Exposición Individualabr 2007 - jun 2007· Por José Manuel Springer

Susan Schmidt

Galería Praxis

La impresión que causan las pinturas de Susan Schmidt va más allá de la idea de representación y se acerca más a la idea de un montaje; una serie bien planeada en la que un cuadro sigue a otro, cambia de perspectiva y personaje, y desarrolla una trama, apoyada en un plano secuencia de una cámara de cine. Las secuencias pintadas, aunque inspiradas en el cine de los años 40 y 50 (de autores como Otto Preminger, Alfred Hitchcock, Michael Curtiz) resultan contemporáneas, pues todo el conjunto desarrolla el tema de la relación de pareja y las expectativas de esos hombres y mujeres que forman parte de la llamada "Generación Yo". La propuesta artística de Susan Schmidt trae a la mente las películas de la directora británica Sally Porter, con quien comparte el uso del baile como recurso alegórico para tratar los encuentros y desencuentros de la pareja.

Exposición Individual: Susan Schmidt — imagen 1
Susan Schmidt. No tan quieto y oscuro, 2006. Óleo sobre tela. 122 x 150 cm. (48 x 59 pulgadas).

Apasionada de los filmes clásicos del cine americano, Susan Schmidt se inspira en la estética de sus imágenes de plata, llevándolas a un simbolismo pictórico que describe las edades de la mujer (desde la niña, la adolescente hasta la mujer adulta y madura) y define la presencia masculina en términos más generales. Lo masculino está representado por el mismo modelo, sin variaciones de edad. Schmidt dice que esto es deliberado, “porque el envejecimiento no causa la misma ansiedad en los hombres que provoca en las mujeres”. Not quite so still and dark retrata a una adolescente desenvuelta, semioculta tras un antifaz, la cual, no obstante su corta edad, posee una mirada firme y desafiante. Pétalos blancos caen simbólicamente en el fondo, dando pie a varias interpretaciones: la pérdida de la inocencia, la fragilidad femenina, la manera en que ella se siente. Con candor e ironía, la pintura nos deja ver el complejo rito de transición entre la niñez y la juventud femenina.

La transición entre edades nos lleva a una obra que refleja la sensibilidad de la mujer adulta y los frágiles vínculos sobre los que se construyen los afectos entre mujer-hombre. Tal es el caso de How very strange the world can appear, en la que la esbelta joven rubia observa a ese pequeño hombre, representado en menor escala, que gira sobre sí, ajeno a la condescendiente mirada que le dirige ella. La escena está resuelta con ese sentido de humor negro que recorre la obra de Schmidt. Ella es una versión contemporánea de la controvertida Madame X, aquel retrato del célebre pintor estadounidense John Singer Sargent de la mujer independiente de principios del siglo XX, vestida de negro impecable, con guantes que envuelven sus largos brazos; en ambas obras, la mujer deja de ser el objeto para asumirse como sujeto activo: un juego en el que los roles tradicionales hombre-mujer han sido perspicazmente invertidos.

El uso de dos escalas para representar a los personajes deja claro que las pinturas de Schmidt están decididamente construidas contrastando figuras de tensión con figuras en movimiento, lo que otorga a la serie el carácter de toda una secuencia narrativa que va desde el close-up al plano general, todo en un solo cuadro. Éste es un tipo de pintura que responde al paradigma de la cultura actual: la fusión de medios, tiempos y temáticas, brevedad y concisión, expresado en ese instante detenido sobre el lienzo.

El lenguaje cinematográfico de las últimas décadas ha desarrollado estéticas sumamente estilizadas y narraciones barrocas, como las de Quentin Tarantino, en las que a menudo se mezclan valores en decadencia con circunstancias melodramáticas y tramas policíacas. En el lado opuesto encontramos autores como Jim Jarmusch o Lars von Trier, cuyo cine está enfocado en un tratamiento que combina lo teatral con lo documental, y un desarrollo que va uniendo situaciones muy delicadas hasta llegar a un final contundente. Creo que ése es el tono en el que podemos ubicar la pintura cinematográfica de Schmidt.

La novedad surge de la repetición, como aquello que resulta poco familiar en medio de la rutina. Los actores de teatro saben que habrán de repetir sus líneas una y otra vez y en cada función habrá un elemento espontáneo. Hacer algo que sea imprevisto pero también coherente con un hecho específico es la meta que se ha planteado Schmidt desde su arte. Su obra está plena de observación de gestos, de expresiones y miradas, de la tensión y la soltura del cuerpo durante el baile. Como dice John Berger, “el hombre actúa; su presencia depende de la promesa de poder que encarne. Si la promesa es creíble, su presencia es llamativa, deja ver sus objetivos”. En contraste, la presencia de la mujer expresa su propia actitud hacia sí misma. En There is no danger in any of this, la presencia de la mujer diminuta emana un aura, el hombre la observa, pero ella se autoexamina y es más consciente de sí. Ella se contempla, él está descubriendo el deseo que siente. Con obras como ésta, la artista nos da la pauta que determina la mayoría de las relaciones hombre-mujer pero también la relación de la mujer consigo misma.

La pintura de Susan Schmidt revela un examen de los roles masculino y femenino, que concluye con afirmaciones sobre la manera en que la mujer se ve y como desearía que la viesen los demás. Dentro de ese mundo de reflejos y proyecciones, un mundo platónico sin duda, la mujer se encuentra en el interior de una puesta teatral en la que debedesempeñar el doble papel de actriz y el de su propia identidad, descubrir la línea entre uno y otro es el leit motif de su pintura.

JOSÉ MANUEL SPRINGER

Susan Schmidt, por José Manuel Springer | artnexus