L’enfant terrible intelectual Pedro Friedeberg ha realizado una exposición en Mundo Cuervo. Entrar al recinto intensamente habitado por pinturas, sillones y objetos escultóricos era un ejercicio de deleite, además de un paso por una exposición. Friedeberg, con su estilo propio creó un clima de actualidad, a la par que puso acentos retro, e integró “a la Friedeberg” las herencias del barroco Europeo con la artesanía mexicana, sin que faltaran citas de mitología oriental y arquitectura. La exposición también se componía de “Manitas” en oro y zarapes articulando un gran sofá; cuadros con flores —de aire mexicanista, uniendo interior-exterior, ladrillos y mar, máquinas de moler carne, barcos y aves—, en síntesis, aparecían la fantasía, la verborragia visual y la elegancia que caracterizan al artista. Su mundialmente célebre silla-mano, registraba la capacidad de Friedeberg, quien ha desarrollado arte aplicado desde su juventud. En ese sentido, el autor ha realizado figuras con relojes, lámparas, biombos, mesas e infinidad de expresiones de autor que también son utilitarias.

La sección creativa plena de auténtica excentricidad del artista no es para nada superficial. Friedeberg es un intelectual que no sigue las modas en turno, él se sigue a sí mismo, es personal y artísticamente opinionado, sus obras no son llamativas por el solo hecho de llamar la atención sino porque él tiene algo que decir, unir descabelladamente o confrontar. Así surgió su silla-mano. La riqueza de sus tramas visuales expande el juego que ofrece al espectador. En el laberíntico interior de sus pinturas, grabados y dibujos, el artista denota su formación de arquitecto. La capacidad de trazar líneas, inventando y revirtiendo la perspectiva, crea una visión interesante dentro de un recinto cerrado como es éste Mundo Cuervo u otro museo o galería. Integrando la pirámide con el zigurat, la serpiente como mítica y graciosa, el Partenón con la torre de Pisa, Friedeberg también crea recorridos complejos en los contornos de sus obras. El formato cuadrado predominante se intercalaba con rectángulos y con los mencionados formatos recortados irregulares, que, cuando son en madera, se constituyen como relieves. El barroco en todo su esplendor, hacia adentro y hacia los bordes de sus cuadros.
El mundo que determina este autor es ilusionismo barroco de orden surreal. Puede compararse con Escher pero los sustratos de ambos son muy diferentes. Friedeberg abarca varios mundos, no sólo el gráfico. Desarrolla el positivo-negativo en un mínimo porcentaje y es un colorista excepcional, como se confirmó en Mundo Cuervo. Los diseños o patterns son uno de sus recursos. Él desarrolla el mundo mexicano desde lo popular y lo urbano, es un ávido lector, concibe la integración de lo intelectual con lo cotidiano, asume retos, sobre todo el reto de ser original, divertido y consistentemente crítico en expresar la incoherencia del mundo. Crea y recrea íconos, no desconoce el pop art, también trabaja la figura humana, animales e insectos, incorpora la fuerza de la liturgia de diversas religiones, aprecia la madera y el papel como sus soportes más frecuentes.
Corresponde decir que Pedro Friedeberg ha realizado citas y apropiaciones antes que existieran como denominaciones de práctica artística. Algo similar ocurre con las performances e instalaciones que ha realizado. Ser un temprano realizador o anticipador de movimientos estéticos describe a quien es el discípulo más querido de su maestro Mathías Goeritz, quien también se adelantó a su tiempo. Con él anduvo esos caminos de la irreverencia elegante, y por esta ruta sigue. El tono burlón, la ironía delicadamente expuesta, lo ornamentado, lo egipcio, lo imperial, conviven con soltura en la obra de Pedro Friedeberg. No es ortodoxo en las técnicas y por eso muchas de sus estampas están coloreadas a mano, siendo originales numerados de base que se tornan obras únicas. Como contraste con la singular irreverencia estética que él anima y como brillante personaje de la cultura, ha creado un irónico lenguaje de condecoraciones mundanas: el torso de un maniquí vestido con medallas y peinado con tocado interrumpía la solemnidad de la galería de cuadros.
La caja que realizó para Tequila Cuervo es la síntesis de desarrollo e integración de una obra contemporánea y atemporal. Cada año, la empresa invita a otro artista a hacer una caja de un tiraje limitado. La actual es una conjunción de dibujo, planos y edificios para cobijar el tequila en su interior. Mundo Cuervo es un desarrollo turístico y cultural de Juan Beckmann en la que fuera fábrica de Tequila. Allí hay tiendas, galerías, talleres de capacitación en tres técnicas antiguas: platería, bordado tradicional y cerámica; y hay dos museos: el de Arte Popular y la casona colonial dedicada a coleccionar y exponer arte contemporáneo. Gómez Maqueo, directora de Fomento Cultural Cuervo, al seleccionar a Pedro Friedeberg detectó al artista que supo entender la conjunción de una ancestral familia europea con más de cien años de raigambre mexicana, quien integra culturas del mundo dentro de la nacional, como es la realidad de la población de México, y quien ha ofrecido una de las pocas exposiciones donde el alto rango creativo no necesita la tragedia sino que se viste de humor. La exposición resultaba un constante brindis.
GRACIELA KARTOFEL
