Exposición Individualabr 2007 - jun 2007· Por Claudia Laudanno

Dora Longo Bahia

Galeria Luisa Strina

Esta galería acogió la extensa individual de la artista Dora Longo del 23 de noviembre al 27 de enero último. La muestra temática se denominó AcordaLice y se extendió por los tres pisos de dicha galería.

En principio, AcordaLice aborda un proverbial interjuego de imágenes visuales y sonoras entre tres personajes femeninos de la literatura universal: Alicia, de Alicia en el país de las maravillas, y Alicia del otro lado del espejo, de Lewis Carroll, más la figura de Ana Livia Plurabella, del Finnegans Wake de James Joyce. Para tales fines, la artista realizó un vasto conjunto de objetos, una instalación sonoro-visual y dos videoinstalaciones.

Exposición Individual: Dora Longo Bahia — imagen 1
Dora Longo Bahia. Primero sentimos. Luego caemos, 2006. Aluminio. Edición de 3. 50 x 25 cm. (19 1/2 x 9 3/4 pulgadas). Foto: Edouard Fraipont.

Es sustancial remarcar la poética de la titulación, dado que AcordaLice se nos presenta como un concepto y una divisa formal preñada de significados latentes. Para el imaginario cultural brasileño, dicho término se encuentra estrechamente relacionado con un reality check. Se llama AcordaLice a una persona que está fantaseando o que conserva un alto nivel de exprectativas fantasiosas en relación con una determinada situación.

En el primer piso, se pudo observar la pieza de videoarte ALice P., en la cual una joven mujer, vestida al estilo de una anónima conejita de la revista Playboy, simula dormir en una cama de banal e, intencionalmente kitsch peluche blanco, reforzando así la tautología de la piel mórbida y suave del conejo con la carne de presa de la mujer objetualizada, presta a satisfacer las pulsiones sexuales del otro. Sobre este tema puntual, la obra de Longo Bahia ofrece al espectador imágenes pregnantes que colocan en un primer plano el deseo utópico de descubrir aquel elíxir, capaz de superar la caducidad de la carne. Las imágenes de este video evidencian cómo el encuentro sexual guarda para sí la memoria del abismo, es decir, la pérdida de conciencia o del principio de individuación, la representación alegórica del olvido de un instante de placer, esto es, el sentido de lo eterno soterrado, escondido tras bamabalinas, en aquello que, muriendo, ya no es más necesario que desafíe el tiempo, pues lo hace propio.

En el segundo recinto expositivo, íntegramente tapizado por grama artificial, generando otro tipo de environment, la artista proyectó otro opus de su autoría, titulado Finnis Regis/Regis Finnis. El universo de postimágenes apropiadas de Longo Bahia mezcla aquí un repertorio iconográfico proveniente de varias “enciclopedias” o “usinas” del arte actual, con referencias muy puntuales a determinados cuentos de hadas, leyendas, cinematografía, acompasadas por un sonido bien estridente, al estilo del ramdon noise del Living Theather creado por John Cage (sonido en bruto), con licencias extraidas del punk rock y de la poesia de James Joyce.

Igualmente, la artista exhibe una serie de objetos que problematiza las funciones de las llamadas “figuras de lenguaje”. Los objetos aparecen inmersos en un universo donde es posible su ulterior humanización.

Finalmente, en el tercer piso, Dora Longo Bahia dispuso un audio, con voces en off, compuesto como un metalenguaje dicursivo que toma prestado fragmentos del Ulises de Joyce, en un espacio obsesivamente rojo granate, tapizado con pesados cortinados de terciopelo escarlata, claramente inspirado en la filmografía de David Lynch, especialmente, la película Blue Velvet (Terciopelo azu).

En toda la muestra es posible constatar las huellas de una intimidad exteriorizada. Exteriorizar la intimidad es el común denominador de muchos artistas contemporáneos, quienes al privilegiar la exploración de la propia interioridad evidencian cómo el impulso erótico y tanático vivido en clave emotiva puede acompañarse de deseo, dolor, angustia, frenesí, rabia o disgusto. El individuo es víctima y artífice de sí mismo y puede llegar a vivir el propio erotismo como cliché.

En este sentido, las obras complejas y alambicadas de Dora Longo Bahia manifiestan de qué forma el ser humano hipermoderno observa sus propios sueños y deseos, hallando un provisorio sosiego en ciertos referentes culturales y contraculturales: las imágenes glamorosas de las revistas de moda, los productos de la alta y baja cultura, el rock, el ciberpunk, filtradas a través de una emotividad que halla su plataforma de sustento en un mix, de turbadora belleza.

Por otra parte, es necesario destacar que Dora Longo Bahia adopta la mejor manera de hacer “uso libre” de Finnegans Wake y el Ulises de Joyce, al zambullirse directamente en fragmentos de sus páginas, dejándose llevar por la potencia musical y ambiental de la prosa del célebre escritor irlandés. Operando de forma adherente e irónica a estas dos cimas de la literatura universal, Longo Bahia transforma y resemantiza elementos propios del “idiolecto” joyceano. En este sentido, la artista posee una viva memoria visual, verbal y auditiva, y de la misma forma que el autor de A Portrait of the Artist as a Young Man, incorpora en la complejidad de su poética las innumerables asociaciones lingüísticas que hay en su mente: citas literarias, trozos de canciones, vocablos extranjeros, eslogans, chistes y juegos de palabras, etcétera. Interesante resulta subrayar el trabajo de interdiscursividad artístico-literario de Longo Bahía con la obra de Joyce, pues éste requería que su lector modelo tuviera el mismo don de buena memoria y poseer casi su mismo archivo de recuerdos sonoros. Al fin de cuentas, Julio Cortázar y Carlos Fuentes nos han acostumbrado a los juegos de palabras en inglés en boca de hispanoparlantes. De tal suerte, la artista en esta obra introduce los paralelismos y los simbolismos histórico-culturales, con fuertes notas de mordacidad y humorismo.

CLAUDIA LAUDANNO

Dora Longo Bahia, por Claudia Laudanno | artnexus