La multiplicación de las ferias es actualmente un fenómeno mundial. Sean estas oficiales u off, respecto al arte contemporáneo se han convertido en la principal tribuna de las galerías y en trampolín indispensable para artistas establecidos o emergentes. La estrecha relación, por no decir la complicidad entre instituciones oficiales o privadas, artistas y críticos, bajo la bandera de la industria del lujo –sobre todo en Francia– nunca fue tan fuerte. Este panorama contribuye a tejer la trama de lo que se ha convertido hoy en día en un mercado globalizado, interactivo, cuyos fulminantes entusiasmos y exclusiones igualmente brutales reflejan el aumento de una especulación a menudo puramente económica sobre las obras, la cual influye directamente en el éxito o la marginalización de los artistas: situación de desigualdad que se asemeja ni más ni menos a la del mundo en el que vivimos.

Pese a ser una de las más antiguas ferias del mundo, la Fiac participa de este sistema de cooptación, en donde uno puede preguntarse una lógica a menudo más económica que artística no corresponde más bien a la creación de un bien de consumo (una “pieza”, un “objeto”, el “trabajo” del artista) que a una creación de orden estético. El debate parecería fuera de lugar o pasado de moda si no existiera una burbuja financiera sobrestimada en la que se sitúa el mercado global del arte contemporáneo dominado por el mercado norteamericano y la amenaza de un crac financiero luego del alza delirante de sus precios en pocos años. ¿El anuncio de una futura feria en Shanghai, en 2007 (6-9 de septiembre) auguraría la viabilidad de este postulado y de aquel otro según el cual algunos países ausentes de este mercado en el siglo XX, como China o América Latina, estarían tal vez imponiéndose para algunos, junto a los líderes históricos, Europa y Estados Unidos?

Para esta última edición, la Fiac (con sus tres diferentes puntos de exposición) tuvo que aceptar, la simultaneidad con otros eventos, como lo hicieron antes que ella las ferias de Miami, Londres (Frieze) y Berlín. Con tres ferias “off” –Show off (arte moderno y contemporáneo), Slick (arte emergente) y Diva (video)–, creadas por exclusión de galerías, la falta de espacio, los prejuicios estéticos, el costo de los stands, un mercado emergente, etc., la oferta parisina, repartida en seis lugares, era esta vez más ecléctica que nunca. Frente a este panorama marcado de entrada por la dispersión –y sobre el cual uno podía plantearse preguntas de eficacia en materia de muestra así como de rentabilidad comercial–, París tenía sin lugar a dudas su mejor carta, la de su excelente patrimonio arquitectónico. Para esta última edición, la Fiac había escogido valorizar plenamente esta riqueza cultural instalando las galerías y las obras en tres lugares históricos, enlazados en cierta forma por un eje “triunfal” que iba del Museo del Louvre (Cour Carrée) al Arco del Triunfo, pasando por el Jardín de las Tullerías (esculturas al aire libre) y el rond-point de los Campos Elíseos (Grand Palais).

El Grand Palais renovado (luego de 13 años de cierre) exhibía arte moderno y contemporáneo “establecido” así como “emergente” —98 galerías— mientras que el Jardín de las Tullerías había esculturas al aire libre —13 obras— fuera de las célebres Maillol, que son permanentes. En cuanto al Carré del Louvre, con 62 galerías reunidas bajo una carpa, presentaba las “tendencias emergentes del arte contemporáneo”. 9 de esas galerías eran especializadas en diseño contemporáneo. No obstante la disminución en la afluencia de público (cerca del 25%, pese a que los dos puntos de exhibición quedaban próximos), la dirección de la Fiac (Martin Bethenod, comisario general, y Jennifer Flay, directora artística) considera esta dispersión positiva y generadora de empatía pues sitúa nuevamente a la Fiac en el corazón de París. Pero lo que distingue también a la Fiac de otras ferias internacionales y constituye indiscutiblemente una ventaja de peso en su aura es la riqueza y variedad de la oferta cultural y artística de la capital francesa que es concordante con la feria. Los VIP de la Fiac fueron además los primeros en beneficiarse de los paseos organizados que asociaban el arte y la cultura con visitas a la industria del lujo: Louis Vuitton, Hermès, Guerlain, Chanel, Lenôtre o Dior.

