Exposición Individualjun 2007 - ago 2007· Por Ivonnett Arcia Zamora

Ángel Ramírez

Centro Provincial de Artes Plásticas Eduardo Abela

Ángel Ramírez es una de las voces más notables dentro del arte cubano contemporáneo. Lo distinguen su versatilidad, la constante experimentación y la solidez de sus propuestas. Su obra, deudora de nuestra capacidad para asimilar y recombinar códigos foráneos, se caracteriza por la refuncionalización de íconos medievales para construir ácidas parábolas donde el hic et nunc prevalece. Es poseedor de una prolífera carrera como grabador y pintor, sin embargo, la exposición que acogió el Centro Provincial de Artes Plásticas Eduardo Abela, durante el mes de marzo, se concentró en el grabado.

Desde el título de la exposición, Ángelagrabado, se nos exhorta a apreciar y repensar la trayectoria artística de Ángel Ramírez a través del grabado. Es una suerte de muestra retrospectiva que antologa importantes piezas pertenecientes a distintas series. Todas ellas exhalan un rasgo que identifica la poética de este creador: la conjunción imagen-texto enfatiza y/o amplía los niveles de sentido, mientras que el título funciona como paratexto, devela las sutilezas y sagacidades de la obra, constituye el guiño paródico, media entre lo dicho y lo sugerido.

Exposición Individual: Ángel Ramírez — imagen 1
Ángel Ramírez. Hay algo que aun no te he dicho, 1990. Técnica mixta. 100 x 80 cm. (39 1/4 x 31 1/2 pulgadas).

En muchas de las propuestas exhibidas, el grabado deriva no sólo medio de expresión personal y comunicación, sino que también se erige en espacio de reflexión tautológica. La imagen impresa nos descubre su interés por apropiarse de la vida cotidiana, por interactuar con la tradición artística y el contexto cultural, así como la importancia que les otorga a su forma, sus recursos expresivos, su contenido, su técnica, su recepción, su soporte. La exposición encarna la nueva dimensión que ha alcanzado el grabado en nuestra isla desde la década pasada: se transgreden los métodos tradicionales, convive y se nutre de otras manifestaciones, utiliza cualquier soporte y se subliman estrategias discursivas que comportan una “impresión”, una “huella”, que tienen carácter múltiple.

Al penetrar el espacio galerístico, el receptor interactúa con el proyecto Dando y dando, piezas que descubren tanto la capacidad de Ángel Ramírez para reapropiarse de imágenes y códigos de la Historia del Arte Universal y del arte cubano como su habilidad para readecuar su simbología personal al estilo de otro creador, en función de un discurso común. Asimismo, la acción grupal que presupone el trabajo dual redimensiona esa cofradía que representa el gremio artístico, especialmente el intercambio de los grabadores en el Taller del Callejón del Chorro.

Apenas tres escalones nos conducen a una zona en la que confluyen la ideología, la lucha de poder y la jerarquía del símbolo rey, la paz y la muerte, el bien y el mal; recinto que establece sugestivas metáforas sobre nuestro entorno sociocultural. En trabajos como 2/1 y Vayamos por parte asistimos, además, al diálogo entre el taco, asumido como obra de arte, y la impresión de distintos fragmentos de la obra; ello implica que el receptor realice un ejercicio de construcción-deconstrucción para disfrutar del juego entre las partes y el todo.

Intención análoga podemos apreciar en La Habana (fragmento) —ubicada en la tercera sala—, donde la decodificación-recodificación de pequeños espacios habaneros, significativos en términos socioculturales, nos sugiere cómo Ángel Ramírez ve la ciudad. Visión siempre renovada en cada puesta en escena de acuerdo con el espacio que cobije esta instalación gráfica. Por su parte, los trabajos que integran la serie inspirada en los papeles de regalo también conjugan códigos medievales con símbolos de nuestro contexto cultural y sociohistórico. Cuentos de Ada sin censura nos habla de la manipulación de la imagen, el dibujo/papel alba se superpone a la calcografía y modifica las connotaciones del grabado; en consecuencia, se edifica una nueva propuesta visual. La nota más altisonante de esta serie es el sarcasmo de la historia narrada.

Las piezas en su conjunto devienen hipérbole de cómo el arte se recicla a sí mismo en la posmodernidad. En este sentido sobresale la destreza del artista al manipular íconos medievales, vaciados de su otrora función religiosa, pero sin desestimar la carga semántica de estos íconos, ricos en dobleces polisémicos que apoyan sus fustigadoras metáforas sobre una realidad profana, cargadas con una fuerte dosis de humor. Este gesto evoca nuestra vocación por el toma y daca, y el afán desacralizador que tempranamente conformó nuestra idiosincrasia. La exposición trasluce un sagaz hacedor del arte de la estampa, donde la relectura del pasado posibilita reflexionar sobre el presente, donde la Historia del Arte se presenta como coartada para el discurso tautológico. El arte de la gráfica emerge como el eje de sentido e hilo conductor de la muestra, que nos permite ir tras la huellas de Ángel Ramírez.

IVONNETT ARCIA ZAMORA

Ángel Ramírez, por Ivonnett Arcia Zamora | artnexus