Exposición Individualabr 2007 - jun 2007· Por Andrés Isaac Santana

Marta María Pérez Bravo

Fernando Pradilla

Como quien se asoma a un templo es el título de la primera muestra personal en la madrileña Galería Fernando Pradilla, de la artista cubana Marta María Pérez Bravo. En esta oportunidad, el relato de esta exposición está orquestado con fragmentos de diferentes series fotográficas de la artista que llegan a configurar un texto en el que se cruzan los órdenes de la religiosidad popular y los recursos expresivos del cuerpo femenino, transfigurado en vector discursivo con infinitas posibilidades de interpretación hermenéutica. En el conjunto de las obras seleccionadas, se someten a diálogo de convivencia series un tanto ya conocidas por los seguidores de su trabajo, junto a otras inéditas en las que, sin duda, pero sin abandonar los resortes discursivos que identifican su poética, se advierte cierto giro en la construcción misma de la imagen y sus posibles lecturas. Tal es el caso de la serie expuesta a la entrada de la galería Tres coronas y Nunca me abandonará, donde se precisa un cambio en la composición. El cuerpo sigue siendo el eje vertebrador desplazando la primacía de los objetos por una especie sombras y manchas, como si de huellas de humo de tabaco se tratase, logrando así una impresión espectral que acentúa un particular sentido de lo trascendente.

Exposición Individual: Marta María Pérez Bravo — imagen 1
Marta María Pérez Bravo. Nunca me abandona III, 2002. Fotografía b/n. 150 x 122 cm. (59 x 48 pulgadas).

Intérprete de lujo de su contexto cultural de origen, con independencia de la lejanía que impone su actual residencia en la ciudad de México, la obra de Marta María Pérez Bravo es un trazado agudo (también hermoso) de los síntomas y las señas más relevantes de lo que es la cultura cubana contemporánea, por más que algunas lecturas críticas reduzcan el entendimiento de su poética a la cuestión meramente antropológica. Si bien es cierto que su obra se inscribe por derecho propio en lo mejor de la genealogía del arte cubano de los 90 por la sobriedad de unos planteamientos y el alcance de unos enunciados, donde estética y cultura, representación y abstracción del mito llegan a aportar imágenes de fuerte impacto estético; cierto es que ahora mismo su obra revela la realidad de una nación en la que la FE ha llegado a convertirse en el sustento prioritario de la vida. La isla vaga en el mar, y sus inquilinos agobiados visitan el panteón como única posibilidad de redención y libertad, como un ejercicio de hacer enajenar la mediocridad y el absurdo de la circunstancia, en la creencia de que las cosas, mañana, serán mejor. Series como Donde tengo mi confianza II, III, IV y V, así como Echu Castigado, Nadie nos desate y Con tu ayuda salgo, enfatizan esta vocación por el pensamiento religioso y advierten del modo en el que el cubano mediatiza su cotidianidad por la superstición y el dictado rector del panteón y el saber popular.

Desde sus primeros trabajos, fue espectacular el interés que suscitó su hacer estético, sin embargo, y por esas paradojas de la vida, es en este momento, lejos de todo oportunismo sospechoso, que las fotos de Marta María Pérez Bravo se me revelan como el documento que advierte del deterioro de una cultura, al tiempo que subraya el lugar central que adquieren la creencia y la veneración de ciertas entidades y textos religiosos, cuando ya no es posible continuar arrodillado frente a los héroes ni seguir rindiendo culto excesivo a la desvencijada ideología. En este sentido, su propuesta se convierte en un catálogo de láminas rabiosamente impecables en las que, a través del cuerpo femenino, el propio cuerpo de la artista, se aporta una lectura muy personal del mundo religioso de ascendencia afrocubana, sin llegar a ser cada imagen un calco o interpretación literal de las fuentes intervenidas. Su lectura es abierta, cubista, plagada de reinvenciones y apostillas. Su cuerpo es panteón, barca, altar, fragmento de leyenda, texto cultural en sí mismo. Es a través de éste, su cuerpo, que cobran voz muchas de esas subjetividades extraviadas. La mayoría de estas imágenes, sin relatar un pataquí ni describir los atributos externos de una entidad o culto, llegan a resultar profundamente elocuente, lo que ensancha sus universos lectivos y de entendimiento, aun cuando sus interlocutores no conozcan en puridad las fuentes religiosas y sus entresijos. Ésta es una de las virtudes más sobresalientes de su obra, virtud que también comparte el trabajo del fotógrafo Mario Cravo Neto expuesto en esta misma galería con anterioridad. Ambas poéticas consiguen transmutar, traducir, representar, universos culturales que para nada les son ajenos, pero con el don del deslizamiento y de la especulación travesti, que les garantiza fraguar un universo (otro) de signos donde la reproducción del culto se hace ociosa y carente de sentido. Ensayo etnográfico, disección antropológica y adecuación folclórica son recursos abiertamente superados en el trabajo de Marta María Pérez. Su obra, partiendo de la indagación en las fuentes y afluentes de la religiosidad popular, se convierte en elocuente metáfora acerca de la vida, de la muerte, de la existencia misma y de la propia naturaleza del hecho estético en tanto espacio de implicación sociológica, de revisión crítica y escenario de redención y libertad, asidero de la subjetividad tránsfuga y también de la fuga, plataforma de la evasión, pero también de la reconciliación. El destino de la isla, su trayectoria sin rumbo y el descrédito de la epopeya épica y del tiempo de la fragua, están en la base reflexiva de buena parte de la obra de esta fotógrafa. Siendo así, desde la apropiación, relectura y transmutación estética de estas fuentes, articula visiones que intentan purgar el dolor y secar la lágrima de una nación que ahora mismo llora y mira hacia la inmensidad del mar ejercitando maniobras muchas para conservar la fe. Sueño y vigilia y el bellísimo políptico fotográfico Si van a un cielo quedan como testimonio de esa ansiedad por la que atraviesa el ser contemporáneo, presto siempre a pensar, dado el fracaso del presente, en que “mañana todo será mejor”.

ANDRÉS ISAAC SANTANA

Marta María Pérez Bravo, por Andrés Isaac Santana | artnexus