Las galerías más antiguas y prestigiosas estaban instaladas en el Grand Palais. La magnificencia arquitectónica del lugar, con sus altas cúpulas de vidrio translúcido sostenidas por almocárabes de hierro, constituía de hecho un espacio prestigioso y sin duda muy atractivo. La disminución del número de galerías (50 en total para los tres puntos de exhibición de la Fiac), debida a la reducción de los stands, no impidió la llegada de grandes pesos pesados como Malborough de Nueva York o Waddington de Londres, que prefirieron un lugar patrimonial a un espacio más amplio. El regreso de una parte de la Fiac al Grand Palais también favoreció la reaparición de importantes galerías extranjeras con el aumento en un 25%, la llegada de nuevas como Sadie Coles HQ de Londres, Barbara Gladstone o Leonard Hutton de Nueva York o Michael Werner y Jablonka de Colonia.

En todo el conjunto de galerías, así como de artistas presentes en la feria, se pudo observar el dominio euroamericano en los tres sitios de la Fiac, además de Hiromi Yoshi (Tokio), Dvri (Israel), sin olvidar Nature morte/Bose Pacia (Nueva Delhi/Nueva York) y Noga (Tel Aviv), que participó por primera vez en la Fiac. En cuanto a Galería Habana, la única de América Latina que prefirió participar en Show Off, presentó algunas telas del cubano Roberto Diago, obras de los hermanos Iván y Joan Capote y dibujos de Los Carpinteros. La presencia de los artistas latinoamericanos se redujo igualmente aun cuando encontramos, a lo largo de la visita y en varias galerías parisinas, obras de Vik Muniz en Xippas, de Gabriel Orozco en Chantal Crousel, de Andrés Serrano en Yvon Lambert y de Leandro Erlich en Emmanuel Perrotin. Sólo hubo dos muestras individuales de latinoamericanos: una muy colorida del costarricense Federico Herrero en el Carré del Louvre, en Blow de la Barra, y otra, muy bien lograda, de Cícero Dias (acuarelas y dibujos de los años 1925 a 1944) en Marwan Hoss. No obstante, al ir al Panteón (tumbas de hombres ilustres) se podía admirar la asombrosa y espectacular instalación de Ernesto Neto, Leviathan Thot, objeto de un pedido que el Festival de Otoño hizo a este artista brasileño.

Otra ruptura con las ferias anteriores, probablemente por falta de espacio fue la disminución de exposiciones individuales. Se pudieron sin embargo, notar dos conjuntos pictóricos de tendencia expresionista-abstracta, uno en Claude Bernard, con Ronan Barrot, y el otro en una bella retrospectiva del pintor Gérard Schneider (fallecido en 1986), en Applicat-Prazan, mientras que Louis Carré decidió honrar la figuración narrativa con una presentación excepcional de esculturas que mostraban el goce creativo del español Eduardo Arroyo (obras de 1973 a 2006). En cuanto a la Malborough, estaba dedicada al homenaje póstumo con una retrospectiva del francés Georges Mathieu. Habría que mencionar sobre todo, en Thaddaeus Ropac el soberbio conjunto consagrado al escultor inglés Tony Cragg que también estuvo en el Jardín de las Tullerías, con una obra magnífica en acero pulido, y a valores seguros como Alighiero Boetti en Tornabuoni Arte. También en el Grand Palais, la galería Karsten Greve tenía una de las más bellas curadurías, densa y fluida, muy homogénea, con obras de Soulages, Cy Twonbly, Sigmar Polke y, sobre todo, un conjunto reciente (cuyas obras datan, en su mayoría, de 2005) de bronces, collages y tejidos de una de sus artistas fetiche, Louise Bourgeois. La gran dama de la escultura franco-americana, con sus más de 85 años, manifiesta una vitalidad inagotable en el registro intimista que tanto le gusta.

