La reciente exposición de la joven artista venezolana Mariana Monteagudo tuvo lugar entre los meses de julio y octubre en el Museo Alejandro Otero, hermosa edificación ubicada en el suroeste de Caracas. Idolillos y Fashion Victims, título de la muestra, resume de algún modo aspectos esenciales de la obra de Monteagudo, quien desde hace unos años, se ha distinguido con la creación de figuras que se yerguen de manera solemne, y en cierto modo inquietante, por la connotación totémica que presentan.
Para esta ocasión, se realizó una ambientación particular: la Sala 6 del MAO es un recinto pequeño en forma triangular, cuya pared frontal es semicircular. En ella se creó un entarimado sobre el cual se hallaban las figuras a diferentes alturas. Al entrar el espectador a este espacio, encontraba a todos estos idolillos observándolo con su característica inmutabilidad. Cada una de estas piezas presenta de por sí un aura o una enorme energía que, en cierto modo, se da en la intensidad de su mirada. Mucho más cuando buena parte de estos idolillos tiene rojos los ojos: una mirada que fluctúa entre la ingenuidad, la candidez y lo demoníaco. No es casual que el espacio expositivo fuera pintado totalmente de rojo.

La artista ha manifestado en diversas ocasiones su voluntad de crear seres híbridos, duales entre lo aparentemente infantil, con colores cálidos y cierta dulzura en los rostros, con elementos opuestos, desconcertantes y agresivos. Como ella misma ha señalado, ha querido que “en una misma identidad se entrecrucen lo terrible y lo amable”. Simultáneamente, ha apelado a nuestra memoria para inducir lo que ella concibe como “un collage mental” para que asociemos a cada una de estas criaturas con referentes diversos, como los antepasados precolombinos, las momias egipcias, las muñecas Barbie o las comiquitas producidas en el manga japonés.
Monteagudo busca dar a sus figuras un hálito atemporal, como el que tienen los idolillos provenientes de las culturas antiguas. Pese a su profanidad, muchos fueron objetos de culto y de veneración. Fueron hechos para ser idolatrados. De allí, los idolillos de Mariana Monteagudo. Para la artista, la idolatría y la veneración son parte de la condición humana, y por ello el hombre crea sus ídolos a partir de diversos medios como la tecnología, la moda, la publicidad, el espectáculo, etcétera. Cabría entonces preguntarse si, a través de la veneración, estaríamos ante otro modo de contemplación artística.
Las soluciones técnicas, por otra parte, materializan estas significaciones, pues la artista recurre a la cerámica, a la pintura, al dibujo, al collage, al diseño, para dar a sus figuras una connotación dual entre lo antiguo y lo actual. Este eclecticismo (o “collage tridimensional”, como así lo considera) es posible mediante una técnica que la artista ha ido consolidando con el tiempo: realiza un modelado inicial para crear los volúmenes básicos (cerámica), para luego recubrirlos con yeso. Seguidamente, los interviene tallándolos, pintándolos al frío y adicionándoles toda clase de materiales (cabellos, fibras naturales, canutillos, cera de abejas, etcétera), para lograr esa pátina que recuerda a los antiguos alfareros, manteniendo a la vez ese carácter contemporáneo, actual y culturalmente mediatizado. De allí que la referencia a la cultura mass media sea, además de evidente, de gran riqueza en la creación de estos idolillos.
En esta muestra, Monteagudo ha querido tocar el tema de lo femenino a través de la moda (Fashion Victims) o bien a través de la labor íntima y solitaria que ejercen algunas damas como el bordado, la costura, etcétera. De allí los cojines y los accesorios como carteras, decorados con infinidad de canutillos y materiales diversos. Todos estos objetos exploran este universo con gran detallismo y coquetería. También con ironía. De alguna manera, la vinculación con el fashion se da de una manera ingenua y a la vez perversa, tal como se manifiesta en las muñecas o idolillos. Los collages bidimensionales, por otra parte, hechos con dibujos, papeles y telas recortados, expresan la candidez e ingenuidad propias de la imaginería infantil.
Cincuenta y seis piezas, entre figuras, cojines, accesorios y collages bidimensionales, conformaron Idolillos y Fashion Victims. Todas vinculadas a los mass media, producto de la mezcla de distintos íconos culturales ancestrales o mediáticos. De allí su carácter “multicultural”, al que la artista hace referencia. Una sola de estas piezas ya intimida. Más cuando se encuentran en familia, en colectivo, como lo fue en este caso, pues la energía que estos idolillos presentan se condensa, sobrecogiéndonos al mirarnos con fijeza todos a un mismo tiempo, siempre inmutables y silentes.
SUSANA BENKO
