lugar signado por las marcas culturales y socioeconómicas que la atraviesan. La ciudad, teniendo como referencia el Congreso de la Lengua que enmarcaba el evento, se convirtió en un gran texto en el que se ponen en evidencia sus “bondades y contradicciones”. De manera que, como lo anotan los curadores, en estas intervenciones la palabra es “sitio de encuentro, pero también instancia para investigar sobre las posibilidades comunicativas y los límites del lenguaje desde una perspectiva contemporánea de las artes visuales”.
El título del evento, Cart(ajena), es en sí mismo una intervención lingüística, que afecta la palabra, su sonoridad y significado. En este aspecto el trabajo del diseñador gráfico Aitor Méndez contribuyó notablemente a la construcción de sentido del proyecto. Las fichas técnicas, de gran tamaño, utilizaron como fondo los recursos del diccionario. En letras muy tenues, en “fondo de agua”, aparecía la definición del término ajena, que hace referencia a la otredad, a lo excluyente, a lo que pertenece a otra persona, a otra clase, a otro grupo. También la palabra alude a desprendimientos: “a estar ajeno de sí mismo, estar desprendido de sí mismo o de su amor propio. Estar ajeno a una cosa, no tener noticia de algo”, estar excluido, por fuera de un hecho. Ese desprendimiento, esa otredad y exclusión pueden aludir a las diversas realidades que coexisten en Cartagena que de forma consciente se excluyen e ignoran entre sí.

El horizonte de estas intervenciones estaba constituido por la ciudad como lenguaje. Si Cartagena se presentó ante los artistas como un gran texto, sus obras se inscribieron como notas a pie de página, señalando voces ajenas a los relatos oficiales y a la imagen ultraconocida como sitio de atracción turística. Una de las “notas a pie de página” más contundentes fue la de Rafael Ortiz y Wilger Sotelo. El primero, un artista bogotano radicado hace varios años en Cartagena, donde ha realizado varios proyectos colectivos, y el segundo, un cartagenero, estudiante de la escuela de Artes, quien participó en el salón Regional de la Costa, con una obra que utiliza la imagen y la palabra. Los dos concibieron varias intervenciones sobre los muros de distintas calles de la ciudad. Sobre las paredes se pintaron rectángulos negros en los que se escribieron en letras blancas, a la manera de las definiciones del diccionario, términos locales que aludieran a situaciones de orden económico con su respectiva definición. Aguantando cable alude a una situación económica crítica. Ratoniando pechule es una expresión que da cuenta de una persona que busca una suma poco cuantiosa. Mondao y limpio, es un término que habla de un sujeto sin dinero. En varias ocasiones vi a espectadores desprevenidos que se detuvieron para leer con cuidado, e incluso para tomar nota de los términos y sus significados. Este trabajo me hizo pensar en las definiciones de Josep Kosuth, por la neutralidad del medio utilizado, la asepsia de la técnica, pero, a diferencia de los términos de Kosuth procedentes de la filosofía y el arte, estas definiciones aluden a un lenguaje marginal, pero ampliamente difundido en los estratos bajos de la ciudad ajenos a las bondades de la ciudad histórica. Gracias a la intervención estas voces ajenas se hacen visibles y cobran voz sobre los muros de la ciudad.
También utilizó la palabra escrita el artista madrileño Fernando Santos Castillo, una de sus intervenciones la hizo sobre un balcón, donde escribió con bombillos la frase: "Todos somos indeseables". Una frase muy fuerte en el contexto de una ciudad como Cartagena, en la que los foráneos y los ciudadanos se presentan como seres que se repelen más allá de las apariencias. Ángela Detánico y Rafael Laín, de Brasil, utilizaron también lo luminoso para aludir a otro tipo de escritura: el lenguaje para ciegos que da lugar al título Braile ligado; una escritura hecha con tubos de luz fluorescente, donde se presenta la paradoja de que es un escritura para invidentes que debe ser percibida a través de la vista.
El mexicano Pablo Helguera y la artista colombiana Johana Calle intervinieron el Museo Histórico o Palacio de la Inquisición. Calle hizo dos señalamientos acerca de las edificaciones cartageneras, con su obra Chamabcú Abdalá. Uno de ellos con dibujos de pequeño formato en tinta y otro con dibujos en alambre. Las tintas hacen referencia a la presencia mudéjar en la arquitectura de la ciudad histórica, a través de un dibujo que replica los diseños árabes, pero a cambio de líneas utilizó una escritura delicada y muy pequeña. Estas estructuras se rompían en algunos puntos, las letras se enmarañaban creando agujeros o mostrando una discontinuidad en el diseño. Las jaulas de alambre evocaban un lenguaje deshecho, desbaratado, se trataba de pequeñas jaulas para pájaros que hacen alusión a las viviendas de Chambacú, construcciones muy precarias, ajenas a los ojos de los visitantes. Como lo señalan los curadores: “En ambos trabajos está presente la voluntad de introducir desgarraduras y anomalías en la estructura, señalando que lo aparentemente ordenado y racional está cargado de desigualdades”. Pablo Helguera intervino la Sala de Indias con una grabación: Suite Getsemaní que se podía oír a través de audífonos. La inserción de esta obra en el lugar es particularmente interesante y me permite ratificar la idea de una “nota a pie de página” que se introduce dentro de otro texto. La grabación se colocó al lado de un panel y una pintura de San Pedro Claver. En el panel se explica la influencia africana en la cultura, la gastronomía y la música cartagenera y en la pintura, el santo bendice a un niño negro que beatíficamente es acogido por la religión católica. El proyecto de Helguera presenta otra cara de la historia, dicen los curadores: “Desde hace varios años, Pablo Helguera se ha dado a una tarea singular: preservar las lenguas que están en vías de desaparición, debido a que los grupo humanos que las hablan son forzados a aprender idiomas hegemónicos para poder sobrevivir. (…) para Cartagena, Helguera grabó sonidos y voces y realizó entrevistas en el popular barrio de Getsemaní”.

