En realidad, no se le puede captar. Rivane Neuenschwander no es tanto una artista que cree arte; es más una sensibilidad que anda suelta por el mundo y que emplea el refrenamiento para sustituirlo. Rodéela de vida y ella le devolverá…bueno,…vida…, pero más en sus términos, no en los de ella. Y, por lo general, será una versión más intensa de esa vida o, para ser más precisos —y ella es muy precisa, aunque usted no lo crea en un principio—, una vida inmersa en una sensibilidad silenciosa del intelecto y el simbolismo, que opera en el nivel de la cotidianidad mediante el juego y la sensualidad.

La primera exposición individual de Neuenschwander en Nueva York constaba de cuatro partes. No puedo decir si todas tenían la misma fuerza o si eran iguales a otras piezas que la artista ha exhibido en otros lugares, pero ése es el precio que se paga por su sensibilidad. Debido a que era mercurial, tenía que tomárselo acumulativamente, como la de tantos artistas conceptuales de instalación que abordan la realidad mediante el uso de lo efímero. Entonces, lo que se acepta y se admira es una estética total, más que obras individuales que pueden variar. Neuenschwander es una de esas sensibilidades a las que uno quiere caerles de sorpresa para ver qué van a crear con lo que tienen a su alrededor.
A juzgar por el tiempo que les dedicaron otros visitantes y, desde luego, yo, las dos obras más fuertes eran la instalación que estaba en el centro de la galería, y el video. En la instalación central, Secondary Stories, la artista creó una composición de color que cambiaba constantemente sobre la cabeza de los visitantes, a medida que unos ventiladores colocados encima de un cielorraso transparente soplaban círculos de papel de seda de colores fuertes que a veces caían a través de las perforaciones del techo y se dispersaban por el piso. Los espectadores podían jugar con los coloridos círculos como si fuesen hojas caídas o, simplemente, los círculos navegaban y se arremolinaban al vaivén del viento que se formaba con el movimiento de las personas que circulaban por la galería.
Lo efímero allí no eran sólo los vistosos pedacitos de papel sino nuestra presencia y la sensación de refrenamiento. Sin embargo, era una presencia marcada por algo más vistoso que uno. Uno era —o podría ser— tan accidental y fabuloso e incontenible como los colores que se arremolinaban. ¿Qué o quién era entonces la historia secundaria? En realidad, ¿existe una historia secundaria en el universo aditivo de la artista? La imagen en mi mente era la de la gente. Dos jovencitas en la galería, una que pateaba y arremolinaba con entusiasmo los papeles en el piso, y otra, paralizada en su sitio, excepto los ojos, tan atenta como un gato a los coloridos revoloteos encima de su cabeza. Una mujer mayor, en su esfuerzo por esquivar a las jóvenes, se movió con rapidez hacia un lado e hizo subir curvos trazos de color que se oponían a su madurez, que ignoraba esos espectáculos momentáneos tan llenos de juventud.
Se podría decir que el espectáculo también formaba parte del núcleo estético de la videoinstalación Quarta-Feira de Cinzas/Epilogue, hecha en colaboración con Cao Guimarães. En ella, diferentes tipos de hormigas negras encontraban pequeños confetis de colores brillantes que llevaban hasta sus hormigueros. Me emocioné al ver el deslumbrante espectáculo de los confetis de colores brillantes que se movían por el suelo seco de la selva que se iba transformando en suntuosos verdes y rojos. Creé narrativas. ¿Era una mascarada? ¿Qué pensaban las hormigas en medio de su laboriosidad? ¿Eran éstos recordatorios de una fiesta o estaban juntando comida? Pero, esperen. ¿Las hormigas fueron recogidas por la artista, que les creó un trabajo sin ninguna remuneración, excepto mi fascinación personal? Me impresionó la cooperación entre estos insectos, pero en la mitad del video, una hormiga soldado mucho más grande castigó a una pequeña por su tenacidad y la mató entre sus atenazantes mandíbulas. Muy pronto, la muerte se perdió en el desfile del espectáculo. Esto sucedía mientras las inocentes niñitas rubias danzaban en la galería principal fascinadas con los movimientos de color provocados por el viento. Según los biólogos evolucionistas, el juego es lo que perseguimos. ¿Sucederá lo mismo con el trabajo?.
A través de la subjetividad de Neuenschwander nos vemos forzados a retomar nuestro propio camino antes que el de ella. Para mí, es aquí donde su actualidad —o lo que tantos observadores de su obra llaman el “momento”— vale la pena. Pero es un momento específico, no uno trascendente; es eterno sólo en su exactitud, aun cuando los detalles varíen de uno a otro. Sí, su sentido de lo transitorio y efímero fue influenciado, como muchos dicen, por el movimiento neoconcreto brasileño tan legítimamente exaltado estos últimos años. Pero esa conversación, ese “momento”, también era diferente, iba en contra de la abstracción y el concretismo de la década de 1950 y la dictadura de los sesenta, cuando Neuenschwander nació. ¿Cómo es que sus momentos de minimalismo y posminimalismo, instalación, conceptualismo, y el espectáculo de la América imperial miran a través de las miradas individuales y específicamente históricas que ella nos devuelve?.
RICHARD LESLIE
