Exposición Individualabr 2007 - jun 2007· Por Bélgica Rodríguez

Gabriela Morawetz

Museo de Arte Contemporáneo Caracas

Desde la pintura, generalmente en grandes formatos, en una circunvalación pausada y segura, Gabriela Morawetz (Polonia, 1952) ha ido avanzando hacia su más reciente exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (antes Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber), exponiendo obra clave y sintetizadora de una propuesta plástica de dimensión abarcadora y de la que una categorización única no sería conveniente para validar su capacidad creativa. A partir de la combinación de elementos, técnicas y materiales con los que una práctica de arte severa, al mismo tiempo audaz, la artista asume la serialización de imágenes fácilmente reconocibles que se repiten en las diferentes obras, Morawetz sistematiza y jerarquiza los valores figurativos dentro de concepciones abstractas dirigidas conceptualmente por un universo de lo real-irreal cargado de significados metafísicos. Reconsideraciones de la memoria como generadora de temas para la creación permean los puntos de partida donde la imagen fotográfica se convierte en modalidad reglamentada racionalmente.

Exposición Individual: Gabriela Morawetz — imagen 1
Gabriela Morawetz. Casi en la sombra, 2006. Instalación: pigmento sobre velo, agua y fibra de vidrio. Nueve piezas. Dimensiones variables. Foto: Morella Muñoz-Tébar.

En Juegos de la mirada, título de la exposición, Morawetz continúa una indagación que le ha preocupado desde sus inicios expositivos en 1975. A través de grandes instalaciones, fotografías y videos, se plantea la recuperación de la memoria, como se lee en texto de sala, “en conjunción con la gestualidad del cuerpo, la representación de un yo condensado y diverso”, concretamente aquí “predomina lo especular, el juego entre lo oculto y lo evidente. La figura —ya sea hombre o mujer— se presenta, al mismo tiempo, en la plenitud de lo carnal y también en el abandono de una existencia enigmática e inacabada”. Hasta aquí podría considerarse un tema, pero habría que ahondar un poco más para concretar que lo realmente artístico se entronca en puntos esenciales con una preocupación filosófica en relación con el tiempo y el espacio dentro de los que se desarrolla la obra en connubio con el espectador. Lo intemporal se centra en las figuras congeladas en el tiempo y en un espacio definido por los límites que le impone la materia que rivaliza creativamente con el concepto. Por ejemplo, en Casi en la sombra (inkjet pigmentado sobre velo, agua y fibra de vidrio), instalación semicircular de nueve paneles en secuencia cinemática, “suceden” situaciones: una figura femenina medio desnuda se “mueve” virtualmente en la acción de, podría ser, bañarse en un paraje boscoso; atmósfera romántica complementada por el espejo en donde se refleja el “acontecimiento” que propone transformaciones formales y una sistematización del orden del universo ontológico que preocupa a la artista.

La fragmentación es parte del tema. Las situaciones se suceden como en los sueños, se descomponen y recomponen en la medida en que transcurre un tiempo determinado por un espacio dado. En Juegos de la mirada de hoy se perciben sus antecedentes en las pinturas que en 1986 presentó en la Galería Minotauro de Caracas, por ejemplo. Paisajes con una figura femenina como protagonista, hoy también esa figura se presenta dirigiendo el discurso de una propuesta plástica inscrita en valores no convencionales. Ella reactiva la imagen fragmentaria que se repite en el video titulado Uno o en Pozos, video proyección de cuatro focos con una forma orgánica y desmechada en continuo movimiento. Una de las características del trabajo expuesto es la participación del espectador, en el sentido de buscar el sentido oculto del significado de cada instalación, puesto que Morawetz se aleja de la realidad objetiva para adentrarse en un sistema semiológico de significados concretamente referido a signos, o señales, que conducen la lectura del discurso plástico propuesto. Si bien podrían ser explícitas, las referencias de las imágenes remiten a sentimientos anteriormente conocidos, tal como se percibe en Los ojos del tiempo, instalación de 13 medallones de vidrio convexo sobre el muro, en donde se opera una suerte de reconstrucción de la imagen a partir de sus propios fragmentos. Morawetz reafirma sus referencias y experiencia artística en romper un orden plástico ya constituido académicamente.

BÉLGICA RODRÍGUEZ

Gabriela Morawetz, por Bélgica Rodríguez | artnexus