En la galería de arte Art Cartagena, el artista español Isidoro Valcárcel Medina, montó una columna sonora, una especie de parlante negro que iba del techo al piso, en el que estaban organizados distintos discursos metódicamente ordenados e interrumpidos, de manera que sólo se escuchaban golpes de palabras, golpes de voz de distinta procedencia; en la parte de abajo se profería un discurso continuo, en voz muy baja, de manera que no se alcanzaba a entender nítidamente lo que se decía. Al lado de la columna se puso una escalera para que el espectador accediera a los distintos niveles de voces y discursos. El efecto general era una textura sonora en la que “se entremezclan desde balbuceos, americanismos, arcaísmos y palabras en uso hasta las transparencias de palabras posibles procedentes de un trabajo del año 1970 del artista”. Esta columna hacía un señalamiento a las raíces de la lengua: “Las raíces de las que surge y las ramas en las que se expande la lengua española quedan subsumidas en ese tronco común en el que conviven y pugnan los ecos y expresiones de los hombres y mujeres que transforman nuestra lengua desde hace siglos”.
Dora García, artista española, también participó con grabaciones de voz que llamó Rezos. Con estas grabaciones señaló “un enlace virtual” entre Cartagena y Madrid, al replicar una experiencia que hizo en la capital española, que consiste en grabar voces de transeúntes que describen una parte de la ciudad. En su caso, Cartagena se hizo presente a través de la narración oral de gente común y de los múltiples sonidos que se registran como telón de fondo de la voz.

Otros participantes fueron los artistas cartageneros Oswaldo Maciá y Álvaro Restrepo. El primero intervino el coro del Museo de Arte Religioso con la obra Calumnia, señalando a través de una afectación sensorial total, vista, olfato y oído, “los vicios que acechan al Poder”. Restrepo hizo una presentación en distintos lugares, con el grupo el Colegio del Cuerpo. Frank Kalero, barcelonés, realizó su propio texto. Concibió un libro que tiene como referencia un escrito del colombiano William Ospina, alrededor del cual se recogen imágenes y relatos de distinta procedencia, en torno a los más diversos aspectos de la realidad colombiana. Juan López, intervino la vitrina del almacén del Museo de Arte Moderno con dos videos; en uno de ellos, un español profiere toda clase de insultos; en el otro, hace lo mismo un cartagenero. El léxico de cada uno, a pesar de compartir la lengua española, es particular, es el tono airado y los gestos, lo que les concede similitud; un transeúnte se sintió violentamente afectado por la obra y exigió que se apagaran los videos, una prueba de que la palabra y la obra, no resultaban inocuas. Alicia Martín, madrileña, señaló la eficacia de los libros sobre el poder de la guerra, con la realización de un gran meteoro de libros que apuntaba desde una ventana del Museo Naval. Ester Patergás, oriunda de Barcelona, hizo un señalamiento acerca del sentido de la palabra "Civilización", que puede ser entendida como su contrario, como un acto de barbarie al asociarla a unas cadenas que pendían del balcón del palacio de la Gobernación. Raymond Chávez, colombiano, hizo un señalamiento acerca de Cartagena y “las formas de decir y ocultar que son propias de la prensa”, a través de un periódico que tituló Enviado especial. Durante tres semanas acompañó a los periodistas del diario La Verdad de Cartagena, en la búsqueda de noticias. Él, como artista plástico, imprimió un tabloide en el que omitió la palabra y utilizó la imagen para dar su propia versión de los hechos. El artista venezolano Luis Romero hizo un señalamiento acerca de la polisemia que puede tener el cartel callejero. Como en otras ocasiones, trabajó con otros artistas que intervinieron carteles que se pegaron en distintos muros de la ciudad generando imágenes y sonoridades inusuales en este tipo de impreso. El artista vasco Jon Mikel Euba, presentó una instalación en la Escuela de Bellas Artes que hace parte de un proyecto que viene desarrollando tiempo atrás, acerca de la iconografía de Velázquez, el proceso de este trabajo involucra la relación texto-imagen.
No me imagino la “intervención” que hubiera hecho Calder en la hermosa ciudad de Cartagena, y tengo una vaga idea de lo que podría ser una intervención de Serra, pero de lo que sí tengo certeza es que Cartagena se ofrece después de este evento como un texto intervenido, lleno de anotaciones, abierto a una nueva lectura cuyo sentido se sintetiza en el acertado nombre de Cart(ajena) que de forma tan certera preserva la naturaleza de estas intervenciones artísticas.
NOTAS
1. Palabras de los curadores en el plegable que acompañó la muestra. Todas las citas de este escrito proceden de este documento.
MARTA RODRÍGUEZ