La diversidad de estilos y técnicas presentes en el Grand Palais permitió admirar artistas de la nueva generación, como el fotógrafo francés Philippe Ramette en Xippas y su trabajo sobre la ingravidez y el absurdo, y los paisajes urbanos del pintor Yves Belorgey. En Marion Goodman, las fotografías de Thomas Struth se codeaban con los hermosos pasteles oscuros de William Kentrige y los recortes pop de John Baldessari. La pintura también estuvo presente en la galería Lelong, con una bellísima tela sin título de Jan Voss, y pudimos admirar, en la Galleria Continua, los “bajo relieves” blancos integrados a la piel del muro (silla y escalera), del italiano Loris Cecchini. En Jérôme de Noirmont, el artista conceptual francés Fabrice Hyber presentó una inmensa tela con collage de objetos y materiales diversos, titulada Pintura homeopática.
El saludable eclecticismo de la Fiac (Grand Palais) nos permitió gozar de la escultura de Jaume Plensa Autorretrato con árbol como de la de Anish Kapoor en Lisson y sobre todo, de la pieza titulada Trabajos que Adel Abdessemed, artista de origen argelino y nueva estrella de la escena francesa, exhibía en Kamel Mennour. La Galería Erna Hecey presentaba al francés Olivier Millagou con una instalación titulada Pebbles hecha de un sinnúmero de guijarros dibujados y pintados colocados sobre el suelo. Otras galerías mostraban obras importantes, sobre todo Yvon Lambert, que presentó dos one man show franceses, uno de Bertrand Lavier, el otro una impresionante instalación de Claude Levêque que mostraba una carreta llena de plumas blancas en un espacio con muros más bien oscuros. En Françoise Paviot, se rendía homenaje a la fotografía con una pareja de artistas alemanes de cerca de 70 años, Anna y Bernhard Blume y su Constructrivismo trascendental, tríptico en blanco y negro de 2005, que expresaba un verdadero humor cómplice. Como siempre, la galería 1900/2000 (París) ofrecía una curaduría sobre el Dadaísmo y el surrealismo, en la multiplicidad de pequeños formatos fotográficos, pinturas y objetos de diversas generaciones. En la Galerie de France, cuyo próximo cierre ha sido anunciado por Catherine Thieck debido a la incomprensión de un mercado que, a sus ojos, “pone todo al mismo nivel hoy en día”, se exhibía una magnífica escultura-instalación de Pier Paolo Calzolari de 1998 titulada Palo d’oro.Hommage aux fleurs. No podemos terminar esta visita de los modernos y contemporáneos “clásicos” sin mencionar los Picasso de Jan Krugier acompañados de un bello Zoran Music de 1972.

En cuanto a artistas de las nuevas generaciones, había algunos muy interesantes como Sarah Lucas en Gladstone y Sadie Coles con sus asombrosas “figuras” antropomórficas fragmentadas (un guiño a Louis Bourgeois) dialogando con unas sillas. En las galerías del segundo piso, como otra innovación de la Fiac, se podía notar en Esther Schipper (Berlín) una instalación aérea y coloreada similar a los universos plásticos de Calder y Miró, del artista americano Nathan Carter (1974) titulada The all city cross-town street level gyration maneuver (2006). En Emmanuel Perrotin (París/Miami), la instalación sulfurosa y provocadora del belga Wim Delvoye (1965), Rex de 2006, un cerdo disecado en vitrina sobre el cual se veía tatuada la imagen de Cristo, atraía forzosamente la atención.

La lejanía del Carré du Louvre (1.000 m aproximadamente) no parece haber hecho disminuir la afluencia récord este año sobre los otros tres sitios de la Fiac (más de 85.000 visitantes, es decir, un 4% más que el año anterior). Las 62 galerías conformaban un conjunto en el que reinaba una atmósfera de “deja vu” —aunque de gran calidad— en el que algunos artistas llamaban la atención. Martine Aboucaya presentó un video interesante de Marylène Negro titulado Las ciervas (9’30) que exhibía imágenes de un bosque de invierno en fundido encadenado, con una música cada vez más fuerte, dramatizando la presencia casi invisible y fugaz del animal. El pintor Federico Herrero de Costa Rica, presentó una individual en Blow de la Barra. En Galerie Aline Vidal, otro francés, Didier Trénet, exhibió una instalación en la que se incluían dibujos, una cortina bordeada de copas de vino y una escultura en gruesos alambres de cobre unidos por bolas de petanca (ese tradicional juego-deporte del sur de Francia). La joven Virginie Barré en Lowenbruck se burlaba de la modernidad arquitectónica que ella yuxtaponía a guerreros “exóticos” en un dibujo a tinta negra “Warriors y casa del maestro del Bauhaus”. Pero los dos artistas que nos parecieron sin duda más interesantes, tanto en el plano conceptual como en el plano de la realización material, fueron de un lado el chino Hi Haifeng en Lumen Travo, que presentaba una instalación azul y blanca Of the departure and the arrival de objetos de porcelana que recordaban las piezas holandesas de Delft, objetos de la vida diaria actual realizados en China por artesanos chinos. De otro lado, lo que llamó mi atención fue la instalación con video de Miri Segal de Israel presentada por la galería Dvir de Tel Aviv. En Downcast, Automn Dale de 2004, la artista filmó un barrio pobre de Tel Aviv donde había observado que los transeúntes caminaban siempre mirando al suelo. Pero la imagen estaba invertida y se reflejaba en los charcos de agua obligando así al espectador a mirar el suelo para ver al derecho las imágenes que le eran presentadas. Abajo y arriba, profundidad y superficie, derecho y revés: una relación diferente con el mundo.

