Exposición Individualene 2007 - mar 2007· Por Laura Gil

Leonel Mathew

Lyle O. Reitzel Gallery

Con la edad adulta decía un poeta simbolista galo que “el niño abdica de su éxtasis”. Quizás se trata nada más y nada menos de que entonces transigimos con todos los absurdos –obviamente culturales, no naturales– que constituye el mundo de las convenciones sociales, los errores tomados por valideces incontrovertibles que , que conforman el universo de los adultos. Como ha subrayado ya Marisol Martell, el mundo de este artista cubano está lleno de personajes infantiles, y de objetos y peculiaridades del grafismo que hacen alusión constante al mundo infantil.

Exposición Individual: Leonel Mathew — imagen 1
Leonel Matheu. Ida y vuelta, 2006. Mixta Sobre tela. 106 x 129,5cm. (42 X 51 pulgadas).

 En todos los casos, llama la atención una vena surrealizante, no solo por el uso constante de la asociación libre como eje de una lógica de la imagen que sustenta toda la identidad de un estilo, sino también por cierto tono onírico o fantástico, ligado a un tipo de humor curiosamente afrancesado. Nada extraño en muchos artistas procedentes de Cuba, cuya Escuela de Bellas Artes fue dirigida, en el momento de su fundación, por un discípulo directo de Louis David.

Lo más significativo de la imaginería de Mathew es, no obstante, que todo el repertorio iconográfico e incluso lo que podríamos considerar su iconología personal, parece aludir, directamente o de pasada, a la naturaleza del tiempo. En especial, del tiempo vivido, del tiempo psicológico o existencial, aquel en el que puso todo el énfasis el pensamiento de Henri Bergson, o la poética, pongamos por caso, de un Antonio Machado. No el tiempo cuantificable de los relojes, sino el tiempo significativo de las sincronicidades que dan sustancia a la temporalidad del individuo, y también a la del mito. Empezando y terminando, Ciclos o Tiempo oportuno, son sólo algunos de los títulos de piezas de esta exposición en Lyle O’Reitzel, donde Mathew nos recuerda que el flujo temporal no solo depende, cómo sabía Einstein, del posicionamiento concreto del espectador, sino que este marca « la calidad « del tiempo vivido, y su apertura inconmensurable al mundo atemporal del lenguaje, que fija los significados y define esencias que trascienden el transcurrir “fluvial” de la historia.

De este modo, una suerte de inocencia infantil del artista es lo que constituye su lucidez, y la posibilidad de quebrar la lógica utilitarista de lo cotidiano es también el elemento decisivo para la salva de la libertad de la imaginación, equiparable a la libertad del espíritu.

Una estudiada sencillez del dibujo, una factura impecable, unos esquemas compositivos propios del surrealismo de los años veinte y treinta o de los comienzos del cubismo, en piezas de pequeño formato que fusionados con un incontestable humor, recuerdan lo característico de las vanguardias europeas en la primera mitad del siglo pasado, proporcionando a la pintura de Leonel Mathew un tono ligeramente arcaizante, y paradójicamente, también muy contemporáneo, en tanto reafirma la vigencia, hoy, de los lenguajes bidimensionales de la expresión .

LAURA GIL

Leonel Mathew, por Laura Gil | artnexus