Exposición Individualabr 2007 - jun 2007· Por Raúl Zamudio

Benjamín Torres

Art & Idea

La reciente exposición individual de Benjamín Torres, titulada Contenido neto y sus derivados, fue una diestra exploración de lo que puede llamarse la cultura de la complacencia y la complacencia de la cultura. Estos eslogans sociológicos se refieren a la neutralización de la criticidad del status quo por la vía de cualquier medio necesario, como lo dijo Malcolm X en otro contexto. En este caso, la anulación manifestada mediante el objeto útil, pero no tanto como se percibe, por ejemplo, en Andy Warhol, donde el signo es materializado de manera concomitante y despojado de su significado. Porque Torres trabaja el camino opuesto, donde el signo es borrado por completo mediante una estética de presencia ausente similar a las fantasmagóricas esculturas de Rachel Whiteread o los sustitutos seriales de Allan McCollum. Torres se refirió a estas fuentes de un modo muy elocuente, en lo que constituyó el cuerpo mayor de la exposición: esculturas en diversos formatos, incluidas piezas únicas, pequeñas ediciones ilimitadas, e instalaciones más grandes.

Exposición Individual: Benjamín Torres — imagen 1
Benjamín Torres. Naturaleza muerta, 2006. Yeso. Dimensiones variables. Foto: Dulce Pinzón.

Sin importar el tamaño ni las diversas configuraciones, todas las esculturas eran vaciados de yeso de productos reconocibles, como bolsas plásticas, latas, frascos y otros envases comerciales. Como tales, había en estas esculturas un fuerte fetichismo subyacente pero, al mismo tiempo, Torres, al parecer, debilitó también este encuadre. Por una parte, estaba el reconocimiento de estos envases como genéricos desde el punto de vista comercial: en medio del aluvión de homogeneidad se podía detectar la diferencia en la futilidad exhibida: este objeto parecía un empaque de icopor poliestireno para hamburguesas, mientras que otra forma nos hacía pensar en una lata de sopa, y otro más parecía ser una blanca silueta cilíndrica de un producto de limpieza comprado en un almacén, y otros tenían las misteriosas formas de algo familiar y desconocido a la vez. Por otra parte, debido a que las etiquetas habían sido borradas, sus asociaciones icónicas se habían debilitado, y lo que quedaba era algo perturbador y poético, y esta cualidad emotiva era un trasfondo que se percibía en toda la exposición, incluso en una pieza que parecía ser un molde de unos guantes de látex. En otra obra más ambiciosa desde el punto de vista formal, los objetos estaban puestos en forma serial, en una especie de despensa provisional; estante tras estante, las esculturas estaban colocadas con meticulosidad, como un abrumador despliegue de objetos ubicuos situados en algún punto entre obras de arte sustitutos de obras de arte, y dobles de productos comerciales. En cierto sentido, eran auras sin obras de arte y cuerpos sin órganos. Pero lo que elevaba estas obras a un nivel mucho más complejo era la relación, por efímera que fuera, entre el objeto como envase vacío y la galería donde se encontraban las obras. El efecto era realzado, entre otras cosas, por las relativas tonalidades del color del yeso del que estaban hechas las esculturas, y las paredes blancas de la galería. Este efecto de doblaje planteaba interesantes problemas ontológicos sobre la naturaleza del objeto de arte y el signo, pero debido a la exposición del objeto en una galería de arte, también se trataba la galería como marco epistemológico. Las dos piezas bidimensionales de Torres también eran interrogantes sobre la estética, la filosofía y el consumismo, aunque mediante un enfoque formal diferente.

Estas obras consistían en lo que parecían ser cajas de cartón para cereales u otros tipos de alimentos deshidratados. Sin embargo, se dejaba que el espectador adivinara si, en efecto, esto era correcto, porque Torres no reveló de qué se había apropiado, qué había manipulado, reconfigurado, para luego presentarlo sobre la pared. Las dos composiciones bidimensionales de cartón estaban tendidas y unas franjas de pintura blanca cubrían las áreas donde uno podría haber reconocido cualquier etiqueta comercial. Entrecruzando el de-collage, el collage y aspectos de arte povera y Richard Tuttle, estas obras tenían una familiaridad y una elegancia que, no obstante, proyectaban una presencia formal y conceptual mucho más allá de la sencillez de su construcción y composición. Y éste es el tipo de contradicción visual y poética que se encontraba en el corazón de esta reciente exposición y este conjunto de obras de Torres: ¿cómo un artista presenta el mundo en forma diferente y lo hace parecer nuevo y palpable desde el punto de vista estético, y sin embargo les infunde a estas mismas obras, de manera concomitante, un discurso y una criticidad que las lleva a ser más que simples objetos de seducción y delectación estéticas?.

RAÚL ZAMUDIO

Benjamín Torres, por Raúl Zamudio | artnexus