Lo que pudimos observar también en estas múltiples visitas (Grand Palais y Carré del Louvre) fue la fuerte presencia de artistas franceses de la nueva generación. Uno de ellos, Philippe Mayaux, pintor, escultor e instalador, obtuvo el Premio Marcel Duchamp, frente a otros candidatos como Leandro Erlich, Adel Abdessemed y Bruno Peinado. El premio consiste en 35.000 euros y una exposición en el Centro Georges Pompidou, en 2007.
En cuanto al Jardín de las Tullerías, con sus 13 esculturas al aire libre, obligaba a dar un paseo y permitía una transición entre los dos lugares visitados más arriba. Gracias al agradable y soleado otoño parisino de este año, la pausa permitía deambular a toda hora del día y apreciar la variedad de esculturas presentadas, entre ellas la de Tony Cragg, I’m alive, antes mencionada, el sorprendente y divertido submarino parlante de Panamarenko, que hablaba y cantaba en francés y ruso, flotando en un estanque; el conjunto de réplicas de banderas del mundo en blanco, negro y gris, izadas en 60 altos mástiles de la obra Apolítico del cubano Wilfredo Prieto (que exponía también individualmente en la Kadist Art Foundation); el artista indio Subodh Gupta con su apilamiento de baldes de aluminio A giant leap of faith y el inglés David Mach con una escultura bastante kitch, It takes two, que representaba dos enormes luchadores de sumo, con cinturones azules, tratando de levantar un container rosa. Más discreta pero no menos interesante es la escultura de Frank Scurti What is public sculpture? (Anna) y What is public sculpture? (Steevie) dos “cintas” entrelazadas de color naranja (acero pintado recubierto de signos), planteaba la cuestión del destino de una obra de arte en el espacio público que es, por lo común, el ser cubierta de graffiti.

¿Y qué decir ahora de las ferias off? En cuanto al contenido, Show Off pretende ser, sin duda, un salón de descubrimientos artísticos (28 galerías), que se ha impuesto pese a una “identidad” algo circunstancial. Bien decidida a no ser considerada como un “Salón de Rechazados” (un tercio de las galerías no fueron seleccionadas por la Fiac, tales como Eric Dupont, Magda Danysz —fundadora de Show Off—, las Filles du Calvaire, Vanessa Quang o Baudouin Lebon, para no citar más que galerías francesas), la feria ofreció algunas sorpresas en un espacio un poco ingrato y más bien estrecho que fue sin embargo visitado por más de 15.000 personas. Numerosos coleccionistas se dieron cita, especialmente extranjeros, pero tanto Show Off como la Fiac señalaron un notable aumento de coleccionistas franceses. Como hecho único en su historia, las galerías Show Off habían unificado sus ficheros de coleccionistas con más de 2.000 direcciones. Show Off presentó, como lo hace la Fiac cada año, eventos paralelos que mostraban un programa dinámico: debates críticos; seis performances de artistas; firma de monografías; proyección de películas y videos, etc. Entre las dos generaciones de galerías presentes, resaltaba la curaduría de Baudoin Lebon con una instalación de seis esculturas de Valdimir Skoda (inicialmente prevista para la Fiac); las obras del canadiense Jérôme Fortin en Pierre-François Ouellette Art Contemporain centradas en la utilización de objetos de la vida diaria que él recupera, reúne, recorta o pliega, para transformarlos en objetos poéticos, finos y estéticos que presenta como un gabinete de curiosidades titulado En estado de cielo, de 1999. En Gagliardi Art System, nos sorprendió una reproducción en mármol blanco idéntica al Cristo de La Piedad de Miguel Ángel, Recuerdo, de 2006. La propuesta sólo se llegaba a comprender al ver la fotografía en blanco y negro que la acompaña y que representaba a la verdadera Piedad de San Pedro en Roma, pero amputada de su Cristo. Fabio Viale es un escultor que trabaja la contradicción y el juego entre lo ligero y lo pesado, con el empleo sistemático del mármol blanco. Si la pintura y la fotografía estuvieron presentes, al igual que el video, en Show Off también se vieron instalaciones. La de Pascal Lièvre ponía en escena trece micos de peluche sintético de color naranja, reunidos como los apóstoles en torno a Cristo en la Última Cena. Como otros artistas que han tratado en forma iconoclasta la imagen religiosa, la del videasta y performer estaba llena tanto de humor como de reflexión puesto que, en el centro, se encontraba una televisión que el mico bendecía y en donde se trasmitían las imágenes de la película El exorcista cuyo sonido original había sido reemplazado por un diálogo sobre el creacionismo (No evolution, 2006, en Vanessa Quang). La joven galería Marc de Puechredon se interesa en los videastas y los performers. En esta primera edición de Show off, la instalación de la francesa Béatrice Valentine Amrhein titulada Video lustre, estaba constituida por un conjunto en suspensión de 25 teléfonos celulares de última generación donde se había filmado exclusivamente fragmentos de cuerpos. Cuatro tirajes fotográficos extraídos de las películas presentadas en los teléfonos estaban expuestos y esa visión, a la vez intimista, poética y sin tabúes, participaba del tema fundamental de esta artista: el cuerpo y el sistema del cuerpo.

