Las subastas de arte latinoamericano de noviembre de 2006 fueron un éxito rotundo tanto en Sothebys’s como en Christie’s; superaron las expectativas y demostraron, una vez más, la solidez y el crecimiento del mercado en esta categoría del coleccionismo. También fue una temporada en la que se vio el amplio reconocimiento que reciben las obras de Fernando Botero y el atractivo que tienen para los coleccionistas internacionales y que lo ubican en la categoría de los artistas vivos más importantes de Latinoamérica.

La primera subasta se realizó en Sotheby’s, donde se registró un éxito con la venta de Tres mujeres caminando, de Zúñiga, por US$1.024.000, el primer gran precio logrado en la subasta, aunque de ninguna manera el último. Otra escultura del mismo artista, Desnudo de Virginia, en ónix claro, provocó una notable competencia que hizo elevar su precio base de US$90.000/120.000 a US$688.000. El siguiente éxito de la noche fue el hermoso Gerzso de 1957 que había llamado mucho la atención durante la exposición, gracias a su gran calidad. El precio de esta pintura se había fijado en US$225.000/300.000 pero despertó una encarnizada puja entre cuatro postores, uno de los cuales logró llevársela por US$620.800, el doble del estimado máximo, lo cual significó un nuevo récord mundial para el artista. La experta a cargo, Carmen Melián, expresó sus puntos de vista después de la subasta: “A la escultura le fue particularmente bien en esta subasta. También vimos una fuerte participación internacional en la franja, donde los compradores no latinos representaron más o menos el 50% de las ventas nocturnas”.

El lote de la portada, Jugadoras de cartas, era una pintura de Botero de 1989 que tomó este famoso tema del canon de Cezanne y lo transformó en una alegre representación de cortesanas y rufianes desnudos y cuyo espíritu se asemeja más a los personajes de las pinturas de Caravaggio. La pintura se vendió en US$1.696.000, un precio astronómico si se tiene en cuenta la fecha, lo que indica que el precio de obras importantes del artista ha ido subiendo de manera constante sin excepción, atrayendo a coleccionistas de todas partes del mundo y a una nueva clientela de base asiática que se hizo presente en estas subastas y pujó activamente por los Boteros vía telefónica y tenía representantes en las dos casas. Debido a la gran cantidad de obras de Botero presentadas en las dos subastas, se podría determinar en realidad que el éxito de éstas dependió en gran parte del desempeño de este artista en particular. A sus tres esculturas les fue muy bien: Adam and Eve, con un estimado de US$500.000/600.000, se vendió en US$576.000; Man with cane se vendió por US$408.000, muy por encima del precio fijado, US$225.000/275.000; la hedonista Woman with Cigarette llegó a US$464.000; de las dos esculturas pequeñas, Little Bird también superó su precio base de US$150.000/200.000 y se vendió por US$216.000, y lo mismo ocurrió con Seated Woman, que tenía el mismo estimado de US$150.000/200.000 y se vendió por el mismo precio de la anterior, US$216.000, con lo cual las esculturas de Botero lograron un total de US$1.664.000. En la subasta había otras dos pinturas del maestro a las cuales les fue muy bien; la primera que siguió al lote de cover fue Naturaleza muerta con cafetera, a la que se le había fijado un precio de US$400.000/600.000 y se vendió en US$744.000, por encima del estimado alto; y un pequeño desnudo recostado, de 1998, Reclining woman, que sorprendió a todos al venderse por más del doble del estimado de 90.000/120.000, ya que logró US$419.200, además de un pastel sobre lienzo, Bailarines, estimado en US$150.000/200.000, que logró US$240.000. Con esto, el total de las pinturas de Botero llegó a US$3.109.200, que agregado a lo obtenido por sus esculturas se convierte en la impresionante suma de US$4.773. 200, es decir, más de una cuarta parte de toda la subasta de Sotheby’s, incluidos los totales de la sesión diurna. Sin embargo, hubo dos pinturas tempranas que no se vendieron y no despertaron interés, El niño de Vallecas, de 1960, una melancólica reinterpretación de la descripción hecha por Velázquez de un enano de la corte de los Habsburgo españoles. La otra, Niña a caballo, de 1961, tampoco encontró comprador, lo que indica claramente que los nuevos coleccionistas no aprecian la obra temprana, incluso si puede adquirirse por un cuarto del precio de un Botero clásico.

En Christie’s, el lote de cover también tuvo mucho éxito. Las coloridas ofrendas florales y bellezas indígenas de Ramos Martínez eran reminiscencias de las pinturas de los trópicos de Gauguin, y sin duda fueron un incentivo para los coleccionistas, que hicieron que el precio base de US$350.000/450.000 se elevara a la increíble suma de US$1.800.000, un nuevo récord mundial para el artista. Otro gran éxito para el arte mexicano se registró con la venta de El reino vegetal es un país lejano, de Juan O’Gorman, que con un precio base de US$40.000/60.000 se vendió en US$240.000, más del triple del estimado máximo. El precioso laberinto surrealista de Leonora Carrington, Ulu’s pants, se vendió en US$296. 000, sobrepasando su estimado de US$200.000/250.000.

