Las fotografías de Augusto Zanela documentan sus instalaciones site specific y también constituyen obras independientes que demuestran un profundo entendimiento de la luz y el espacio. Esta profundidad y disposición técnicas son esenciales para lograr la expresión de su programa conceptual, que desafía las bases sobre las que el artista ha construido su obra.
La primera imagen de esta exposición, Cubo + Reflejo, era una especie de retrato del artista. Aunque el fotógrafo podía verse claramente, lo que la imagen revelaba acerca de su mundo interior era mucho más importante que el registro de sus rasgos exteriores.

En Cubo + Reflejo, Zanela empleó la perspectiva de un punto único, un sistema que ha guiado nuestra representación de la realidad desde el Renacimiento y que ha sido reforzado por la cultura visual de nuestra época, transmitida a través del lente. También empleó una iluminación fundamentalmente plana, que hemos llegado a asociar con una presentación de hechos visuales aparentemente neutral.
En lo que parecía ser un largo y estrecho estudio de danza, Zanela se mostró a sí mismo detrás de una cámara. Extendida sobre el piso delante de él, dibujada al parecer con cinta de enmascarar, se veía una figura geométrica alargada, y en primer plano, flotando frente a ésta y conteniendo la luz que se reflejaba desde arriba sobre el piso muy brillante, se hallaba la figura de un cubo perfecto.
Al examinar la composición en búsqueda de pistas que explicaran el origen de este misterioso cubo, descubríamos que la perspectiva que lo creaba y lo sostenía era una ilusión. No estábamos mirando hacia el fotógrafo, estábamos mirando un espejo. El fotógrafo estaba detrás de nosotros, nuestro ojo estaba retenido en la cámara que veíamos frente a él. Por consiguiente, la distorsionada figura geométrica en el espejo debería ser el cubo flotante. Como hemos interiorizado el hecho de que los espejos distorsionan, también éramos conscientes de que, aunque la configuración geométrica existe, ni el cubo ni la forma que veíamos en el espejo la representaban con exactitud. Sin embargo, el poder del aprendizaje visual es tal que insistíamos en entender la fotografía como si Zanela estuviera de algún modo parado en frente del punto de fuga.
Sólo un mago muy calificado se atreve a mostrarnos todos los elementos de su ilusión, demuestra de manera clara la forma en que estos elementos nos engañan, y luego procede a sorprendernos de todos modos.
Los problemas de percepción explorados en Línea, que parecía ser una presentación completamente genuina de una instalación hecha de madera reciclada, eran más sutiles. Como sucede con sus otras fotografías, la luz de esta construcción coincidía claramente con la del espacio que la rodeaba, pero cuanto más estudiábamos la imagen, más evidente era que no ocurría lo mismo con el tamaño de esta instalación. A medida que se revelaba esta discrepancia, nuestro ojo alternaba en forma continua entre la construcción de Zanela y la galería que la contenía, en un intento dinámico, aunque en el fondo inútil, por hacer que todos los componentes concordaran.
El arte anacrónico y sus análogos parecen estar experimentando una especie de renovación: las exageradas sombras de las instalaciones de Regina Silveira, las distorsionadas esculturas de Robert Lazzarini y las irónicas pinturas de la serie Junk, de Vik Muniz, saltan a la mente de inmediato. Como sucedió en el pasado con este género, estos artistas emplean efectos anacrónicos dentro de campos de expresión esencialmente figurativos. Zanela, en cambio, regresa a las matemáticas que proporcionaron las bases del arte anacrónico y lo reubica y revigoriza dentro de un escenario abstracto.
Pasaje evocaba la forma y la teoría de la obra de un constructivista ruso, empleando el espacio de manera efectiva como un elemento escultórico, en una forma que los artistas de principios del siglo XX pensaron que transmitía la esencia de la realidad. Al afirmar y rechazar a la vez la supremacía de la percepción mediante el empleo de una ilusión óptica para crear esta imagen, Zanela dejó claro que sus preocupaciones están alineadas con la estética de la percepción antes que con la simple mecánica de ver. Aunque sus instalaciones cabrían muy bien dentro de los confines de un museo de ciencias, el interés de este artista radica en despertar nuestras ideas básicas sobre la percepción, no simplemente en demostrar sus efectos.
El video que acompañaba las fotografías de la exposición documentaba las reacciones de los espectadores ante Pasaje y Apunte. El video no sólo transmitía el deleite de los espectadores al encontrarse con las ilusiones de Zanela sino que documentaba otro elemento crítico de su obra. Su público participaba activamente en estas instalaciones, en particular, en los círculos concéntricos que conformaban Apunte, convirtiéndolos en una especie de espacio de performance perpetuo. Mientras intentaban explicarse a sí mismos y explicarles a otros cómo su visión había sido engañada, los espectadores corrían, jugaban e incluso danzaban dentro de las ilusiones, acrecentando sus efectos visuales.
Por fortuna, ya hay planes encaminados a llevar una instalación de Zanela, de tamaño natural, a la galería de Praxis International en Miami. Hasta entonces, las seis impresiones cromogénicas de gran formato y el video que conformaron esta exposición nos brindaron una evidencia paradójicamente convincente de un talento cuya experiencia internacional está claramente destinada a crecer.
K. MITCHELL SNOW
