El reconocimiento del arte dominicano en la escena de Nueva York ha comenzado, a juzgar por lo sucedido en los últimos años. Freddy Rodríguez, el artista de la diáspora de mayor trayectoria, ha tenido sendas exposiciones en los museos de arte de Jersey City y de Newark. El año pasado este artista ganó el concurso internacional —al que presentaron propuestas decenas de artistas y firmas de proyectos— para construir el Monumento a las víctimas del vuelo 587 Nueva York-Santo Domingo, que sufrió un trágico accidente poco después de los atentados al World Trade Center en 2001.
Americas Society había realizado la importante exposición Modern and Contemporary Art of the Dominican Republic, en 1996. Ahora, El Museo del Barrio rompió el hielo del coleccionismo institucional adquiriendo diez obras de artistas contemporáneos —algunos de ellos afincados en la isla— para su colección permanente. Por último, el Museo de Arte de Bronx prepara una exposición “mid-career” de la artista Quisqueya Henríquez, que está programada para marzo de 2007. Éste es el contexto en que aparece El paraíso redefinido, de Scherezade García, en Lehman College, en El Bronx.

Scherezade (como prefiere firmar) es una diestra dibujante formada en la Escuela de Artes y Diseño de Altos de Chavón en la República Dominicana, donde ganó una beca para continuar estudios en Parson School of Design, de Nueva York. Posteriormente, trabajó en el taller con el diseñador de modas Carlos Falchi, por lo que cuenta con una formación sólida en medios tradicionales y en el diseño de alta costura. No sorprende, pues, que su dibujo y pintura sean los medios que mejor manifiestan su madurez.
En cuanto a la temática, su trabajo oscila —y a menudo, se debate— entre la experiencia de la migración y la experiencia de la maternidad. En algunos momentos, estas dos zonas vitales coinciden, como en la Serie de la Salvación (1999), en la que Scherezade construyó y utilizó objetos flotantes como soporte de retratos de sus dos hijas. Curiosamente, el tema de la maternidad conduce al dibujo y la pintura, como si la obra fuera un producto de la observación diaria, anotaciones sobre el crecimiento y el desarrollo paulatino de sus hijas. Por su parte, el tema de la migración conlleva exploraciones en otros territorios de expresión como el videoperformance, la escultura y la instalación. En la presente exposición, esta “doble vida” artística está muy marcada.
La muestra cuenta con una serie de pinturas de medios mixtos y una videoinstalación, lo cual le da un aspecto ecléctico. Las pinturas representan rostros y torsos diestramente trabajados, con objetos flotantes que les rodean, creando una atmósfera de ligereza. Scherezade utiliza, asimismo, el collage para dinamizar la superficie del lienzo. Por su parte, la instalación consiste en una serie de casas de campaña de hasta 5 a 8 pies de altura aproximadamente. Sobre las lonas de estas casas imprime digitalmente imágenes de las calles en Washington Heights, Downtown Manhattan y Brooklyn. Al fondo de este conjunto cuelgan neumáticos inflados como los utilizados para flotar en el agua. Finalmente, una enorme proyección de video sobre la pared de fondo muestra el oleaje del mar en una playa dominicana e integra la sombra de los neumáticos a la imagen.
Este juego de duplicación es significativo: casas impresas sobre casas; neumáticos que flotan en el aire y en el agua. En última instancia, se combina con el juego temporal que proponen las casas de campaña, situadas como están en el antes y el después de la migración. En efecto, refieren a la espera de las embarcaciones en la orilla del mar que traen la “visa para un sueño”, al decir de una conocida canción de Juan Luis Guerra, y también parecen plantaciones de una memoria de la diáspora en el centro mismo de la playa que la vio partir en una “yola”.
Del interior de cada una de las casas de campaña se escucha una voz contando historias (las personas proceden de Washington Heights, un barrio densamente poblado por inmigrantes dominicanos.) Scherezade ha utilizado antes este recurso. En Sabana la Mar grabó los testimonios de sobrevivientes de las travesías en yolas para alcanzar desde las costas dominicanas la isla de Puerto Rico.
Scherezade ha tratado el tema del Paraíso desde dos perspectivas: la del poblador caribeño que mira a la metrópolis como el espacio de la felicidad posible y la del habitante moderno de las metrópolis urbanas —que a menudo incluye al inmigrante caribeño y a su descendencia—, que miran al Caribe como un espacio de escape y relajación, en suma, de la felicidad. En esa doble vida, en esa duplicación formal y conceptual, en ese conflicto de miradas, se basan algunas de sus mejores obras, como las recogidas en este proyecto reciente, El Paraíso redefinido.
ELVIS FUENTES
