En la serie A través del cuerpo Espinosa parece trabajar alrededor del concepto de negatividad, entendida como sospecha frente a cualquier afirmación categórica, más que como su contradicción. En este sentido, la artista, más que recuperar la memoria de determinados acontecimientos, parte de hechos que han sido velados o que forman parte del olvido: más que aludir a acontecimientos que trazan historias, aporta a la construcción de un relato, articulado por episodios de silencio.
En estos dibujos, la artista perfora cuidadosamente la superficie de una hoja de papel de algodón, trazando un croquis que remite a fragmentos de fotografías de prensa. En el proceso, la artista despoja a dichas imágenes de los excesos que manipulan la percepción, tanto en el campo formal –línea, color– como en el narrativo –dramatismo, anécdota–. Al respecto, la artista afirma: “es importante detectar la obscenidad y el uso político que hacen algunos medios de comunicación de las fotografías donde se evidencia la impotencia del que no puede hablar, del que no tiene voz. Sólo al descargar cada una de estas representaciones de la intención que les fue impuesta, y al interrogarla, se puede recuperar la condición humana que dio origen a la imagen”.

La noción de negatividad a que se alude con anterioridad, aparece también en la formulación de las imágenes: los rostros no son retratos, las escenas no son anécdotas, los señalamientos no son juicios. Así mismo, es visible en la forma de abordar el dibujo: el agujereado aparece como un estado sin determinar; se acerca a un croquis a punto de convertirse en mapa, o a la fase preparatoria de un bordado o de un dibujo para colorear. Ese estado de suspensión se aleja de cualquier afirmación estridente o de réplicas categóricas.
En estos trabajos, el dibujo –trazado por una aguja, sin el bordado que articula, sin el hilo de la memoria– sólo puede ser visible a través de la luz que se proyecta detrás de la obra. Si el dibujo, por tradición, hace visibles los límites mediante un proceso de abstracción, de manera que construye formas en el espacio, en estos trabajos examina los límites y los fragmenta. No sólo el dibujo mismo –la línea negativa- carece de materia, sino que la fuente lumínica que lo hace visible, también es inmaterial. A diferencia de la iluminación frontal, que contribuye a la percepción de los volúmenes, en estos trabajos, la irradiación proviene del ‘reverso’ de cada trabajo. Los dibujos, entonces, no representan la luz, sino que la luz misma hace visible la forma, pasando de la idea de ilusión a la de reconstrucción.
CARMEN MARÍA JARAMILLO