El triunfo de Botero en Christie’s también significó totales altos. Su primera obra ofrecida, El Infierno, era una escena religiosa del tipo que los coleccionistas normalmente evitan; sin embargo, logró superar el precio asignado, US$120.000/180.000, para llegar a US$240.000. Le siguió de cerca Dancers, la primera escultura de la noche, que con facilidad sobrepasó los cálculos de US$500.000/600.000 y se vendió en US$632.000. El siguiente Botero de la noche había estado en subasta varias veces en ocasiones anteriores; se titula Los amantes, una atractiva e irónica pintura en la que el enorme cuerpo de la mujer eclipsa por completo a su compañero dormido; tenía un estimado de US$800.000/1.200. 000 y logró US$1.080.000. Shoeshine siguió los pasos del éxito, y aunque fue pintada en 1989, alcanzó US$912.000, superando su estimado de US$350.000/450.000. Woman in Profile, de 1992, tenía un precio base de US$150.000/200.000 y se vendió en US$180.000; a Donna sul leto, la segunda escultura ofrecida, se le habían fijado US$550.000/750.000 y llegó a US$542.400, siendo la única obra de Botero que se vendió por debajo del estimado. La última obra ofrecida fue Self Portrait in costume as Velazquez, otra obra que unos meses atrás habría sido difícil de vender pero que superó con facilidad su estimado de US$400.000/500.000 y logró el increíble precio de US$1.057.600. Virgilio Garza, jefe del departamento latinoamericano de Christie’s, afirmó después de la subasta: “Botero es un gran embajador del arte latinoamericano; vemos muchos clientes que empiezan por comprar un Botero y luego se dan cuenta de que hay mucho más, y que algo de una calidad comparable costará mucho más en una subasta de arte moderno”. Los totales para las pinturas de Botero fueron US$3.469.000, y para sus esculturas, US$1.174.000, lo que sumó US$4.643.000, un poco más de la quinta parte de la venta total. Si sumamos las cifras alcanzadas por sus obras sólo en las subastas nocturnas de Sotheby’s y Christie’s, representan con holgura una cuarta parte de toda la temporada latinoamericana en subastas, la impresionante suma de US$9.416.200, lo que nos hace pensar que, de no haber sido por su rotundo éxito, el resultado de las subastas habría sido, en verdad, muy diferente. Esto coloca al artista en una posición excepcional y muy privilegiada en el mercado, porque estos logros fueron obtenidos sin romper un récord mundial y sin conducir el mercado con una obra maestra o con una colección de un solo dueño. Muestra una profunda y sólida base de coleccionistas que apoya nuevos niveles de precios para la obra del artista.

Christie’s también registró un gran éxito con la escultura al vender en US$475.200 la monumental Juchiteca de pie, de Zúñiga, que tenía un estimado de US$220.000/280.000; y logró un nuevo récord mundial para Agustín Cárdenas con la venta de Le Grand Oiseau, en US$251.200, muy por encima de su precio base de US$140.000/180.000. Tomás Sánchez obtuvo otro récord mundial en la subasta cuando su Oír las aguas se vendió en US$620.800, sobrepasando el estimado de US$220.000/280.000.
Las obras coloniales y del siglo XIX tuvieron muy buen desempeño en las dos casas. Sotheby’s vendió A view of Aguascalientes, Mexico, de Egerton, por US$441.600 (tenía un estimado de US$200.000/300.000), y un Paisaje de Venezuela, de Bellerman, se vendió muy bien, en US$156.000 (el estimado era US$100.000/150.000), mientras que en Christie’s, Firma del Acta de la Independencia, de Arturo Michelena, con un precio base de US$500.000/600.000, alcanzó US$688.000, y una pintura colonial del Círculo de Nicolás Enríquez, El Parián, se vendió por US$352.000 (se le habían fijado US$300.000/400.000). Debido al éxito del par de pistolas que pertenecieron a Bolívar, vendidas en la subasta nocturna de Christie’s no hace mucho, para esta ocasión apareció otro par, esta vez de un famoso patriota argentino, el general Manuel Belgrano. Las pistolas tenían un estimado previo a la subasta de US$200.000/400.000, y una reñida puja tranzó el martillo en US$374.400.
Christie’s ofreció una gran pieza abstracta de Mathias Goeritz que tenía una estrecha relación con otra que vendió en la última temporada, ya que los dos paneles habían sido originalmente instalados en el mismo lugar. La obra, que en mayo pasado había logrado un récord mundial para el artista, se vendió en US$340.800. Ésta tenía un estimado de US$200.000/250.000 y se vendió por US$307.200, por encima del estimado alto, validando el gran interés por las obras latinoamericanas modernas y contemporáneas que están atrayendo a compradores que buscan calidad en otras áreas del coleccionismo, todo lo cual ha hecho del arte latino una categoría muy cotizada y muy apetecida.
Total en la subasta de Sotheby’s: US$17.324.000 Promedio de ventas por lote: 68,5%. Por dentro del estimado: 87,3%
Total en la subasta de Christie’s: US$21.784.880 Promedio de ventas por lote: 74%. Por dentro del estimado: 87%.
Todos los precios citados y los totales incluyen la comisión que le cobran las casas subastadoras al comprador.
ALBERTO BARRAL
Asesor de arte y dealer privado, Nueva York.

