La V Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano

Danny Zavaleta. El Tur, 2006. Lona traslúcida iluminada mediante caja de luz. 250 x 150 cm. (98 2/5 x 59 pulgadas).

Bienalabr 2007 - jun 2007· Por Monica Kupfer

La V Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano

La Bienal del Istmo es única por tratarse de un evento internacional que cada dos años se presenta en un país distinto del área. Es organizada por un grupo de coordinadores e instituciones patrocinadoras en cada una de las naciones participantes que han colaborado a lo largo de los últimos diez años para presentar esta bienal en pro del arte contemporáneo centroamericano.

La V Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE), inaugurada en noviembre de 2006, elevó el estándar según el cual serán medidas estas exposiciones regionales en el futuro. Esto se debió en gran parte a la impresión profesional y depurada que daba la exposición montada en el MARTE, que cuenta con una arquitectura idónea para un museo, logrados espacios interiores y un eficiente equipo de trabajo que colaboró con Rodolfo Molina, el coordinador de la bienal en El Salvador. La exposición, a su vez, se caracterizó por una amplia diversidad de obras que daban fe de una mayor madurez y actualidad en el arte contemporáneo de la región centroamericana, y de la manera en que esta bienal itinerante ha mejorado con los años.

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Sagrario Chamorro. Exhibidor: ¿Cuánto pesa 1 libra? Niño-Feto (17 semanas), 2006. Técnica mixta (5 figuras). 143 x 58 x 40 cm. (56 1/5 x 22 4/5 x 15 3/4 pulgadas).

La muestra incluyó 72 trabajos de 36 artistas, seis de cada uno de los países centroamericanos (con la ya acostumbrada y lamentable excepción de Belice), repartidos en los dos pisos y los espacios exteriores del museo salvadoreño. Aunque se trataba de un número similar de artistas y obras, la exposición en El Salvador puso en evidencia las carencias y el hacinamiento del montaje de la bienal centroamericana anterior celebrada en Panamá. Entre otras cosas, cabe destacar que en vez de espacios temporales separados por paños de tela, en el MARTE se prepararon pequeñas salas para la presentación de videos, en un esfuerzo por evitar la contaminación sonora entre las obras. Aún más notable fue la entrega del catálogo de esta quinta bienal en el momento de la inauguración cuando el libro correspondiente a la cuarta versión celebrada en 2005 aún no ha sido publicado.

La Bienal del Istmo Centroamericano es única por tratarse de un evento internacional que cada dos años se presenta en un país distinto del área. Es organizada por un grupo de coordinadores e instituciones patrocinadoras en cada una de las naciones participantes que han colaborado a lo largo de los últimos diez años para presentar esta bienal en pro del arte contemporáneo centroamericano. Como siempre, en seguimiento de las bases de la bienal, se encontraban en San Salvador como invitados todos —o la mayoría— los artistas participantes, componente de gran aporte para la dinámica del evento, que permite el intercambio entre los creadores de la región. Asimismo, en El Salvador tuvieron la visión de invitar, además del jurado, a un grupo considerable de personalidades vinculadas al arte contemporáneo en Estados Unidos y otras partes de América Latina. Tanto artistas como visitantes asistieron a un ciclo de conferencias por expertos en la historia del arte de cada uno de los países, una contribución valiosa al aspecto educativo del evento. Habría que lamentar solamente el número reducido de público, los problemas técnicos de algunas charlas y la falta de imágenes en otras.

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Jorge Albán. TLC: Todos los Chiapas, 2005. Video interactivo, realidad virtual quick time (QTVR). Duración variable según navegación del usuario. Obra del dominio público, descargable gratuitamente en ARTENEMO.ORG.

