Landings 3: El mejor arte nómada de centroamerica y el caribe

Yasser Musa. Co-lab-oration #1: Mouses (Brad and Domingo), 2006.

Colectivaene 2007 - mar 2007· Por Laura Gil

Landings 3: El mejor arte nómada de centroamerica y el caribe

Ha sido un auténtico privilegio asistir a la prehistoria y la historia de Landings. El proyecto de Arte Contemporáneo que ostenta de principio a fin la huella personal de su curador, Joan Duran, ha alcanzado ya su tercera edición, y prepara la cuarta para ser presentada el año que viene en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, MADC, en San José, Costa Rica. Sin embargo, puede considerarse su directo precedente a ZERO, también llevado a cabo por Joan Duran, como parte de su trabajo como embajador de Belice, con la misión expresa de ocuparse de la promoción del arte de este país centroamericano y caribeño. Y lo mismo puede decirse de las participaciones beliceñas premiadas en la cuarta y la quinta bienales del Caribe.

En todos los casos, lo primero que salta a la vista es la relevancia que el curador ha tomado en las exposiciones de arte contemporáneo. Es el suyo un papel a medio camino entre el del buen director cinematográfico y el pedagogo, puesto que se trata de coordinar las individualidades sin aplastarlas, ayudándoles a extraer de sí mismas lo que les es más propio, y dotando de equilibrio al conjunto. Y como en todo trabajo de creación, la impronta personal no ha de faltar. En el caso de Joan Duran, siempre es directa e inmediatamente perceptible: equilibrio entre las formas de expresión bi y tridimensionales, el movimiento (video o performance) e incluso el sonido, además de una serena orquestación del espacio y la luz, una impecable atención al detalle, y, finalmente, excelentes catálogos que, por lo general, además de servir como documentos de las obras expuestas y el resultado final, lo son del proceso de ejecución del mismo.

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Vanessa Rivero. Home, 2006.

Un Instrumento Para la Convivencia

Si asumimos la posición —con María del Corral— de que el objetivo del arte contemporáneo no es crear obras maestras, sino «instrumentos para la convivencia», un proyecto como Landings, pese a la extrema rigurosidad formal que ostenta, tanto en el nivel individual como en el que pudiéramos llamar escenográfico, es más que actual. El primer Landings se aparcó en el ex convento yucateco de Conkal, a pocos kilómetros de la Mérida mexicana, un recinto franciscano del siglo XVII, donde ya había un pequeño museo de arte religioso, donde se exhiben piezas como un San Miguel que nos recuerda que en estas tierras calientes se sincretizaba al Arcángel cristiano con una deidad de los vientos. Con el viento en contra o a favor, aterrizaron allí jóvenes artistas de Belice y Yucatán, y también de Guatemala, Cuba, Trinidad y Tobago y Honduras.

Se apropiaron los espacios, semantizándolos nuevamente, convivieron con sus coetáneos de otros países, compartieron una experiencia de creación y se marcharon... Hubo un Landings 2 a comienzos de este 2006, en un recinto de una antigua escuela primaria de Mérida, habilitada para esos fines, y ahora un Landings 3 en el Centro León de Santiago de los Caballeros, República Dominicana, una institución especializada en cultura y arte de la región del Caribe. Y no se puede dejar de decir que en estos primeros tres Landings han estado artistas de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, El Salvador, México, Aruba, Haití, República Dominicana, Trinidad y Tobago y Belice, sumando entre todos más de una treintena para Landings 4, donde habrá muchas caras nuevas y una mayoría de mujeres y mayoría también que no habrá cumplido los 30 años. Landings continuará con exposiciones en Nueva York. Washington, La Habana, Barcelona, y terminará en mayo de 2008 con un aterrizaje final en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo, MEIAC, en Badajoz, España.

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Lucía Madriz. Alerta roja, 2006.

Notas Sobre el Nomadismo

La exposición nos parece una de las expresiones más típicas de la cultura del siglo XXI, si consideramos, como Jacques Attali, que el nómada es «el arquetipo humano del siglo». El cinco por ciento de la humanidad es nómada desde hace unos treinta años, y la proporción tiende a aumentar: campesinos sin tierra, refugiados políticos, trabajadores emigrantes. Los nómadas han sido siempre productores de arte, de música, de estatuillas, joyas, cuadros, literatura oral y toda clase de obras ligeras y portátiles.

El nómada contemporáneo se define, según este autor, por una ética de la ligereza, la vigilancia, la hospitalidad, la libertad, la interconexión (por los modernos medios de comunicación) y un gran sentido fraterno. Un absoluto respeto por las normas del sedentario que lo acoge es una de sus virtudes cardinales. Cada Landings es, en este sentido, expresión suprema de esta forma actualísima del nomadismo. Cada proyecto es diferente, y se adapta al espacio específico, y a sus normas. Los artistas proceden, en parte, de los Landings anteriores, pero cada proyecto nuevo incluye también gente nueva con propuestas novedosas, los últimos hallazgos del curador.

