Gean Moreno, artista, curador y crítico de arte, sorprende con sus trabajos apenas se entra a la galería. Tal sorpresa no es falsa, ni negativa, y sin saber exactamente por qué, la sorpresa no desaparece.
Es probable que se piense en las ideas de Hélio Oiticica cuando se habla de penetrar un espacio. Oiticica se involucró con las festividades del carnaval de Río de Janeiro para crear el espacio de la sensación, o de otro tipo de reflexión; mientras que Moreno nos revoca a las calles del Downtown de Miami, o al paisaje que dejó la experiencia de Woodstock al final de los sesenta.

Nadie sabe qué significa ser un artista de Miami, cada vez es más complejo dar respuesta a esa inquietud. La misma ciudad parece que tampoco sabe ni quisiera saber hacia dónde va. Gean Moreno, quien, en su calidad de artista, también es un consumado investigador de los problemas sociales y artísticos, escribe para revistas de arte y también dirige Locust Projects, uno de los más auténticos espacios dedicados al arte contemporáneo en Miami, en donde artistas jóvenes locales e internacionales realizan proyectos especiales de gran nivel.
Las pinturas de Gean Moreno se construyen preocupándose por problemas de identidad, pero, por supuesto, más como ficción que como una posible realidad. Sin embargo, logra afirmar otra gran crisis, la que no ha dejado de existir, la de la propia pintura. Sostener esa crisis es casi como negociar con la deuda externa de un país.
Por identidad, muchos artistas se identifican por la manera en que resuelven el acabado de su obra. Robert Storr dice que la exquisitez en el arte no va bien en este país, tampoco lo caprichoso y lo humorístico; él agrega que aquí se celebra públicamente aquello relacionado con lo rústico, y se sospecha de todo lo que es refinado.
Las pinturas de Moreno, son espontáneas y no muestran gran interés en el acabado de la obra, son despreocupadas y no crean reglas. Nunca se acercan a ningún refinamiento, pero algunas de ellas atraen como pinturas, a pesar de que siempre se sienten en el espacio tridimensional. No deja de ser curioso el interés que Moreno tiene por los objetos populares de plástico, como peines, correas, etiquetas, etc. Estos ocupan gran parte de la superficie de sus pinturas, son los que dan textura y color a la totalidad de sus cuadros. En un mundo donde el capital lo dice todo, ¿cuál es el yo que se puede desplazar y expresar en una forma real? Esta pregunta del artista podría ser el soporte de su trabajo, y quizás la muestra es el intento de encontrar una respuesta adecuada.
Detrás de cualquier actitud reflejada en las obras de Moreno, es evidente su interés en crear una pintura donde la calidad no es producto de un proceso rígido o doloroso. Sus composiciones están resueltas a través de ritmo e indiferencia, y sabe justamente cómo retirarse a tiempo.
El uso de elementos tridimensionales atrapa correctamente lo que sucede dentro y fuera de la obra. Todo parece en su lugar, tanto lo necesario como lo que se excede. El color y los materiales se expresan como rebeldes sin causa, pero funcionan.
Las pinturas de Moreno cambian el ambiente mismo de la galería, habituada a los métodos tradicionales de mercadeo; las obras invitan al público a descubrir más que a interpretar. Pero la sala luce festiva y delirante, debido a la diversidad de los accesorios, que remiten a la época de Janis Joplin y Jimi Hendrix.
Elephant quizás se presenta como una expresión de carácter ritual, pero no como ofrendas a dioses o a fuerzas naturales, todo lo contrario, es el rito a otra magia, a la que cada artista tiene que inventarse.
EUGENIO ESPINOZA
