Strange New World: Art and Design from Tijuana, curada por Rachel Teagle para el Museum of Contemporary Art de San Diego, estuvo entre las exposiciones de arte tijuanense contemporáneo más ambiciosas hasta la fecha. La exposición, instalada en el MCASD La Jolla y el MCASD en el centro de la ciudad, ha sido la más grande en la historia del museo; contenía 150 obras de 41 artistas, arquitectos, diseñadores y cineastas. Strange New World presentó obras de la primera generación de artistas tijuanenses contemporáneos que exploran “problemas fronterizos” como el cruce de la frontera, el tráfico de drogas, etc. Presentó también piezas de la generación norteca, más joven, cuyo nombre es una combinación de norteña (música tradicional del norte de México) y tecno, que se centra en la economía local y el planeamiento urbano, cambiando el énfasis del espacio liminal a la frontera de Tijuana.

El punto central de la exposición fue esta generación norteca, cuyas obras pueden identificarse por la combinación de formas tradicionales y experimentales e influencias locales y foráneas. Esta generación surgió en Tijuana en la década de 1990, durante un período de grandes transformaciones socioeconómicas y culturales. En 1994 se firmó el NAFTA, que trajo como consecuencia la construcción de maquiladoras a lo largo de la frontera. Desde el punto de vista cultural, los artistas de Tijuana estaban obteniendo reconocimiento internacional gracias a dos películas importantes sobre el tema de la frontera, El jardín de Edén (1994) y Fronterilandia (1994), y dos exposiciones de arte fundamentales: inSite (1992) y La Frontera/The Border: Art about the United States/Mexico Border Experience, organizada por el MCASD y el Centro Cultural de la Raza en 1993.

En las obras expuestas en el MCASD La Jolla, muchas de ellas de artistas de la primera generación, afloraron problemas tanto políticos como sociales. Taller Artístico Fronterizo, un colectivo formativo, creó una instalación site-specific en la que se proyectaban clips de video de sus obras/performances en los que trataban temas fronterizos. Estos clips se seleccionaban mediante una rueda que los visitantes podían hacer girar; esta rueda y la proyección estaban instaladas junto con escaleras provisorias similares a las que utilizan quienes traspasan la frontera. Las escaleras aparecían de nuevo en Front-era (2003), de Marta Palau, consistente en 41 pequeñas escaleras hechas de ramas y otras fibras naturales. Reconstruxiones (1996-1997), fotoconstrucciones muy politizadas elaboradas por Carmela Castrejón Diego, juntaba en un collage pequeñas fotografías en blanco y negro de mujeres que trabajan en la frontera entre Tijuana y San Diego; era una reflexión sobre el espacio de la frontera desde una perspectiva feminista.
Los papeles femeninos tradicionales se trataban de nuevo en Lanzadas (2003), de Tania Candiani, de la generación norteca. Al afilar los extremos de escobas hasta hacerlos muy finos, la artista transformó su significado de domesticidad y limpieza a símbolo de defensa y/o asalto. Las fotografías de maquiladoras, en blanco y negro, desprovistas de figuras, pertenecientes a la serie Paisajes (2000-2005), de Sergio de la Torre, también hacían comentarios sobre el trabajo de las mujeres, al presentar los deprimentes parques industriales de la Tijuana post NAFTA.

En el MCASD del centro de la ciudad las referencias a la economía formal e informal de Tijuana eran más abiertas, por cuanto el espacio de la galería bullía con obras multimedia de la generación norteca que hacían énfasis en los taxis, el turismo, los vendedores callejeros y la producción industrial. Los videos musicales de la diseñadora gráfica Ángeles Moreno, que mostraban animadas figuras subiéndose a los taxis gitanos de Tijuana, se veían en un monitor en la escalera que llevaba al segundo piso. Allí, los visitantes se encontraban con la obra Informal Economy Vendors (2002), de César Morales, compuesta de esculturas, pinturas y un video, que resaltaban las carretillas hechas a mano a partir de desechos y empleadas por los vendedores de Tijuana. Las aguatintas de monos mofle, de la serie Los guerreros, (2003), de Mely Barragán, le rendían homenaje a esta forma de arte con la cual los mecánicos tijuanenses demuestran su habilidad para soldar mediante la producción de figuras hechas de partes de automotores. Los grabados en blanco y negro Registros de labor (2004), de Jaime Ruiz Otis, tomados de protectores de poliuretano sobre los cuales se cortan materiales en las fábricas, y Fósiles (1995-2005), readymades encontrados en contenedores de reciclaje y de las maquiladoras, llamaban de nuevo la atención sobre las fábricas que se encuentran en Tijuana y la enorme cantidad de basura que generan.

Los arquitectos Daniel Carrilo y Omar Bernal, de Oficina 3, reciclan desechos de maquiladoras para fabricar sus utópicos diseños domésticos. Inspirados para mejorar el estado de la arquitectura de la ciudad, al igual que el arquitecto y urbanista Teddy Cruz y los arquitectos Jorge García y René Peralta (genérica), mostraron collages y/o modernos planos y modelos para la ciudad, con énfasis en la prefabricación y el reciclaje rentables. Estos diseños presentaban una visión contrastante con las viviendas suburbanas de clase media a las que Miguel Robles-Durán y Gabriela Rendón (Rhizoma) critican por medio de sus intervenciones ilegales, en las que diseñan exclusivos hogares modernos para incluirlos en los fraccionamientos para la clase media de Tijuana.
Antes que describir literalmente la frontera, los artistas de la generación norteca demuestran la forma en que Tijuana manifiesta las complicaciones de la vida allí. Los problemas locales aparecían en obras como Bastón de Capitán América (2003), de Daniel Ruandua, una escultura hecha de revólveres, soldados y tanques de plástico que pegó para darles la forma de una ametralladora, para llamar la atención hacia la violencia que domina la región limítrofe, los medios masivos de comunicación y los videojuegos. Las pinturas vernáculas de 2001 de Charles Glaubitz contaban la historia de El niño burro, que se viste con un abrigo a rayas, como los burros de Tijuana pintados para que parezcan cebras, con el fin de divertir a los turistas. Tula Frontera Norte y Tula Frontera Sur (2001), de Einar y Jamex de la Torre, los grandes tótems de vidrio hechos de objetos readymade, con televisores en lugar de petos, eran un comentario sobre la conquista cultural y el hibridismo.

Los tótems en forma de altar de los hermanos De la Torre eran similares en muchos aspectos a The Altar of Live News (1992), de Felipe Almanda, puesto que también utilizaban objetos readymade de Tijuana para hacer comentarios sobre la ciudad y la zona limítrofe. Sin embargo, la relación entre estos artistas no se exploró lo suficiente en esta exposición, con lo cual, infortunadamente, la inclusión de las míticas obras figurativas de Benjamín Serrano, Daniela Gallois, y Raúl Guerrero, todos ellos prominentes artistas de la primera generación, expuestos en La Jolla, pareció fuera de lugar al lado de las piezas conceptuales de la joven generación norteca.
La exposición será llevada al Museum of Art de Santa Mónica y se verá también en algún lugar de México próximo a decidirse. Junto con la exposición se produjo un catálogo bilingüe de 250 páginas, diseñado por Marcela Guadiana, y se creó un sitio web, www.mcasd.org/strangenewworld, diseñado por Ángeles Moreno.
BETH ROSENBLUM

