Tal y como prometió al finalizar la pasada edición de ARCO, Lourdes Fernández planteó ARCO 2007 como una feria de transición que serviría para cerrar el proyecto que durante 20 años lideró Rosina Gómez-Baeza y presentar por fin una feria renovada el próximo año 2008 coincidiendo con la inauguración de dos nuevos pabellones en IFEMA y con la presencia de Brasil como país invitado.

La insistencia en esta idea de una edición transitoria, en la que no quedarían fijados todavía los grandes cambios que se supone llegarán, sirvió para atenuar la ansiedad con respecto a los resultados que se podrían esperar y para empezar a dibujar los lineamientos de la nueva administración que, en efecto, entró discretamente pero con pie firme.
En términos generales, más que cambios, lo que se notó fue una especie de limpieza general que se evidenciaba en el planteamiento arquitectónico –pasillos más amplios y menos jerarquizados–, en la ausencia de elementos superfluos desaparecieron las zonas de descanso tematizadas y lo–infames chill outs–, en la redistribución de los pabellones institucionales, que no sólo parecían menos sino que estaban ubicados claramente separados del programa general, en la notable reducción del programa de mesas de discusión y, finalmente, en la ubicación preeminente de los stands dedicados al país invitado, que se encontraban en el centro del pabellón 7. Otra cosa que se minimizó fueron los proyectos paralelos, que en esta ocasión se centraron en un conjunto de proyectos comisariados y en el espacio The Black Box dedicado en principio a video arte y nuevas tecnologías. Si bien este último espacio sigue apareciendo borroso en su sentido y en sus contenidos, la feria ganó definitivamente en claridad.

Paradójicamente, una vez desprovista de toda la parafernalia y el espectáculo que se le habían ido adhiriendo con los años, se pudo ver ARCO por fin tal cual es, al margen de las directivas, es decir, la responsabilidad del contenido recayó, como es normal, en las galerías y en sus proyectos expositivos. Desde esta perspectiva se vislumbró la dificultad a la que se enfrenta ARCO en un panorama global cada vez más competitivo y atomizado. Del lado de las galerías españolas asiduas a la feria, se pudo comprobar que el nivel es más bien medio y una gran parte de ellas –¿será casualidad que se trate de las más reputadas?– apenas rozan la mediocridad con propuestas trasnochadas, artistas reciclados y piezas de segunda o tercera categoría. Una de las tareas pendientes para la nueva administración de la feria será sin duda reestructurar el mapa galerístico español, por lo menos durante el evento, de modo que cobren importancia las galerías quizá con menos tradición, pero con propuestas frescas y mucho más interesantes que hasta ahora habían permanecido a la sombra de las “grandes galerías” locales. En este sentido, la recepción crítica del arte español puede cambiar radicalmente si se da importancia a proyectos como Travesía 4, Projectes D, Vacío 9 o Nogueras Blanchard, por nombrar sólo a algunas galerías con propuestas jóvenes, que buscan artistas interesantes y que desarrollan un programa propio y bien fundamentado capaz de darle un giro a la percepción que muchas veces se tiene del arte que se produce en la península.

En términos de las galerías extranjeras, la nueva administración hizo un enorme esfuerzo por traer 50 galerías de todo el mundo que se presentaban por primera vez en ARCO. De entre todas destacaba como la joya de la corona la Pace Wildenstein Gallery, con sede en Nueva York, y que presentó un buen conjunto de obras maestras contemporáneas. Además, se logró la participación de un considerable número de galerías jóvenes que han participado en el circuito internacional en diferentes niveles. Entre ellas, destacaron las propuestas de Vera Cortês Agency, de Lisboa; Nicola von Senger, de Zurich; Josée Bienvenu, de Estados Unidos, o Kicken, de Berlín, una galería con una trayectoria algo más dilatada. No se puede ignorar tampoco la creciente presencia de las galerías asiáticas. Por un lado, y después de cierta polémica por la censura política y posterior dimisión de la comisaria que originalmente se encargaba de seleccionar los proyectos coreanos que se presentarían en España, las cuatro galerías coreanas invitadas –Arario, Duru Art Space, Gana Art Gallery y Kukje Gallery– suscitaron un amplio interés del público, al presentar una gran cantidad de trabajos que destacaban por su aspecto manual, construcciones precisas con materiales trabajados al detalle sin duda sorprendentes y perfectamente terminados aunque algo dispares en cuanto a su apuesta conceptual. El caso de las galerías chinas tiene también sus peculiaridades; por un lado por la manera en que se van adaptando a un mercado del arte occidental plenamente integrado en un capitalismo voraz, y por otro, por el potencial que el propio país representa como mercado para occidente. Da qué pensar que de las cinco galerías con sede en China que participaron en ARCO, dos de ellas –Marella Gallery y Urs Miele– sean de origen europeo. Si el mercado del arte está en efecto tan globalizado como el capital, vuelve a surgir el cuestionamiento sobre la importancia que puede llegar a tener el origen de un proyecto galerístico, especialmente cuando la tendencia es a manejar indistintamente artistas de orígenes diversos. A la larga, ésta es el verdadero punto débil del sistema ferial tal y como se ha estado dibujando en los últimos años, pues la tendencia inevitable es a ver las mismas cosas en todos lados, de ahí la dificultad actual para dotar a una feria de una personalidad propia y de un elemento diferenciador que sirva para atraer a un público cada vez más informado y con una creciente sensación de dejà vu. No es casualidad que, desde el año pasado, ARCO se haya encontrado con un competidor local, la feria Art Madrid, que, sin duda, ha aprovechado la ambigüedad conceptual que había estado sufriendo la feria los últimos años para situarse como una alternativa para el público más acostumbrado a lo convencional y que aquí es mayoría. Lo que se planteó como una feria de “rechazados” parece que está funcionando, atendiendo principalmente a la amplia demanda de soportes tradicionales –pintura y escultura fundamentalmente– y de nombres clásicos de artistas locales (Miró, Tàpies, Barceló, Saura, etc.) lo que quizá representa el mercado del arte más real y más amplio que hay hoy por hoy en España. Que una feria de este tipo consiga atraer a un público que o bien no asistía a ARCO o que sólo visitaba la feria como paseo cultural –incluso para seguirse sorprendiendo con las cosas tan raras que pueden venderse en una feria de arte contemporáneo– es sintomático de las carencias y disparidades de las que sufre el ámbito artístico en España, principalmente de un exceso de espectacularidad banal y de una ausencia de crítica verdaderamente informada e informativa. Queda ver cómo se establecerán en el futuro los públicos de ambas ferias y si será posible que eventualmente funcionen como una especie de mancuerna.