El jurado internacional de la quinta Bienal Centroamericana estuvo conformado por Paulo Herkenhoff de Brasil, la dominicana residente en Alemania, Alanna Lockward, y el español Santiago B. Olmo, expertos en arte contemporáneo, y figuras conocidas en el mundo de la curaduría y crítica de arte en América Latina. En sus charlas con los artistas, sus entrevistas con reporteros, y en la mesa redonda para todo público, los jurados se mostraron especialmente abiertos a la comunicación, contribuyendo de manera personal a valiosos intercambios de información. Con relación a la muestra, en varias ocasiones destacaron el interés de los artistas centroamericanos actuales de mirar hacia adentro, y un poco menos hacia lo que se hace afuera, para crear obras con referencias a situaciones sociales, políticas y estéticas propias.

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Roberto Guerrero. Armas letales del guerrero delicado, 2006. Mixta: objetos intervenidos con lentejuelas, abalorios y escarcha. Dimensiones variables.

En la mesa redonda, surgieron temas importantes como las discrepancias en la manera en que se escogen a los artistas participantes para las bienales centroamericanas, que en la mayoría de los países es por medio de un certamen de arte local, pero que en Panamá es por conducto de una galería. Se discutió también el tema de la premiación en las bienales regionales y la opción de utilizar esos fondos para subvencionar el trabajo de todos los artistas participantes, en vez de premiar a unos pocos. Sin embargo, el anuncio de los premios durante la noche inaugural produjo las usuales grandes emociones y comentarios, como también lo hizo la intervención en ese momento del artista costarricense Guillermo Vargas (también conocido como Habacuc), quien como crítica a “la sociedad del espectáculo con sus megaeventos artísticos” regó una alfombra roja de tomates en el camino al podio, por donde tuvieron que desfilar el presidente de El Salvador y demás dignatarios encargados de la ceremonia.

El primer premio de la V Bienal fue otorgado al nicaragüense Ernesto Salmerón por su trabajo Auras de guerra: intervenciones dentro del espacio público revolucionario nicaragüense, obra excepcional de arte-acción e historia viva desarrollada durante años, que consta de una investigación de la posguerra en Nicaragua documentada con fotografías, periódicos y videos. En San Salvador, la pieza incluyó un camión IFA de los que se utilizaron durante el conflicto (ahora llamado “El Gringo” y pintado de rojo y amarillo), en el cual Salmerón transportó desde su país al MARTE un trozo de un muro de una casa derrumbada de Granada con un graffiti desgastado de la silueta de Sandino —símbolo de la revolución—así como a dos desmovilizados de la guerra civil nicaragüense. Los dos veteranos lisiados y ex enemigos —uno de ellos fue combatiente en el Ejército Popular Sandinista y el otro perteneció a la Contra— participaban en la obra como guías históricos, otorgándole una nueva dimensión al concepto del “otro” dentro del arte y promoviendo una noción de paz sostenible para la región.

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Cristina Gozzini. Manifiesto/ El Vestido de Salarrué, 2006. Papel vegetal y sal. 30 x 250 x 250 cm. (11 4/5 x 98 2/5 x 98 2/5 pulgadas).

Los proyectos de net-art del costarricense Jorge Albán, ganador del segundo premio, también confrontan la situación sociopolítica en América Central, específicamente, las relaciones con las grandes potencias, las promesas y desventajas de los tratados de libre comercio y la trágica situación de paisanos expulsados de sus tierras. En sus trabajos interactivos, Albán combina sonidos e imágenes incongruentes, como la retórica de un presidente norteamericano con un baño, o una iglesia católica con la violación de los derechos humanos de un campesino. Dentro de la consideración de situaciones que la sociedad centroamericana tolera o de los procesos inherentes en la formación de la identidad cultural, cabe mencionar obras como el video de Abner Benaím, panameño educado en Israel, tratando de seguir un ritmo de salsa; así como la contraposición de lo ancestral y los valores modernos importados en las Barbies con cabezas precolombinas, de Raúl Quintanilla, de Nicaragua, y el video Usnavi el Inmigrante de Hugo Ochoa, de Honduras.