¿Qué podemos comentar de los otros dos sitios alternativos presentes al mismo tiempo que la Fiac? Slick, en su primera edición, había seleccionado 22 galerías internacionales de arte contemporáneo y se encontraba en el muy pintoresco barrio de Ménilmontant. Proyecto nacido de la asociación de dos galerías, Cécile Griesmar (Hors Sol) y Joan Tamer-Morael (Artcore) y de la periodista Aude de Bourbon Parme, esta feria intenta ser “un proyecto para reunir a profesionales que no cuentan con la visibilidad que merecen”. Las exposiciones de las galerías parecían más bien una exhibición de los trabajos iniciales de primer o segundo año de bellas artes. Sólo los dos espacios dedicados al arte digital, entre los que estaba Numeriscausa (París), con el artista francés Miguel Chevalier, entre otros, eran realmente profesionales. La visita de esta feria, en la que ni la calidad ni la selección estaban presentes, nos incita a preguntar a sus organizadores y a nosotros mismos si los artistas allí presentados merecían la visibilidad que se les ofrecía.

En cuanto a Diva, especializada en video, como Loop en Barcelona, estaba en su segunda edición. Diva fue creada por Thierry Alet, un artista francés que reside en Nueva York. Feria con vocación móvil, ya que puede desplazarse hacia otras ciudades y a lugares insólitos, estaba instalada, en esta ocasión, en las habitaciones del Hotel Kube, muy design, cerca de la Gare du Nord, un barrio excéntrico y popular, como el de Slick que, sin embargo, no despertó el temor de sus muchos visitantes y de varios grupos de coleccionistas como “Los Mecenas del Sur”. Cabe resaltar dos propuestas fuertes en las que las mujeres estaban presentes, como el documental sobre la condición femenina en la India, realizado por la artista india Sulekha, en MB Gallery (París), y el destino de la mujer interpretado según un modo simbólico y chirriante por la inglesa de origen africano Grace Ndiritu, en Vacío 9 (Madrid).

Así, pues, para su edición 2006, la Fiac nos propuso espacios que permitían una visita ajustada a la dimensión humana, afirmando una vez más su identidad generalizada dentro de un equilibrio entre arte moderno y contemporáneo. La galería Envoy de Nueva York, presente en Slick y en Show off, tendrá la última palabra al afirmar que “en una feria con veinte o treinta expositores, las dosis de belleza o de inteligencia son más fáciles de manejar. Las ferias pequeñas permiten tomarse el tiempo de reflexionar”. La visita de los seis sitios propuestos este año en París, con ocasión de la Fiac, dispersos por toda la capital, exigió mucho tiempo, pero ¿permitió a sus muchos visitantes plantearse la pregunta sobre el significado de este fenómeno de proliferación y de su impacto sobre la disolución (¿desaparición?) del juicio crítico, en la medida en que el dominio de la relación económica rompe el vínculo histórico? Podemos, entonces, preguntarnos si una mirada retroactiva sobre el arte contemporáneo es posible, en la medida en que su relación con la historia ya no existe.
*Fotos: León Birbragher.
CHRISTINE FRÈROT
Historiadora de arte dedicada a la crítica, la investigación y la enseñanza. Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París.

