Exposición Individualene 2007 - mar 2007· Por Bélgica Rodríguez

Milton Becerra

Durban Segnini Gallery

La serie de obras expuestas recientemente por Milton Becerra (Venezuela, 1951) constituyó un acontecimiento de lo afectivo, lo perceptivo y lo reflexivo. La visión del artista aquí llegó a la síntesis de su propia experiencia creadora manifestada en encuentros plásticos desprovistos de retórica; encuentros que, como gravitaciones en solitario, pueden percibirse a través del hilo de un ovillo que se prolonga al infinito por medio de un tejido que, como imagen constructiva, no tiene límites conocidos. No existen en ella contenedores estancos de significados y significantes; el movimiento, lo virtual, la nada, el engaño al ojo, se asocian al temperamento monocromático que las caracteriza. Cada obra es el lugar que festeja el espíritu del arte, el que se muestra sin ser visto pero que se sabe está allí como duende esotérico en anhelo de lo inmortal. Geometría orgánica fue el título que Milton Becerra dio a esta exposición, conformada por trabajos que muestran cierto despegue con etapas anteriores, sin perder la continuidad, obsesiva y obsesionante, en la utilización de materiales de la naturaleza: piedras, cuerdas de lino o cáñamo. Becerra mantiene vigente la exploración en el espacio, en donde todavía se aprecia su visión analítica, la que el crítico e historiador Alfredo Boulton define como la “preocupación del artista por los volúmenes y por las fuertes estructuras”, encontrándose el espectador ante “un objeto macizo, pero al mismo tiempo liviano y frágil”.

Exposición Individual: Milton Becerra — imagen 1
Milton Becerra. Geometría orgánica, 2005. Fibras de lino, metal, piedras. 97 x 120 cm. (38 x 47 pulgadas). Foto: Luis Becerra.

Para atrapar en profundidad el significado de la obra de Becerra, dos aspectos son esenciales. Por un lado, su profundo interés en presentar una forma abierta en un espacio abierto, puesto que, ante todo, el planteamiento se centra en la exploración del espacio físico, que se convierte en espacio plástico, y de allí actúa como elemento formal. El espacio es soporte y materia simultáneamente. Este aspecto corresponde a la experiencia del arte y del artista al afrontar los marcos de referencia a los que la obra, en conjunto de calidad indivisible e indisoluble, se expresa, marcada por la autonomía de su propio espacio en relación con el que la rodea, a la vez que, como dibujo no real, se aprovecha de ambos. Por otro lado, está el aspecto de la materia traducida en una forma transparente opuesta a la gravedad de lo material hasta llegar a lo inmaterial. Al analizarla, paradójicamente, la transparencia se evidencia aún más gracias a la forma-piedra-objeto que se interpone en esta relación de lo espacial y lo material, consolidándose así las reglas significativas y connotativas del tema-no-tema y de la forma-no-forma. También en un nivel de importancia, es preciso mencionar la ausencia de color manifiesta en la monocromía, que se expresa en el color local de los hilos de lino, de las varillas, de las piedras, que en conjunto forman la estructura de la obra.

Como todo buen trabajo de arte, el de Milton Becerra se inserta en las coordenadas del arte universal y en la historia reciente de las vanguardias artísticas que han planteado nuevos lenguajes a partir de las conocidas históricamente, como podrían ser el arte óptico, el minimalismo, el arte cinético, la geometría, el constructivismo y, hasta cierto punto, comulgando con el concepto de la instalación. La nueva serie, realizada en los últimos años, parte de propuestas practicadas en etapas anteriores siempre dirigidas a una dimensión de lo sensible que expresa una estética del espacio absoluto, del silencio y la quietud plástica. La suya es una obra que se resuelve a partir del vínculo de su condición corpórea inexistente, sin embargo, paradójicamente visible, con el espacio aéreo que habita, hasta llegar a crear una ilusión de lo real, gracias a una geometría relacionada con procesos de percepciones y sensaciones que resultan del intrincado tejido artesanal de hilos (líneas y ejes compositivos), dispuestos en un estricto orden estructural que implica la organicidad de un elemento dinámico y vivo de la naturaleza. Nada es aleatorio ni imprevisto. Becerra no deja nada al azar. Cada obra es una estructura calculada en sus partes y en su conjunto. Entre lo geométrico-constructivo y lo orgánico no existe contradicción alguna, el artista maneja sus medios, recursos y elementos con la autoridad de quien sabe lo que está haciendo, y en consecuencia, está previsto el resultado.

BÉLGICA RODRÍGUEZ

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