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Adán Vallecillo. Cacerólica, 2006. Escultura en metal. 48 x 40 cm. (18 4/5 x 15 3/4 pulgadas).

Los derechos ciudadanos y la nacionalidad también eran temas presentes en el hermoso trabajo titulado Manifiesto/El vestido de Salarrué de Cristina Gozzini, artista italiana residente en El Salvador que fue ganadora del tercer premio. Gozzini explora las ideas de identidad y ausencia en una obra de materiales sutiles y variaciones de blanco conformadas por una gran falda de mujer hecha del más delicado papel y tendida sobre el suelo a manera de espiral, y una pila de sal sobre la cual la artista dejó las huellas de sus pies. Sobre la falda está impreso en tipografía diminuta y de manera repetitiva el texto de la carta “Mi respuesta a los patriotas”, escrita en 1932 por el gran poeta y pintor salvadoreño Salarrué, documento en el que éste definía y analizaba el tema del nacionalismo, tan frecuentemente malentendido.

Dentro del espíritu de arte y política que dominó gran parte de la bienal se encontraban los trabajos de Guillermo Vargas /Habacuc (mención de honor), en los que interpreta de manera irónica el rol del poder y la autoridad, como en el caso de su alfombra roja y de su video Policía interviniendo una obra que habla de abuso de autoridad, que documenta la presencia insólita de un policía asignado a fungir como mediador entre una instalación del artista en una cárcel costarricense y el público visitante. El salvadoreño Danny Zavaleta (mención de honor), por su parte, presentó visiones digitalizadas de la traza urbana de San Salvador, en las que marca, a manera de graffiti, áreas de peligro o conflictos. Las obras hacen referencia a las tragedias y el peligro dentro de la urbe en un lenguaje cargado de color, realizado sobre lona o una caja de luz en el estilo de algunos anuncios publicitarios. La combinación irónica de colorido y violencia, junto con la manipulación de imágenes para el mercado de consumo, caracterizó el trabajo de Roberto Guerrero de Costa Rica con sus Armas letales del guerrero delicado, obra en la que decoró con lentejuelas doradas y plateadas una ametralladora, dos pistolas y una granada. El guatemalteco Abel López también se inspiró en la inseguridad civil al crear una intervención en la que señalizó con letreros que decían “Zona de asalto” ciertas áreas urbanas peligrosas, llevando un registro de las perplejas reacciones de las personas ante una situación bien conocida, pero repentinamente más molesta por estar indicada de manera pública. En otro nivel, la búsqueda del bienestar en la región también inspira las “cirugías estéticas” de fracturas geológicas realizadas por Cristina Cuadra, de Nicaragua.

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Ernesto Salmerón. Auras de Guerra: intervenciones dentro del espacio público revolucionario nicaragüense. El Muro, 2006. Acción, registro en periódicos, fotografía y video. Managua/San Salvador.

En contraste con las numerosas obras relacionadas con los conflictos y la violencia, hubo trabajos vinculados a los espacios domésticos, las situaciones familiares y los temas de género. La videoinstalación de Milena García, de Nicaragua (mención de honor), muestra proyecciones dentro de dos cubos, como cofres secretos, pintados de amarillo y rojo, y colocados sobre una bajísima mesa negra. En un montaje que parecía una escultura minimalista, un video reproducía espacios y objetos privados, y el otro, una curiosa escena en una carnicería pública con la sorpresiva presencia de un niño de mirada inocente. Los niños también protagonizan la obra de Rachelle Mozman, artista panameña criada en Nueva York, cuyas fotos de jovencitos de familias adineradas en sus hogares constituyen un raro estudio sociológico. Las imágenes resultan inocentes pero perturbadoras, insinuando extraños contextos familiares y tensiones psíquicas. Las fotografías de situaciones aparentemente comunes y cotidianas de la costarricense Cynthia Soto producen una similar sensación de ambigüedad. Sus imágenes múltiples de los interiores de hogares humildes recargados de objetos decorativos pero vacíos en cuanto a seres humanos cuestionan tanto el rol de la fotografía versus la realidad como lo que puede –o no— ser entendido como belleza.

