Exposición Individualabr 2007 - jun 2007· Por Manuel Álvarez Lezama

Néstor Millán

Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico

Las exquisitas cajitas de Campbell, las enigmáticas construcciones de Duchamp, los surrealistas pequeños escenarios de Dalí y las postmodernas vitrinas de Demian Hirts han inspirado a muchos artistas del siglo XX, y ahora en el XXI, a aventurarse en desarrollar muy variadas e interesantes propuestas tridimensionales donde el oficio, la imaginación y los materiales hacen que queramos “entrar” es sus “cuentos”. En Puerto Rico se han distinguido experimentando en inventar este tipo de provocadoras ventanas artistas como Néstor Otero, Nick Quijano, Rafal Trilles, Rosa Irigoyen, Annex Burgos y Rafi Claudio. A este grupo se une Néstor Millán Álvarez (San German, Puerto Rico, 1960), quién inicia su carrera artística como fotógrafo, estableciéndose rápidamente en uno de los más refinados y atrevidos poetas en este campo (tan poco apreciado) en su país.

Exposición Individual: Néstor Millán — imagen 1
Néstor Millán. De Green Giant (Gigante verde), 2005. 87,5 x 30,6 cm. (35 X 12 1/2 pulgadas).

Como fotógrafo, Millán (graduado con honores de la Universidad de Puerto Rico, 1982, y Pratt Institute, 1987) logra combinar elementos homo eróticos y existenciales, produciendo líricas y seductoras composiciones en blanco y negro. Sus desnudos, atrevidos e interesantes, juegan con el espacio que los define, y es esta relación con su espacio y su carga existencial lo que nos hace querer descifrar las intimidades de sus vidas. Eventualmente, y ya como profesor de arte de la Universidad de Puerto Rico, comenzará a traducir los temas que definían su fotografía a la pintura, logrando interesantes efectos con el desnudo masculino y, en algunos casos, el femenino. Aunque nunca abandona la fotografía, eventualmente su obra pictórica se irá acercando cada vez más a un surrealismo muy personal (y divertidamente complejo) donde logra que en sus cuadros convivan y dialoguen cuerpos deseosos, preciosos animales, hermosas plantas y flores, y sorprendentes objetos que parecen asomarse como por arte de magia.

Como vemos, Millán es un artista en constante búsqueda estética. Producto de esta filosofía es su más reciente propuesta: dominar una tridimensionalidad encantadora y con múltiples lecturas. Su última exposición, titulada Reunión de ecos, hermosamente expuesta en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico desde noviembre de 2006, es probablemente la más bien lograda y madura desde que este artista se dedicara a la pintura y a los medios mixtos. En Reunión de ecos, Millán nos invita a acompañarlo en un grandioso viaje por su presente universo estético, un universo muy plástico donde el artista hace que se entrelacen con efectividad el “cuento” que nos quiere narrar, los materiales que cuidadosamente selecciona para cada una de sus composiciones, el misterio y la magia, y el uso de la repetición warholiana.

Usando todas las libertades de la postmodernidad, cada una las 14 obras en esta exposición es una “parada” en un fabuloso “puerto” donde el artista logra que se confabulen una ficción existencial bien pensada, su vasto conocimiento de la historia del arte y elementos autobiográficos, para crear fenomenales microcosmos. Usando su sensibilidad como individuo y como artista, su virtuosismo como fotógrafo y pintor, y su refinado sentido de composición, Millán se atreve a combinar distintos elementos para construir cada una de sus obras: desde su dominio de la fotografía y pintura tradicional hasta distintos materiales industriales (especialmente, todo tipo de plásticos, ricos y llamativos por sus texturas y colores) y otros objetos verdaderamente kitsch (bisutería/pedrería de todos los tamaños y colores, específicamente los famosos rhinestones) desde su lirismo innato hasta sorprendentes ready-mades (pequeños fragmentos muy lejanos a su todo original y todo tipo de caritas/figuritas, a veces à la Liliana Porter, etc.). El producto final es esta serie de elaboradas ventanas (rectangulares o cuadradas), que contienen fragmentos del pasado, del presente y del futuro: una experiencia estética original y poderosa.

En algunas de sus composiciones, Millán incorpora inteligentemente ecos de las riquezas que decoraban a las figuras de la Virgen María y a los santos en la pintura medieval o renacentista, creando efectivos brillos y texturas. En otras, juega con los ecos de las propuestas del minimalismo, creando espacios para que el verdadero protagonista de todas estas obras, el ser humano dentro de las realidades que le ha tocado vivir, pueda llevar a cabo su narración. Y entonces entendemos que esta exposición es una “reunión de ecos”: ecos de la historia del arte; ecos de los mundos que nos ha tocado vivir tanto en la vida real como en la literatura y en el cine, la televisión y las computadoras; ecos que le sirvieron a Millán de modelo; ecos de sus experiencias personales durante su viaje de cinco décadas.

Para este crítico las mejores obras de esta exposición son la serie de seis trípticos verticales de corte barroco-postmo (Azul ecoico, Ecotono, Tripulante, Sequía de hombres, Pánico organizado, De gigantes verdes y Danza de luciérnagas), Jardín de nanas (donde combina elegantemente la pintura y la fotografía), Reunión de ecos, Jardín de eco e Ixis Afixis (donde se hace clara su alusión/interpretación del Mito de Eco).

Su presente propuesta no es, como diría Marinetti, “una bofetada al gusto del público”. Como vemos, en Reunión de ecos cada obra es un potente eco/reto independiente. En esta exposición Néstor Mallan Alvarez no es ni fotógrafo ni pintor, en Reunión de ecos el artista se ha convertido en un constructor dentro de un surrealismo-postmo – constructor de ventanas desde donde —en lo que yo veo como un viaje espacial y a la vez desgarradoramente terrestre— mira y se mira (la cara en esta serie es mucho más importante que el cuerpo), y dónde miramos y nos miramos Nosotros, los Otros.

MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA

Néstor Millán, por Manuel Álvarez Lezama | artnexus