Atrapado entre el tiempo y los conceptos, el espectador podrá participar de la más reciente exposición de Sandra Gamarra (1972). Acogida por la Galería Juana de Aizpuru, en su proyecto Gabinete se recrea la cita desde el arte y hacia el. Reflexiones sobre jerarquías, autonomías, mitos de la posmodernidad encaminados a sobrestimar el valor del supuesto original, son los predios elegidos para discursar.
Una propuesta mayor constituye la génesis de estas preocupaciones: El LiMac (Museo de Arte Contemporáneo de Lima), presentado en el año 2002, en la Galería Wu Ediciones, titulado Souvenir. Exhibió una instalación que incluía todo el merchandising que el propio museo genera. Para el año 2004, con el LiMac en el Musac, el proyecto se amplía; inaugurado paradójicamente dentro de un recinto museográfico, era la réplica del propio Musac, un museo dentro de otro. Visita guiada, nombre de la muestra, proponía una selección de los fondos generados a partir de los catálogos realizados por otros museos y artistas contemporáneos. Estas obras impresas se reproducen a través de la pintura y surgen las apropiaciones convertidas en nuevos originales, los cuales conforman la colección.

El LiMac se crea como una necesidad ante la ausencia de un museo de arte contemporáneo en Lima. Su espacio físico se extiende hacia galerías, centros de arte o instituciones que por períodos se convierten en su sede. Además de existir de forma virtual a través de un sitio web, poseer catálogos de su compilación, una imagen que lo identifica y un fundamento conceptual que lo estructura, manteniendo las mismas funciones e intereses de otros espacios de arte contemporáneo. Actualmente supera la cifra del millar de obras, mostradas en su página de internet, de forma rotativa en la sala permanente y dos salas temporales para expositores invitados. Su principal objetivo es recuperar la memoria histórica de toda la creación de artistas peruanos en los últimos 10 años y dialogar o confrontar las producciones internacionales. Durante la feria de Arcos de 2005, el LiMac se materializa con impresos, objetos y suvenires similares a los que habitualmente se venden en tiendas online o de los museos. Lo más actual ha sido la presentación de su proyecto arquitectónico.
Partiendo de estas premisas, Sandra Gamarra con el Gabinete, personaliza el discurso en dos espacios aparentemente diferentes y, sin embargo, complementarios. La primera estancia muestra la instalación donde se reproduce un ambiente al estilo de un antiguo gabinete de curiosidades. Un sitio caracterizado por un montaje abigarrado, a varios niveles de altura, como queriendo escapar del horror al vacío. Potenciando un auténtico entorno al utilizar pintura roja sobre las paredes, contrastando con el blanco de las puertas. Asimismo, se ubicaron dos butacas alrededor de una mesa circular, confiriéndole mayor teatralidad y fuerza expresiva a la instalación. Las creaciones son apropiaciones de arte clásico y contemporáneo, agrupadas por Sandra Gamarra en conjuntos temáticos, ya sea retratos, paisajes o bodegones. Así, descubrimos citas de Nara, Murakami, Franz West, Andrés Serrano, Monet o El Bosco, entre otros, mezcladas con imágenes recogidas en ferias, bienales o exposiciones de los galeristas, artistas y espectadores. Hay alegorías a obras que se unen dando vida a una superposición visual o collage. Las piezas desbordan maestría y técnica, produciendo en el público un fenómeno de reconocimiento-extrañamiento, al descubrir el referente y a la vez desvelarse un nuevo carácter por su contenido simbólico, marcado por la investigación posconceptual que la artista aborda en todo el proceso de creación.
En la segunda sala se exhiben siete lienzos, con el título Detalles. El protagonismo absoluto es para el sujeto social, realizado con idénticos cánones pictóricos que los del Gabinete. Aquí se apropia de la serie de fotos de los museos, captadas por Thomas Struth. Anulando el color original y seleccionando un detalle para sobredimensionarlo en la pintura, utilizando una paleta reducida al blanco y negro. La intención de estos detalles es anular parcial o completamente la obra primigenia y conferirle la mayor importancia al observador, quedando a solas consigo mismo. De ahí que el lenguaje plástico articulado esté regido por el cuestionamiento de los paradigmas del arte y la sociedad. Les confiere a los espectadores un voyeurismo compartido entre la dimensión pictórica y la realidad.
Sandra Gamarra investiga y hace una revisión crítica de los accesos reales al conocimiento y consumo del arte en las periferias. La problemática enfocada a la escasez de instituciones y centros generadores de cultura, no sólo en Lima sino en otras ciudades alejadas de estos núcleos, revela un rasgo distintivo y desfavorable, en el que hemos tenido que aprender y disfrutar de las obras clásicas y contemporáneas sólo a través de revistas, diapositivas o reproducciones. De hecho, tamaños, color y texturas son reinventados bajo una percepción bidimensional y de pequeño formato. Por estas razones, el recurso del palimpsesto para reconstruir la historia a partir de citas, apropiaciones y fragmentaciones es una opción válida de perpetuar nuestra identidad y reivindicar la memoria artística.
ELVIA DIEGUEZ