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Adán Vallecillo. Tímpanos, 2006.

La Cámara Maravillosa

Uno de los rasgos principales del Landings 3 es la importancia otorgada al videoarte, en comparación con los proyectos anteriores. La estructura de caja y las paredes oscuras de la sala de exposiciones temporales del Centro León recuerdan la espacialidad de una sala de cine, y de esa forma de sacralidad que tenía el disfrute estético del arte cinematográfico antes de la aparición del VHS y del DVD. El recinto se constituye en un mundo aparte de lo cotidiano, sin solución de continuidad con el espacio pragmático de nuestros afanes consuetudinarios. Aquí la magia, la ensoñación y la hiperrealidad se hacen posibles, una vez traspasado el umbral.

 Al fondo del salón, Ryan Oduber proyecta, en un espacio que puede descodificarse como altar, escenario o gran pantalla, la imagen de un jugador de golf que da impulso a pelotas de juego que se metamorfosean en aviones, cruzando la frontera entre lo fantástico y la realidad. Podemos observar todo ello desde un sillón-trono de terciopelo carmesí, que allí ha puesto Gema Ríos, y que, inmediatamente nos sentamos, perturba nuestro sentido de lo real y del equilibrio, cuando una voz nos indica que, lejos de habernos acomodado en el reposo, debemos inmediatamente “buscar nuestro carril”.

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Gema Ríos. Bang-Bang, 2006.

El centro del recinto está ocupado por una “VIDEO BOX” que resume y reproduce la especialidad de rectángulo tridimensional de la totalidad. Allí, el espectador asiste a las proyecciones de una serie de videos, entre los que podemos destacar algunos. El de Thelma García, donde una joven llora solitaria en el metro de Nueva York, ajena a las miradas, porque retoma en otros términos la obsesión de esta artista por iluminar las zonas oscuras de la intimidad femenina, y los desencuentros y encuentros de lo público y lo privado, que antes vinculaba más con el tema del erotismo. También Ryan Oduber, con la visión de una persona con síndrome de Down cantando canciones infantiles, asume una postura neorromántica al cuestionar nuestros estereotipos no sólo de lo que es la belleza, sino incluso la humanidad. José Alberto Hernández indaga sobre el carácter sígnico de las imágenes; José David Herrera realiza una aproximación analítica a los objetos, mientras que Lucía Madriz y Paola Reyes fusionan juegos formales con un discurso ecologista. Para Samuel + Alexis, el videoarte es sobre todo un revulsivo para las conciencias, mientras que Yasser Musa, con su video de Fidel Castro, se aproxima con humor a la lógica de los mitos políticos. Valentina Bosio, en “La risa del agua”, ensaya una poética de la fluidez y la permanencia.

Santiago Cal, sin duda uno de los jóvenes artistas más significativos de la región istmico-insular del Caribe, nos presenta una figura femenina e infantil, que ostenta la misma enigmática fascinación que siempre le caracteriza, hecha de extrañeza, poesía y misterio, de algún modo suspendida fuera del tiempo, como llegada de otro mundo, con su mirada maravillada. Samuel + Alexis realizan un complejo e imaginativo juego semántico, en algún sentido emparentado con las paradojas visuales de Magritte, con un libro escrito con tinta invisible y una lámpara, evocando, igualmente, la dialéctica de lo visible y lo invisible en el hecho dado del lenguaje, que tanto interesó a Rilke, a Heidegger, a Merleau Ponty. José Alberto Hernández identifica a la víctima con el proyectil que la alcanza. Lucía Madriz, con una “alfombra” formada por semillas, nos sorprende por la inmediatez y eficacia comunicativa de su mensaje de denuncia ecologista.

Anyelmaidelin Calzadilla analiza connotaciones sociopolíticas en la semiótica de los objetos de uso cotidiano; Isenberg + Zafrani indagan sobre la importancia sociocultural del juego y Richard Holder monumentaliza la figura con una suerte de erotismo desenfadado en la imagen fotográfica. Said Omar Charruf convierte un horno eléctrico en caja de luz, como objeto intervenido. Adán Vallecillo es un virtuoso del objeto encontrado e intervenido, de los juegos verbales y formales, con sus integraciones de conchas, de naves, de hisopos. Vanessa Rivero, como en otros Landings y en la Bienal de Yucatán, lleva el femenino arte textil y del bordado y sus connotaciones de ámbito privado a los dominios del arte conceptual. La dominicana Patricia Castillo define una poética de coincidencia de opuestos, dando forma a lo informe —el agua—, mediante bolsitas de uso cotidiano, y controlando los juegos de luz y de reflejos que, para el impresionismo, eran el paradigma de lo efímero incontrolable, del “panta rei” (“todo fluye”) heracliteo, de la impermanencia esencial del mundo.

LAURA GIL

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