La artista venezolana Amalia Caputo presentó en el Museo Alejandro Otero de Caracas su más reciente exposición individual bajo el título Fe, cuerpo y artificio, entre noviembre 2006 y marzo 2007. La exposición reunía un conjunto de videos y fotografías a color impresas en gran calidad sobre vinyl en torno al tema de la corporeidad. En su obra, el retrato del cuerpo desnudo es el marco para imágenes y objetos que muestran el pensamiento y las aspiraciones que sobre el mismo se tienen. El cuerpo que habitamos aparece como fachada de vida y experiencias y víctima de nuestras obsesiones. A lo largo de la exposición está presente la tensión contemporánea entre el cuerpo real y el idealizado, entre lo que es y lo que se desea.

Un grupo de obras plantea la posibilidad del cambio estético por medio del artificio. Con ingenio y tecnología, el cuerpo puede ser transformado acorde con el ideal, el cual a su vez es resultado de una cultura en la que influyen múltiples factores, especialmente el publicitario. Símbolo de estas intervenciones es un implante de silicona sostenido por una mano, como una naturaleza muerta de nuestros tiempos, tal y como aparece en la obra Untitled 1&II, 2006. En contraste, y lejos de esas preocupaciones, está presente el cuerpo libre e integrado a la naturaleza en el video The inner tree, 2005.
La fe es otro de los temas sobre los que indaga la artista en limpias composiciones de gran formato en las que el cuerpo es portador de pequeños signos y amuletos. Una galleta china de la suerte sobre la palma de una mano hace evidente la existencia del destino escrito tanto en el papel en el interior de la galleta como en las líneas de la mano; una cinta colorida alrededor de un cuello lleva la frase “Dios cumple sus promesas”—para no olvidar—. Sobre lo corporal y concreto se expresa lo intangible. Estas obras se destacan por ser detallados acercamientos a partes del cuerpo en una composición solemne como el tema. En el díptico Fear-Faith, 2004, aparecen la fe y su contrario, el miedo, a través de la figura de un niño con el rostro cubierto, aislado en sus percepciones y con cada sentimiento escrito en grandes letras, que es lo único que diferencia las imágenes.
Los cuerpos expuestos están libre de artificio, son jóvenes y sanos y su desnudez no es agresiva, no son bellos ni feos, no están manipulados para ser gloriosos o grotescos, como suele ocurrir en el arte o en la publicidad. La visión de Amalia Caputo es humanista y se pregunta sobre el ser natural y las intervenciones culturales. La primera intervención es la ropa interior, y así se nos presenta el video Underwear, 2005-2006, en el que dos monitores proyectan un cuerpo dividido: la parte superior son los pechos, y la inferior, unas caderas femeninas, sometidos a la acción obsesiva de colocar un sostén sobre otro y una pantie sobre otra, en un intento desesperado por encontrar la apariencia adecuada y manifestando incomodidad con los atributos que se poseen.
En la exposición aparecen los asuntos de la apariencia y las creencias, pero también los traumas y la sanación como parte de la historia corporal. En la obra múltiple The Void-La casa pesa, 2004, compuesta por diez imágenes, se presenta el cuerpo que habitamos como sujeto de metáforas y alegorías y también con elementos como prótesis que remiten a obras anteriores de la artista. La trayectoria expositiva de Amalia Caputo tiene como constante el trabajo sobre el tema del cuerpo, que comenzó por la investigación del propio y ha ido ampliando hacia el del otro, siempre como un elemento icónico, símbolo de la acción del tiempo y las intervenciones culturales, con investigaciones específicas sobre los atributos de los géneros y los objetos prostéticos. La diferencia entre géneros aparece cuestionada en esta exposición en la obra Paradigm of love, 2004, cuatro imágenes de una joven pareja en la que poco se diferencian sus componentes en sus características físicas.
Cuerpo y pensamientos aparecen en las imágenes de Amalia Caputo para cuestionarnos sobre el mundo contemporáneo y su representación. Cada imagen no sólo hace un comentario sobre el las expectativas de cada individuo sino que se dirige a esferas más amplias y contextualiza el cuerpo natural como representación de vida y residencia. Existen muchas y sutiles maneras de utilizar el cuerpo para fines ajenos a su intención primaria. En esta exposición, luego de una reflexión, lo natural se impone sobre el artificio.
SONIA CASANOVA
