Exposición Individualabr 2007 - jun 2007· Por Dinorah Pérez-Rementería

Óscar Bony y León Ferrari

Pan American Art Projects

“Parece ser una burla al concepto de estilo que suelen sostener los peritos y los comentaristas de arte, dentro de su empeño por descubrir caminos”, dice León Ferrari de la obra de Oscar Bony (1941-2002). Una muestra de ambos artistas inaugura el espacio de Pan American Art Projects en la ciudad de Miami. Bony formó parte del Instituto Torcuato di Tella, fue discípulo de Antonio Berni, y ganó el Premio Ver y Estimar en 1967 que revolucionó la manera de percibir el arte como núcleo para experimentar con distintas realidades. Ferrari ha publicado artículos en Página 12, y ha sido censurado y exiliado debido al tono satírico de su trabajo sobre temas religiosos.

Exposición Individual: Óscar Bony y León Ferrari — imagen 1
Oscar Bony. El borde de los suspiros, 1998. Fotografía con disparos sobre el vidrio con pistola de 9 milímetros. 129,5 x 104,1 cm. (51 x 41 pulgadas).

Aunque esta crónica hace énfasis en la obra de Bony, resulta necesario detenerse ante el irrevocable ímpetu visual de las piezas de Ferrari. Los dibujos, por ejemplo, exhiben una frenética caligrafía y a veces dejan entrever palabras de legible factura que evocan diversos sentimientos: miedos, temores, rencores. Las líneas entrecruzadas parecen alambrados, texturas imperfectas, enrevesadas en papel, que causan cosquilleos, trastornos sensoriales. Las piezas escultóricas e instalativas tienen el impulso lacerante del dibujo; estructuras circulares, asimétricas, pobladas de objetos que uno reconoce fácilmente (flores, aves, tanques de guerra plásticos, aviones de juguete, plumas de colores). La sensación agonizante del encierro se transmiten a los espectadores haciéndolos partícipes de experiencias atormentadoras del pasado. De la serie Ideas para Infiernos se incluyen obras de ostensible sentido crítico que representan íconos religiosos cocinándose al calor de la sartén.

Las piezas de Bony develan un camino que cuestiona, marca un soporte ético-estético de la muerte. Los cristales que protegen las fotografías se hallan agujereados por el impacto de balas que componen dibujos de naturaleza indefinida. La visualización del objeto destrozado produce nuevas ramificaciones de sentido que propician un viaje al proceso de ejecución del acto in situ, originando un sonido opaco, amortiguado en el recuerdo. El drama de la muerte ironiza —metaforiza— los efectos de la violencia a través de una intensa teatralidad en la composición. La cámara fotográfica actúa en calidad del arma que destruye, artefacto homicida que comete el delito. Las fotografías perpetúan el significado y simbolismo de la muerte: muerte buena, muerte perfecta, “muerte en cumplimiento del deber”.

Exposición Individual: Óscar Bony y León Ferrari — imagen 2
León Ferrari. Blindados, 2006. Técnica mixta. Ed. 1/5. 12 x 94 x 90 cm. (4 3/4 x 37 x 35 1/2 pulgadas).

La serie El triunfo de la muerte (1998) formula la personificación del concepto. Seis fotografías en blanco y negro contienen imágenes del artista saltando al vacío, que nos remiten a Leap into the Void, pieza iconográfica de Yves Klein hecha en1960. Bony parodia la conmoción causada por balazos que simulan incrustarse en diferentes zonas de su cuerpo, mientras huellas verdaderas quedan en el vidrio, formando una textura rugosa, surcada, que deviene quizá en prueba alegórica del asesinato. El supuesto cadáver del artista navega en un espacio indeterminado, confuso, que hace resaltar sus perfiladas contracciones y acentúa su estremecimiento. La noción del suicidio como parte inherente de la representación deja de ser considerada una actividad viciosa-en-serie para convertirse en motivo que seduce y expone la dinámica, acaso mímica, de la vida y la muerte.

Bony asimila diferentes contextos, historias de barrios pobres, situaciones en las que inocentes personas, paisajes campestres, edificios, se transforman en blanco de sus balas. No hay reacción ninguna que deje adivinar el juego del modelo con la cámara; muchos de los sujetos retratados no conocen su destino. La aparente impresión de reposo está acompañada de un inexplicable sentimiento de dolor, agonía. No importan edades ni clases sociales cuando debemos ejercer el papel de agresor o agredido gracias a la agudización de la violencia (política, social, doméstica). Las fotos de niños y trabajadores alcanzan un movimiento interno que se propaga con la acción del disparo. La composición de las perforaciones recuerda las constelaciones astronómicas, líneas interrumpidas, relieves que no pueden disolverse, abstracción gestual —como aquella de Pollock en lienzo— sobre cristal.

Fair is Foul and Foul is Fair I (1996) reproduce las torres gemelas de Nueva York bajo un cristal cuarteado con dos orificios de proyectiles. Bony se reconoce como el perpetrador del acto y atribuye la creación/destrucción ocurrida en la segunda parte de su obra a Bin Laden. Fair is Foul and Foul is Fair II (2001) presenta la imagen televisada de una torre que desaparece en medio de varias capas de humo mientras la sombra de un avión va acercándose al lugar del suceso. La serie contiene un hálito premonitorio que nos alerta de la ruta hacia la convulsión, la agitación, la catástrofe. (Bienvenidos a una tierra de libertad amenazada por bombas, artistas, terroristas).

La selección del espacio enfatiza el carácter teatral de las fotografías. El cadáver tendido en la escalera, el cuerpo baleado frente al paredón, son imágenes que llaman la atención por su visualidad. Bony evita hacer público el rostro de la víctima fusilada por la espalda, su retrato ametrallado, representación dentro de la representación. El artista se esfuma para siempre sin darnos señales y nos abandona al borde del suspiro.

DINORAH PÉREZ-REMENTERÍA

Óscar Bony y León Ferrari, por Dinorah Pérez-Rementería | artnexus