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Guillermo Vargas. Alfombra roja, 2006. Instalación con tomates. Dimensiones variables.

Los objetos domésticos per se fueron las entidades centrales en obras presentadas por Adán Vallecillo, de Honduras (mención de honor) y Carmen Elena Trigueros, de El Salvador. La Cacerólica de Vallecillo es un objeto absurdo, producto de la incorporación de una antena de televisión a una sartén de teflón, que transmite un comentario irónico sobre el consumo desmedido de la tecnología en esta era de la globalización versus la situación de hambre alrededor del mundo. En la obra de Trigueros, una serie de coladores se convierte en el lienzo para bordados que en sí mismos y en sus sombras proyectadas sobre la pared muestran palabras en juegos semánticos, como “te quiero/te hiero”. El objeto casero queda convertido en espacio para una protesta silenciosa sobre la situación de la mujer subyugada en la sociedad latinoamericana, frase que también se podría aplicar a las pinturas de empleadas domésticas de Miky Fábrega, de Panamá, la instalación de jaulas para pájaros titulada Así no te puedo querer de la salvadoreña Ana Urquilla o los videos de Sandra Monterroso, de Guatemala. Cerca del tema de género se encontraban igualmente la revuelta imagen de una reina de belleza de Mira Valencia, de Panamá y de manera más profunda, el trabajo de Sagrario Chamorro, de Nicaragua, con su obra titulada ¿Cuánto pesa una libra?, en la que un feto de barro aparece sobre una balanza dentro de una vitrina, replanteando el dilema entre el derecho al aborto y el derecho a la vida.

En esta exposición, que incluyó objetos, instalaciones, acciones de arte y videos, hubo también espacio para las técnicas tradicionales. Los pequeños y originales dibujos en Generosas formas de debatir del hondureño Nahum Flores prueban que el buen arte no depende del gran formato, sensación que tiene su paralelo en las delicadas acuarelas del panameño Octavio Arosemena. Los trabajos de comentario social en xilografía del guatemalteco Marlov Barrios y de Alicia Zamora de Nicaragua, sirvieron de muestra de la renovación del arte gráfico en la región. En el área de pintura se presentaron, entre otros, la salvadoreña Camila Sol, con una versión de arte en Braille sobre un caminador, Fernando Toledo, de Panamá con lienzos incorporados a siluetas de monitores de computadoras, y Blas Aguilar, de Honduras, con dos interesantes paneles en técnica mixta que fluctúan entre la abstracción y cierta realidad sangrienta. Su coterráneo Nerlin Fuentes mostró trabajos en los que exploró la pinto-escultura minimalista, y Rafael Sáenz, de Costa Rica, presentó un juego conceptual —pintado— que comenta precisamente sobre la ausencia de la pintura en el arte actual.

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Milena García. Izquierda: Duelo, 2006. Video instalación / DVD. 18 segundos. Derecha: Paseo, 2006. Video instalación / DVD. 23 segundos.

En una de las conversaciones en San Salvador, Paulo Herkenhoff hizo el atinado comentario que esta exposición reflejaba cierto “malestar frente a la historia”. No hay duda de que el pasado de esta complicada y sufrida región ofrece mucho sobre lo cual meditar, y resulta sano que esas reflexiones logren su expresión en el arte contemporáneo. Encuentros como esta bienal centroamericana en El Salvador, donde las conversaciones tenían más importancia que las nacionalidades, y los creadores de los diversos países tuvieron la oportunidad de expresarse y darse a conocer, sin duda fomentan el futuro cultural de la región.

MÓNICA E. KUPFER

Crítica de arte y curadora con doctorado en Historia del Arte. Directora-fundadora de la Bienal de Arte de Panamá.

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