Exposición Individualene 2007 - mar 2007· Por Graciela Kartofel

Nicolás Leiva

Chiesa di San Giuseppe

Unos metros delante del altar, sobre el piso de cerámica de San Giuseppe, en Faenza, Nicolás Leiva realizó El séptimo día, una instalación in-situ en la que el artista expande la correspondencia entre el material y la creación del mundo. Cuando Leiva fue invitado a este espacio reservado para proyectos especiales, pensó en la cerámica —resultante de un proceso a partir de la tierra, el agua y el fuego—, como un hecho directamente relacionado con los seis días de la creación y con el día de descanso, Il settimo giorno, cuando Dios observa lo que ha creado. En un mundo primigenio, fue sobre la Tierra donde Dios realizó su creación.

Exposición Individual: Nicolás Leiva — imagen 1
Nicolás Leiva. El séptimo día, 2006. Instalación en Iglesia de San Giuseppe.

Treinta y dos piezas integran la instalación. Desde la entrada, el espectador está ante una visión fantástica, un conjunto en el que identifica esferas, medias esferas, casquillos de diferentes dimensiones interceptados por frascos altos y otros más altos aún, estilizados, con tapones ascensionales, conformando una visión de reposo y lujo, de estudio y descanso. El séptimo día crea la percepción de un gran momento ubicado en un espacio en el cual el paso del tiempo se ha detenido. Las piezas verticales —de sesenta y cinco a ciento ochenta centímetros de altura— y las obras referidas a la forma del mundo —las esféricas, que se expanden de quince hasta setenta y cinco centímetros de diámetro— crean un interesante equilibrio entre alturas y diámetros, entre expansiones horizontales y aguzadas verticales. Todo esto se integra en una visión donde formas estelares, listones, puntos, formas gota, crean un estadio reservado y pleno de luminosidad para quien se avecina a la instalación. Ésta ejerce una acción de imán que se descubre en los diferentes interespacios, las sombras que se proyectan sobre el piso, los efectos metálicos, y por sobre todo, la percepción de una acción que ha entrado en reposo. Leiva actúa como el agente generador de esa transmutación de la tierra opaca a la tierra luminosa, iridiscente, que se apoya en el piso y se eleva al espacio, que parece girar a la vez que está serenamente asentada sobre el piso.

Las obras que integran la instalación son originales únicos, que estuvieron en la citada iglesia del Palacio de Exposiciones, del 2 de junio al 31 de agosto del 2006. Nicolás Leiva, nacido en Tucumán, Argentina, en 1958, reside en Miami desde 1990. Es un autor de espíritu inquieto que pone en práctica “el equilibrio de las migraciones” (tanto Argentina como Estados Unidos son cuna de infinidad de inmigrantes peninsulares). Leiva va de Miami a Faenza varias veces al año llevando proyectos, dibujos, mil ideas en la cabeza y la ansiedad de convertir todo eso en forma y color, incidiendo y trazando en la materia. La barroca fantasía del artista manifiesta en sus tempranas pinturas, dibujos –también en escultura en mármol–, tiene en la cerámica un amplio campo de creación que el Ente de la Cerámica de Faenza ha sabido distinguir. Leiva trabaja formas que no refieren seres humanos, pero sí incluye algunos fragmentos de tipo animalístico como fauces y garras. Sus obras están habitadas por la fantasía y el lujo de Medio y Lejano Oriente, por la magia y el riesgo propio del mundo de los navegantes. Visualmente, la instalación parece aludir a los procesos alquímicos —aunque el suyo no es en sí un trabajo con metales sino con tierras–, el oro, el cobre y la plata implican en una transmutación propia del siglo XXI. La personal técnica de la Bottega Gatti ha desarrollado desde 1928 a la fecha esa interacción con los metales. Las obras de cada artista pueden están tratadas con diversos medios, lo que en El séptimo día implica aportar luz en un espacio espiritual.

Al caminar por Faenza, se descubren discretas pequeñas placas de cerámica en las paredes de algunas casas, en las que se lee “bottega…x” —taller de cerámica. En una de ellas, en una de gran incidencia histórica y artística, trabaja Leiva desde hace años: la Bottega Gatti, –donde realizaron cerámica Lucio Fontana y los Futuristas, entre otros. Allí se desarrollan las obras de algunos pocos artistas actuales que continúan y amplían esta relación singular con el barro. Nicolás Leiva inició en 1997 esa experiencia con la cerámica de la que ya no se puede separar. Las fantasías de Las mil y una noches parecen brotar de la lámpara maravillosa de Aladino y mecerse en las aguas de Venecia, en un reencuentro de aquel que zarpó del Puerto de Palos, —aunque se lo dice oriundo de Génova. Todo ésto son sólo alusiones, nada es evidente, son las lecturas de gestos de Nicolás Leiva que la mayólica parece revelar.

GRACIELA KARTOFEL

Nicolás Leiva, por Graciela Kartofel | artnexus