Por su parte, y precisamente en la búsqueda de dotar a ARCO de una especificidad dentro del panorama ferial, Lourdes Fernández ha manifestado claramente su decisión de recuperar la relación privilegiada que ARCO había tenido con América Latina y que durante años fue precisamente el elemento que le daba un carácter particular a la feria pero que finalmente nunca llegó a cuajar en todo su potencial.
La perspectiva de la presencia de Brasil como país invitado el próximo año se dejó notar con fuerza ya en esta edición, especialmente después de que en los últimos años la presencia de galerías brasileñas, y en general, latinoamericanas mermara notablemente. Además de la presencia de galerías bien establecidas como Baró Cruz, con trabajos de Jac Leirner, Alberto Simon y Lina Kim; Casa Triângulo, con obras de Nazareth Pacheco y los proyectos colectivos multimedia de Assume Vivid Astro Focus (AVAF); Laura Marsiaj. con un despliegue del proyecto GFP Bunny de Eduardo Kac o Brito Cimino, con una buena selección de obra de Rochelle Costi, Caio Reisewitz, Leandro Erlich, Nelson Leirner o Regina Silveira, entre otros, el curador Ricardo Resende seleccionó para el programa de Proyectos otras cuatro galerías: Leme, con trabajos de Felipe Cama, Fernanda Chieco y Sandra Gamarra; Nara Roesler, con la instalación fotográfica Madona do Raio de Arthur Omar; Ybakatu Espaço de Arte, que propuso a la artista Débora Santiago, y Leo Bahía, que presentó el proyecto Pasiagem submersa de Joâo Castilho, Pedro David y Pedro Motta. Estas dos últimas galerías se ubican además fuera del eje dominante Rio-São Paulo. Entre las más nuevas incorporaciones se cuentan también Novembro Arte Contemporánea, la galería Toulouse y la galería Virgilio, sin olvidar por supuesto la consistente y seria propuesta de la clásica galería Dan, donde nunca faltan pequeñas joyas entre las que se contaban dos piezas de Soto, los dibujos de Mira Schendel o las pequeñas esculturas-objeto de Lygia Clark. En conjunto, todas estas galerías ofrecieron un panorama bastante completo y diverso del riquísimo bagaje artístico de Brasil, que no hace sino reforzar las expectativas sobre su presencia en la feria el próximo año.

Si bien es cierto que la presencia de Brasil era claramente dominante, no faltaron representantes de otros países latinoamericanos, desde las consistentes propuestas de OMR con una selección de sus artistas habituales, además de un proyecto fotográfico de Mauricio Alejo o Ruth Benzacar, hasta propuestas menos consolidadas o directamente inéditas, como Daniel Abate, de Argentina; KBK y Emma Molina, de México, además de la galería Hilario Galguera, que, como era lógico, causó una gran sensación mediática con un despliegue cuanto menos pretencioso de obras de Damien Hirst (otro caso a favor de la deslocalización de las galerías globales), y de la siempre propositiva Art & Idea, con una instalación de Diego Teo. De Costa Rica repitió Jacobo Karpio con trabajos de Yamil de la Paz, Lucía Madriz y Joaquín Rodríguez del Paso, y de Cuba, las galerías Habana y La Casona, así como la galería uruguaya Sur. Se estrenaron con un más que aceptable resultado la galería ecuatoriana DPM, con obras de Pablo Cardoso y Manuela Ribadeneira, la galería Lucía de la Puente de Perú con la obra de Sandra Gamarra, y destacó especialmente la colombiana Casas Riegner con obras de María Fernanda Cardoso, Johanna Calle y una muestra excelente del trabajo de Mateo López.

En general, la última edición de ARCO ha funcionado como una especie de tabla rasa desde la cual comenzar a reconstruir la feria. No cabe duda de que quedan sorpresas y novedades para la próxima edición. Por lo pronto, parece que lo que le tocaba hacer al nuevo equipo rector, lo ha hecho. Queda ver si las galerías participantes estarán a la altura.
ISSA MARÍA BENÍTEZ
Historiadora de arte especializada en arte contemporáneo y teoría del arte.

